Personas observando desde edificios residenciales rodeados por las aguas de la inundación en Hat Yai
Los muertos por las devastadoras inundaciones en Asia se acercan a los 500
La tragedia pone de nuevo sobre la mesa la vulnerabilidad de muchas regiones frente a los desastres naturales, y la necesidad de mejorar los mecanismos de prevención y respuesta
Unas 500 personas han perdido la vida como consecuencia de las inundaciones provocadas por las intensas lluvias que han azotado en los últimos días varias regiones del este y sudeste asiático, según los últimos datos proporcionados este sábado por las autoridades locales.
Los países más afectados por este fenómeno meteorológico extremo son Indonesia, Tailandia, Malasia y Sri Lanka, donde se han registrado escenas dramáticas: localidades completamente anegadas, residentes atrapados entre las aguas y múltiples deslizamientos de tierra. La situación ha generado un notable impacto humanitario y logístico en amplias zonas del continente.
En Indonesia, el país más golpeado, la Agencia Nacional de Gestión de Desastres confirmó más de 200 fallecimientos, concentrándose el mayor número en la provincia de Sumatra Septentrional, con 116 víctimas mortales. En la vecina Sumatra Occidental, el balance se ha disparado, pasando de 23 a 61 muertos en poco tiempo. El portavoz del organismo de emergencias, Ilham Wahab, señaló que todavía se desconoce el paradero de al menos 90 personas. En la región de Aceh, también en la isla de Sumatra, se contabilizan 35 fallecidos. Los equipos de rescate trabajaban este sábado con grandes dificultades para acceder a las zonas más afectadas de esta isla, muy frecuentada por turistas.
En Tailandia, la situación es igualmente crítica. Siripong Angkasakulkiat, portavoz del Ejecutivo, informó que «el número total de muertos en las siete provincias afectadas asciende a 162», precisando que más de un centenar de las víctimas se concentran en Songkhla, una de las provincias más meridionales. En esta zona, las inundaciones han alcanzado niveles de hasta tres metros, convirtiéndose en una de las peores catástrofes de la década en el país. La magnitud de la tragedia ha desbordado los servicios forenses, motivo por el cual las autoridades han debido recurrir a camiones frigoríficos para almacenar los cuerpos.
El primer ministro, Anutin Charnvirakul, visitó este viernes un centro de acogida en el distrito de Hat Yai, uno de los más damnificados, donde expresó su pesar: «El siguiente paso es evitar que la situación empeore», declaró, tras disculparse públicamente por «haber permitido» que ocurriera esta desgracia durante su mandato. El dirigente adelantó que las tareas de limpieza en la zona podrían extenderse durante al menos dos semanas. El Gobierno ha aprobado ayudas económicas para los damnificados, con indemnizaciones que en algunos casos podrían alcanzar los 62.000 dólares. Sin embargo, crecen las críticas por la gestión de la emergencia, lo que ha derivado en la suspensión de dos responsables locales acusados de posibles irregularidades.
En Malasia, las inundaciones han causado la muerte de dos personas en el estado norteño de Perlis. Aunque el balance es menos elevado, las autoridades se mantienen en alerta ante la posibilidad de nuevas precipitaciones.
En Sri Lanka, una isla situada al sur de la India, las lluvias monzónicas y los corrimientos de tierra han dejado al menos 123 víctimas mortales y obligado a decenas de miles de personas a abandonar sus hogares. Así lo informó la agencia local de emergencias. La temporada del monzón, que abarca de junio a septiembre, suele ocasionar episodios de lluvias intensas, pero este año la situación se ha visto agravada por el paso de una tormenta tropical, según las autoridades.
Tanto Indonesia como Tailandia están viviendo uno de los episodios de inundaciones más letales de los últimos años. Los expertos advierten de que el calentamiento global inducido por la actividad humana incrementa la frecuencia, intensidad y letalidad de los fenómenos meteorológicos extremos. Según los científicos, por cada grado adicional de calentamiento, la atmósfera puede retener un 7 % más de humedad, lo que se traduce en precipitaciones más intensas y devastadoras.
La tragedia en Asia oriental y suroriental pone de nuevo sobre la mesa la vulnerabilidad de muchas regiones frente a los desastres naturales, y la necesidad de mejorar los mecanismos de prevención y respuesta ante un clima cada vez más impredecible.