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Contenedores de reciclaje

Contenedores de reciclajeGetty Images

Reciclar sin errores: qué va en cada contenedor y por qué sigue habiendo dudas

La tasa de separación de residuos municipales en España fue del 41 % en 2025, muy por debajo del objetivo europeo del 50 % y de la media de la UE

Amarillo, azul, verde, marrón y gris –o naranja, según el municipio–. Ese es el abanico de colores que forma parte del día a día de millones de hogares españoles cada vez que llega el momento de tirar la basura. Aunque hoy parece un gesto automático, el reciclaje es una práctica relativamente reciente en España. Fue en 1982 cuando el entonces alcalde de Madrid, Enrique Tierno Galván, inauguró el primer contenedor de vidrio del país, pero no sería hasta principios de los años 90 cuando la separación de residuos comenzó a generalizarse y a formar parte de la rutina doméstica.

Desde entonces, el sistema ha evolucionado de forma notable. En la actualidad, se reutilizan más de 1,6 millones de envases domésticos gracias a los más de 630.000 contenedores azules y amarillos distribuidos por toda la geografía española –aproximadamente uno por cada 100 habitantes–, según datos de Ecoembes. Sin embargo, las cifras revelan que aún queda camino por recorrer.

De acuerdo con un informe sobre economía circular de la Fundación Cotec para la Innovación, la tasa de reciclaje de residuos municipales en España fue del 41 % en 2025, muy por debajo del objetivo europeo del 50 % y de la media de la Unión Europea, situada en el 48 %. Estos datos ponen de manifiesto la necesidad de seguir impulsando campañas de concienciación y facilitar a los ciudadanos herramientas para mejorar la separación de residuos en los hogares.

A pesar de ello, muchas personas ya tienen plenamente interiorizado el reciclaje y cuentan con varios cubos en casa. Incluso así, las dudas persisten: ¿dónde van las botellas? ¿Qué pasa con las cápsulas de café? ¿Y la madera? ¿Por qué algunos residuos «de papel» no van al contenedor azul?

Vidrio al verde, cristal al gris

Uno de los errores más comunes es confundir vidrio y cristal. Aunque en el lenguaje cotidiano se usen como sinónimos, no lo son. Los envases de vidrio –botellas y tarros– deben depositarse siempre en el contenedor verde para que puedan reciclarse correctamente.

En cambio, los objetos de cristal, como vasos rotos, copas, bombillas o restos de ventanas, no pueden reciclarse junto al vidrio debido a su composición. Estos residuos deben tirarse al contenedor de resto, de color gris o naranja, según el municipio.

Por su parte, los envases de plástico y metal –botellas de agua, latas de refresco, conservas o aerosoles domésticos– tienen su lugar en el contenedor amarillo, diseñado específicamente para estos materiales.

La madera también genera confusión. Si se trata de cajas de madera procedentes de productos de consumo doméstico, deben desecharse en el contenedor amarillo. Sin embargo, muebles como mesas, sillas o estanterías no pueden tirarse a ningún contenedor y deben llevarse al punto limpio. En el caso de, por ejemplo, una cuchara de madera que se utiliza para cocinar, al ser un residuo orgánico pequeño y sin tratar, no es reciclable en los contenedores habituales y debe ir al contenedor de restos.

Cápsulas de café: pequeñas pero problemáticas

Las cápsulas de café son uno de los residuos más recientes y también de los más confusos. Suelen estar fabricadas con aluminio o plástico y contienen restos orgánicos, lo que complica su reciclaje. Desde la Organización de Consumidores y Usuarios (OCU) explican que solo las cápsulas compostables certificadas –con sellos como «OK compost» o «Vincotte»– pueden tirarse al contenedor marrón de residuos orgánicos.

Las cápsulas convencionales no deben depositarse en el contenedor amarillo, ni siquiera aunque se limpien, ya que la normativa las considera residuos alimentarios. La opción recomendada es llevarlas a los puntos de recogida habilitados por los fabricantes o a las tiendas donde se comercializan. En caso de no disponer de estos sistemas, deben desecharse en el contenedor de resto.

Por qué los bricks van al amarillo

Otro clásico del debate doméstico son los bricks de leche o zumo. Aunque se los conozca popularmente como «cartón», en realidad están compuestos por varias capas de cartón, plástico y aluminio. Esta combinación hace que su reciclaje sea distinto al del papel y cartón convencionales, por lo que deben tirarse al contenedor amarillo.

Lo mismo ocurre con el papel de aluminio y el film transparente, que pese a su nombre no van al contenedor azul, sino al amarillo. En cambio, las cajas de pizza pueden tirarse al contenedor azul siempre que no estén muy manchadas de grasa; si lo están, deben ir al contenedor de resto. Las servilletas, los pañuelos y el papel de cocina, aunque sean de papel, suelen estar sucios y, por tanto, no son reciclables. Su destino correcto es el contenedor gris.

El contenedor marrón y el resto de residuos

El contenedor marrón, destinado a los residuos orgánicos, es uno de los más recientes. En él deben depositarse restos de comida de origen vegetal y animal: frutas, verduras, cáscaras de huevo, restos de carne o pescado, huesos, espinas, pan, posos de café y restos de jardinería doméstica.

El contenedor de resto está reservado para aquello que no puede reciclarse de otro modo: polvo de barrer o pelusas, colillas, ceniza, compresas, tampones, preservativos, bastoncillos, hilo dental, gasas, vendas, arena para gatos, utensilios de cocina o cerámica rota.

Por último, hay residuos que nunca deben acabar en el contenedor gris. Pilas, aparatos electrónicos, móviles antiguos, muebles voluminosos o medicamentos caducados deben llevarse siempre a un punto limpio o a los sistemas específicos de recogida, como las farmacias en el caso de los fármacos.

Separar correctamente los residuos sigue siendo una de las formas más sencillas y eficaces de contribuir al cuidado del medio ambiente. Con información clara y pequeños gestos diarios, reciclar bien está al alcance de todos.

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