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Rescatistas navegan en una embarcación sobre las tierras inundadas en la región de Sidi Kacem, en el noroeste de MarruecosAFP

El temporal también afecta al norte de Marruecos y deja 140.000 evacuados y cuatro muertos

Alcazarquivir, situada en la llanura atlántica y con cerca de 120.000 habitantes, la ciudad es la más afectada por las inundaciones

La ciudad de Alcazarquivir, en el norte de Marruecos, ofrece estos días una imagen desoladora. Calles vacías, comercios cerrados y agua acumulada en plazas y avenidas han convertido a esta localidad de la provincia de Larache en una auténtica ciudad fantasma tras la evacuación masiva de su población a causa del fuerte temporal que azota el noroeste del país. Las intensas lluvias han obligado a desalojar a más de 140.000 personas, han provocado cuatro víctimas mortales y han causado graves daños en infraestructuras y en el sector agrícola.

La intervención anticipada del Ejército marroquí fue clave para evitar una tragedia mayor en Alcazarquivir y su entorno. Situada en la llanura atlántica y con cerca de 120.000 habitantes, la ciudad es la más afectada por las inundaciones. Desde el pasado jueves, las Fuerzas Armadas permanecen desplegadas en la zona para apoyar a los damnificados y coordinar las labores de evacuación y asistencia.

El riesgo continúa siendo elevado debido a la crecida del río Loukkos y al desbordamiento del embalse de Oued El Makhazine, uno de los más importantes del país, que ha superado su capacidad de llenado. Esta situación mantiene en alerta permanente a las autoridades, que no descartan nuevas evacuaciones si las precipitaciones persisten.

Evacuaciones masivas y graves daños materiales

La tragedia más grave se registró en la localidad rural de Beni Arous, también en la provincia de Larache, donde cuatro personas murieron tras el derrumbe de una vivienda de adobe provocado por un deslizamiento de tierra. Según fuentes locales, las víctimas pertenecían a la misma familia y sus cuerpos fueron rescatados por los propios vecinos ante la dificultad de acceso de los servicios de emergencia.

Las autoridades marroquíes informaron de que la mayoría de las evacuaciones se concentraron en la provincia de Larache, donde 81.709 personas tuvieron que abandonar sus hogares. En Alcazarquivir, cerca del 85 % de la población fue desalojada en autobuses facilitados por el Ejército o salió de la ciudad por sus propios medios. El empeoramiento del temporal obligó incluso a trasladar a parte de los evacuados a otras ciudades de la región, como Tetuán, situada a unos 150 kilómetros al norte, donde fueron alojados en instalaciones públicas.

Las pérdidas materiales son considerables. Las lluvias han afectado gravemente a las infraestructuras de transporte, con varias carreteras comarcales cortadas y zonas rurales aisladas. Además, numerosas vías regionales han sufrido daños estructurales debido a las inundaciones.

El impacto sobre la agricultura es especialmente preocupante. Agricultores de la cuenca del río Loukkos, en áreas como El Auamra, explicaron que extensas superficies de cultivo fueron arrasadas por las corrientes. Entre los productos afectados se encuentran patatas, arándanos, aguacates, naranjas y otros cultivos clave en una región conocida por la producción de frutos rojos, como la fresa.

No obstante, tanto los agricultores como las autoridades insisten en que todavía es pronto para cuantificar los daños, ya que la situación sigue evolucionando. Las clases permanecen suspendidas en toda la provincia de Larache y su reanudación dependerá de la mejora de las condiciones meteorológicas.

«Alcazarquivir presenta ahora un aspecto completamente desierto», relata un vecino a Efe. «Se ha convertido en una ciudad fantasma». Mientras tanto, asociaciones ganaderas y organismos oficiales han activado células de crisis para evaluar el alcance de un temporal que ha puesto a prueba la capacidad de respuesta del país frente a los fenómenos extremos.