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Imagen de satélite del golfo de OmánCreative Commons

El océano se queda sin oxígeno: la zona muerta más grande del mundo sigue expandiéndose

El drama principal es que la mayoría de los organismos marinos no pueden sobrevivir debido a que estos niveles son muy bajos

La anoxia o la hipoxia son dos de las principales preocupaciones de mares como el Mediterráneo, que acusan una falta de oxígeno provocada por la eutrofización o el aumento de las temperaturas, entre otros factores. Pero existen zonas del mundo que se encuentran en peor situación, como es el caso del golfo de Omán.

Allí, una vasta región del océano se está quedando sin oxígeno a un ritmo alarmante. Con una extensión estimada de 165.000 kilómetros cuadrados, esta área se ha convertido en la zona muerta oceánica más grande del planeta, un espacio donde la vida marina apenas puede existir y que supone una amenaza creciente para los ecosistemas y las comunidades humanas que dependen del mar Arábigo.

El drama principal es que la mayoría de los organismos marinos no pueden sobrevivir debido a que los niveles de oxígeno disuelto en la región son muy bajos. Investigaciones recientes han confirmado que el problema no solo persiste desde hace décadas, sino que es más grave de lo que se pensaba y continúa expandiéndose. Un estudio, liderado por el científico Bastien Queste, advierte de una situación ambiental crítica que podría agravarse en los próximos años si no se reducen las presiones humanas sobre los océanos.

Un fenómeno cada vez más común

Las llamadas zonas muertas oceánicas son áreas del mar o de cuerpos de agua dulce donde el oxígeno es prácticamente inexistente. En estas condiciones, peces, crustáceos y otros organismos no pueden respirar, lo que provoca migraciones forzadas o muertes masivas. Aunque suelen asociarse a regiones costeras densamente pobladas, su presencia en mar abierto se ha multiplicado en las últimas décadas.

Desde la década de 1970, los científicos han documentado un crecimiento acelerado de estas zonas. Para 2008, ya se habían identificado 405 zonas muertas en distintos puntos del planeta. Un estudio publicado en la revista Science reveló que, desde mediados del siglo XX, las áreas sin oxígeno en aguas abiertas se han cuadruplicado, mientras que las zonas costeras con niveles críticos de oxígeno se han multiplicado por diez en el mismo periodo.

Por qué el océano pierde oxígeno

La desoxigenación marina responde a una combinación de factores estrechamente ligados a la actividad humana. Uno de los principales es el exceso de nutrientes químicos que llegan al mar desde tierra firme a través de ríos y escorrentías agrícolas y urbanas. Este aporte descontrolado de nitrógeno y fósforo favorece el crecimiento explosivo de algas.

Cuando estas algas mueren, su descomposición consume grandes cantidades de oxígeno, dejando el agua prácticamente inhabitable. A este proceso se suma el hecho de que se está alterando la circulación oceánica y dificultando el transporte de oxígeno hacia las profundidades. Según la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos, «la contaminación por nutrientes es la causa principal de las zonas muertas creadas por los humanos».

Aunque los científicos conocen la existencia de esta zona pobre en oxígeno en el mar Arábigo desde la década de 1960, estudios recientes han puesto de manifiesto su crecimiento acelerado. Para evaluar su alcance real, un equipo de investigación desplegó dos vehículos autónomos submarinos que recorrieron la región durante ocho meses.

Estos robots, conectados vía satélite, recopilaron datos detallados sobre los niveles de oxígeno y los procesos que influyen en su distribución. Los resultados fueron contundentes: en amplias zonas del golfo de Omán, las concentraciones de oxígeno son inferiores a 6 micromoles por kilogramo, cuando la mayoría de las formas de vida marina necesitan al menos 120 micromoles para subsistir. «El mar Arábigo alberga la zona muerta más grande y densa del mundo», afirmó Queste. «Nuestros datos muestran que la situación es peor de lo que se temía y que el área continúa expandiéndose. El océano se está asfixiando».

Un impacto que va más allá del ecosistema

La falta de oxígeno provoca hipoxia, una condición que impide a los animales marinos respirar con normalidad. Aquellos que no pueden huir mueren por asfixia, lo que altera las cadenas tróficas y reduce la biodiversidad. Pero las consecuencias no se limitan al mundo marino.

La científica Denise Breitburg, del Centro de Investigación Ambiental Smithsonian, recuerda que los mayores eventos de extinción en la historia de la Tierra «estuvieron asociados con climas cálidos y con una deficiencia de oxígeno en los océanos». Además, en ausencia de oxígeno, el ciclo químico del nitrógeno se transforma y se libera óxido nitroso, un gas de efecto invernadero 300 veces más potente que el dióxido de carbono, lo que agrava aún más la crisis climática.

Así, la expansión de la zona muerta del golfo de Omán no solo es una señal de alarma para los océanos, sino también un recordatorio de cómo la actividad humana puede empujar a los sistemas naturales hasta límites peligrosos.