Vista de la presa del embalse de Sau, en el río Ter, Gerona
Los embalses españoles, poco eficientes: pierden cada año el 10 % de su agua por la evaporación
Esta cantidad sería suficiente para cubrir casi la mitad del consumo urbano anual, lo que da una idea clara de la magnitud del problema
España se encuentra en un momento glorioso en cuanto a lo que a salud hídrica se refiere. Con varias semanas registrando máximos de crecimiento en los embalses gracias al tren de borrascas, la reserva se encuentra al 83 % de su capacidad, lo que mejora de forma notable los registros del año anterior y también supera ampliamente la media de la última década.
Esta situación genera, sin embargo, un clima de preocupación entre los ingenieros de caminos, canales y puertos, que ya llevan meses advirtiendo del mal estado de las presas, que podrían llegar a ceder por la enorme presión que soportan. Esto, según los expertos, se debe a la dejadez del Estado, que lleva años sin invertir en el mantenimiento de estas obras de ingeniería.
Pero a esto hay que sumarle, además, otro factor que hace que los embalses no sean eficientes: la evaporación. España pierde cada año una cantidad de agua equivalente al 46 % del consumo urbano por este motivo, lo que supone un impacto económico estimado en unos 800 millones de euros anuales y podría agravarse notablemente en las próximas décadas.
Investigadores de la Universidad de La Rioja, la Universidad de las Islas Baleares y el Instituto Pirenaico de Ecología (CSIC), publicaron hace unos meses en la revista científica Earth’s Future un informe que asegura que a finales de siglo podrían perderse hasta dos de cada diez litros de agua almacenados, el doble que en la actualidad.
En concreto, España pierde cada año alrededor del 10 % del agua almacenada en sus embalses debido a la evaporación. En términos absolutos, esto supone unos 2.000 hectómetros cúbicos (hm³), una cantidad capaz de cubrir casi la mitad del consumo urbano anual del país. Pese a la magnitud de esta cifra, el fenómeno apenas se incorpora de forma sistemática a la planificación hidrológica, aunque su impacto en el balance hídrico nacional es cada vez mayor.
Este estudio analiza la evolución de estas pérdidas durante las últimas décadas y concluye que, entre 1961 y 2018, la evaporación en los embalses españoles creció a un ritmo medio de 27,7 hm³ adicionales cada año. En total, el volumen evaporado acumulado en ese periodo ronda los 114.000 hm³, una cifra equivalente al caudal conjunto de todos los ríos de la cuenca del Ebro durante diez años completos.
Las perspectivas de futuro no son más alentadoras. Si se mantiene la tendencia actual y las temperaturas continúan aumentando, la evaporación podría incrementarse hasta un 35 % de aquí a finales de siglo. Esto elevaría las pérdidas anuales a cerca de 3.000 hm³. En la práctica, significaría que uno de cada cinco litros almacenados en los embalses se perdería antes de poder destinarse a consumo humano, agrícola o industrial.
El impacto no será homogéneo en todo el territorio. Las cuencas del Guadiana, Tajo, Ebro y Duero figuran entre las más vulnerables. Su elevada capacidad de almacenamiento, unida al previsible aumento de las temperaturas en esas regiones, podría traducirse en pérdidas anuales de entre 600 y 700 hm³ en cada una de ellas.
La «paradoja hidrológica»
Los investigadores describen esta situación como una «paradoja hidrológica». Cuanta más agua se almacena en embalses para garantizar el suministro en épocas de sequía, mayor es la superficie de agua expuesta al aire y, por tanto, mayores son las pérdidas por evaporación. En los últimos veinte años, estas pérdidas han superado los 2.600 hm³ anuales y se han convertido en un componente estructural del sistema hídrico español.
Los embalses han sido fundamentales para el desarrollo económico del país. Han permitido, por ejemplo, expandir el regadío, impulsar la producción energética y sostener el crecimiento urbano e industrial. De hecho, la superficie de regadío casi se ha duplicado en seis décadas: de 1,8 millones de hectáreas en 1960 a 3,7 millones en 2018. Actualmente, este sector consume cerca del 80 % del agua almacenada.
Sin embargo, el estudio advierte de que el modelo tradicional –basado en aumentar la capacidad de almacenamiento como respuesta a las sequías– pierde eficacia en un contexto de temperaturas más altas y menor disponibilidad de recursos. Ante este escenario, los autores consideran imprescindible incorporar la evaporación en la planificación del agua, mejorar la gestión de los embalses, aplicar tecnologías que reduzcan las pérdidas y fomentar un uso más eficiente y sostenible del recurso.