La quema de combustibles fósiles es una de las fuentes de emisión de metano
Detectan más de 4.400 focos de metano en 2025: por qué es un problema urgente
En Texas se registró la mayor fuga detectada en 2025, con emisiones de 5,5 toneladas de metano por hora, una cantidad equivalente al consumo de combustible de aproximadamente un millón de vehículos SUV
Un análisis reciente basado en datos satelitales ha identificado algunas de las peores megafugas de metano previstas para 2025, poniendo en evidencia el enorme impacto de este gas en la crisis climática. Las emisiones, detectadas principalmente en instalaciones de petróleo y gas, generan columnas de contaminación con un efecto térmico comparable al de centrales eléctricas de carbón.
Los investigadores destacan que muchas de estas fugas son consecuencia de un mantenimiento deficiente y podrían solucionarse con relativa facilidad. De hecho, en algunos casos su reparación ni siquiera implicaría costes, ya que el metano capturado puede comercializarse como gas natural. A pesar de ello, la falta de acción sigue siendo generalizada, lo que ha generado indignación en la comunidad científica.
El informe, elaborado por el proyecto Stop Methane de la Universidad de California en Los Ángeles (UCLA), identificó decenas de megafugas a nivel global. Entre las 25 más grandes, la mayoría se concentra en Turkmenistán, un país donde la magnitud de estas emisiones ya había sido calificada anteriormente como «asombrosa».
Estados Unidos también figura de forma destacada. En Texas se registró la mayor fuga detectada en 2025, con emisiones de 5,5 toneladas de metano por hora, una cantidad equivalente al consumo de combustible de aproximadamente un millón de vehículos SUV. Venezuela e Irán también aparecen en la lista con múltiples fugas en instalaciones estatales.
El «freno de emergencia» del clima
El estudio no se limita a la industria energética. También analiza vertederos en distintas regiones del mundo, desde Turquía y Argelia hasta Malasia y Estados Unidos, donde la descomposición de residuos orgánicos libera grandes volúmenes de metano si no se gestiona adecuadamente.
Según los científicos, el metano es responsable de aproximadamente el 25 % del calentamiento global actual. Desde 2007, sus emisiones han aumentado de forma preocupante, elevando el riesgo de alcanzar puntos de inflexión climáticos irreversibles. Sin embargo, a diferencia del dióxido de carbono, este gas permanece menos tiempo en la atmósfera, lo que convierte su reducción en una de las medidas más rápidas y eficaces para frenar el calentamiento. Por ello, algunos expertos lo describen como el «freno de emergencia» climático.
El análisis, basado en datos de Carbon Mapper, identificó más de 4.400 focos significativos de emisiones en 2025, cada uno con niveles superiores a los 100 kg por hora. En Estados Unidos, nueve de las diez fugas más graves se localizaron en Texas, lo que cuestiona la percepción de que la industria energética del país opera de forma limpia y eficiente.
Gracias a los avances tecnológicos, el metano ha dejado de ser un contaminante invisible. Las imágenes satelitales permiten ahora detectar con precisión estas emisiones y señalar a los responsables. Este nivel de transparencia podría aumentar la presión pública y política para exigir medidas concretas.
Aunque algunos países, como Turkmenistán, han asegurado estar reduciendo estas fugas, los datos más recientes indican que el problema persiste. En un contexto en el que mercados como el europeo comienzan a imponer límites estrictos a las emisiones asociadas al gas importado, estas revelaciones podrían tener importantes consecuencias económicas y geopolíticas.