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Embalse y presa de Picadas, en Aldea del Fresno, MadridEuropa Press

Los ecologistas se suman a la alerta sobre el estado de las presas: «Es la muerte silenciosa de los embalses»

Greenpeace insiste en la necesidad de combinar la modernización tecnológica de estas infraestructuras con actuaciones de restauración hidrológico-forestal en las cuencas

Las intensas lluvias que han azotado la Península estos primeros meses del año, con inundaciones, crecidas de ríos y numerosos incidentes, han vuelto a situar en el centro del debate el estado de las presas españolas. ¿Están preparadas estas infraestructuras para aguantar posibles avenidas? En 2024, con la dana de Valencia, ya se temió por la presa de Forata, que estuvo a punto de vencer y empeorar aún más las consecuencias de aquella catástrofe.

Por ello, se teme que la falta de mantenimiento de algunas de estas construcciones provoque accidentes que puedan comprometer la vida de los ciudadanos que viven aguas abajo. Los propios ingenieros de caminos llevan ya tiempo advirtiendo de la necesidad de reforzar la vigilancia y de invertir más en su conservación debido a que están sometidas a una presión extraordinaria por los episodios meteorológicos cada vez más extremos.

La Asociación de Ingenieros de Caminos, Canales y Puertos y de la Ingeniería Civil remitió el pasado mes de febrero una carta a la vicepresidenta tercera y ministra para la Transición Ecológica, Sara Aagesen, para reclamar más recursos y medios para las presas que dependen del Estado. La organización insistía en el escrito en que su objetivo no es generar alarma social, sino impulsar medidas preventivas que garanticen que estas infraestructuras se mantengan en perfecto estado y eviten posibles riesgos.

Y es que, según datos que ya trasladaron el pasado otoño, una parte significativa de las presas estatales requiere mejoras estructurales, rehabilitación de desagües o renovación de sistemas de control y seguridad. Con el actual escenario de lluvias intensas y embalses con niveles elevados, los ingenieros consideran imprescindible reforzar el mantenimiento y la supervisión para prevenir incidentes y asegurar la fiabilidad de unas infraestructuras clave para la gestión del agua en España.

A este llamado se han sumado también los ecologistas, que alertan de que la vida útil de los embalses españoles se está agotando. La ONG Greenpeace advierte de que las infraestructuras hidráulicas del país están funcionando bajo una presión climática para la que muchas de ellas no fueron diseñadas y que, previsiblemente, se intensificará en las próximas décadas.

Infraestructuras envejecidas

Los ecologistas recuerdan que la mayor parte de estas infraestructuras se construyó entre 1950 y 1975, por lo que muchas están alcanzando o superando su vida útil teórica, situada entre los 50 y los 75 años. Aunque las estructuras de hormigón suelen mantenerse estables, otros elementos clave –como compuertas, válvulas o desagües de fondo– están llegando al final de su vida operativa.

A ello se suma otro problema menos visible pero igualmente relevante: la colmatación de los embalses, que Greenpeace nombra como «la muerte silenciosa de los embalses». Este fenómeno se produce cuando las lluvias torrenciales y las crecidas arrastran grandes cantidades de sedimentos que se acumulan en el fondo, reduciendo progresivamente la capacidad real de almacenamiento. Así, aunque las cifras oficiales indiquen niveles elevados de agua, parte del volumen útil ya está ocupado por lodos y materiales arrastrados desde las cuencas.

Ante este escenario, la organización ambientalista insiste en la necesidad de combinar la modernización tecnológica de presas con actuaciones de restauración hidrológico-forestal en las cuencas. Reforestar, estabilizar laderas y recuperar cauces naturales permitiría reducir la erosión y frenar la llegada de sedimentos a los embalses, reforzando así la seguridad hídrica en un contexto de fenómenos meteorológicos cada vez más extremos.

«La naturaleza tiene capacidad de recuperación, pero también la violencia de estos fenómenos, cada vez más intensos por el cambio climático, exige una adaptación. Es el momento de la rehabilitación masiva, restauración hidrológico-forestal de cauces y cuencas», ha declarado Julio Barea, doctor en hidrogeología y responsable de aguas de Greenpeace. «De lo contrario, la obsolescencia técnica de nuestros embalses nos volverá cada vez más vulnerables ante la próxima gran crisis hídrica».