Imagen de archivo de la Antártida
El océano, y no los gases de efecto invernadero, impulsó los grandes cambios climáticos de la Tierra
Las mediciones indican un enfriamiento acusado en torno a hace 2,7 millones de años, seguido de una fase de relativa estabilidad térmica entre 1,2 y 0,8 millones de años atrás
Un estudio basado en el análisis de núcleos de hielo antártico, cuyos resultados han sido publicados en dos artículos de la revista Nature, plantea que las variaciones en la temperatura de los océanos podrían haber tenido un papel más determinante que los gases de efecto invernadero en los grandes cambios climáticos registrados en los últimos tres millones de años. Estas conclusiones aportan un nuevo enfoque para comprender la evolución del clima terrestre en ese amplio periodo.
Durante ese intervalo temporal, el planeta ha experimentado un progresivo enfriamiento global, acompañado de ciclos glaciares cada vez más frecuentes. En este contexto se identifican dos momentos clave. El primero se sitúa hace unos 2,6 millones de años, cuando comenzaron a formarse grandes capas de hielo en el hemisferio norte y en latitudes elevadas, con ciclos glaciares que se repetían aproximadamente cada 40.000 años. Posteriormente, en torno a hace 1,2 millones de años, estos ciclos se alargaron hasta alcanzar una periodicidad cercana a los 100.000 años, lo que permitió un mayor desarrollo de las masas de hielo. Sin embargo, el origen de estos cambios ha sido objeto de debate científico durante décadas.
Los núcleos de hielo constituyen una herramienta fundamental para reconstruir el clima del pasado, ya que conservan información tanto sobre la composición atmosférica, incluidos los gases de efecto invernadero, como sobre indicadores relacionados con la temperatura oceánica. En este caso, las muestras proceden del Área de Hielo Azul de Allan Hills, en la Antártida Oriental, donde las extracciones realizadas en los últimos siete años han permitido ampliar los registros disponibles en al menos dos millones de años.
En uno de los trabajos, liderado por Sarah Shackleton, se analiza la evolución de la temperatura media de los océanos, mientras que el segundo, encabezado por Julia Marks-Peterson, se centra en las concentraciones de gases de efecto invernadero a lo largo de los últimos tres millones de años. Los resultados muestran que no se produjeron variaciones significativas en los niveles de metano y que el dióxido de carbono experimentó únicamente un ligero descenso, de alrededor de 20 partes por millón, entre hace 2,9 y 1,2 millones de años. Posteriormente, entre 1,2 y 0,8 millones de años atrás, estas concentraciones permanecieron relativamente estables.
Este comportamiento sugiere que los gases de efecto invernadero no habrían sido el principal motor de las grandes transiciones climáticas identificadas en ese periodo. Por el contrario, los datos apuntan a una relación más estrecha entre estos cambios y la evolución de la temperatura de los océanos. Para estimar este parámetro, los investigadores han recurrido al análisis de gases nobles como el xenón y el criptón, cuya solubilidad varía en función de la temperatura del agua.
Las mediciones indican un enfriamiento acusado en torno a hace 2,7 millones de años, seguido de una fase de relativa estabilidad térmica entre 1,2 y 0,8 millones de años atrás. Esta evolución coincide con los principales hitos en la dinámica de los ciclos glaciares, lo que refuerza la hipótesis de que el océano desempeñó un papel clave en la configuración del clima global.
Además, los resultados ponen de relieve la importancia de las zonas de hielo azul como archivo climático, ya que permiten extender significativamente el alcance temporal de los registros obtenidos a partir de núcleos de hielo. No obstante, los propios autores advierten de que estos registros no son continuos, sino que ofrecen instantáneas puntuales. Aun así, consideran que constituyen una fuente de información valiosa para reconstruir la historia climática de la Tierra a lo largo de millones de años.