El Niño y La Niña son las fases cálidas y frías de un patrón climático natural en el Pacífico tropical
RONI, el nuevo término meteorológico que cambia la medición del clima global
Este nuevo índice ofrece una lectura más precisa de los eventos de El Niño y La Niña en un clima cambiante
El clima del planeta está profundamente condicionado por la interacción entre el océano y la atmósfera, y pocos fenómenos lo explican mejor que El Niño y La Niña. Estos procesos, que forman parte de un mismo sistema conocido como Oscilación del Sur, representan la principal fuente de variabilidad climática anual a escala global.
Su origen reside en las fluctuaciones de temperatura en el Pacífico ecuatorial, capaces de alterar los patrones atmosféricos en todo el mundo. Mientras El Niño se asocia a un calentamiento anómalo de las aguas superficiales por el debilitamiento de los vientos alisios, La Niña provoca el efecto contrario, con un enfriamiento del océano debido al refuerzo de estos vientos, generando así impactos climáticos de gran alcance.
Debido a la importancia que han tomado estos fenómenos meteorológicos, conviene reforzar la manera de medirlos, motivo por el que se introduce el llamado Índice Relativo Oceánico de El Niño (RONI, por sus siglas en inglés). Este nuevo indicador supone un cambio relevante en la forma de medir y entender la variabilidad climática global, al tener en cuenta un factor cada vez más determinante: el calentamiento generalizado de los océanos.
A diferencia del índice tradicional, conocido como ONI, el RONI no se basa únicamente en comparar las temperaturas del Pacífico ecuatorial con un promedio histórico fijo. En su lugar, introduce un enfoque relativo: compara las anomalías térmicas de la región Niño 3.4 con el conjunto de los trópicos. De este modo, permite determinar si una zona está realmente más cálida o más fría en relación con el contexto global actual, marcado por temperaturas oceánicas cada vez más elevadas.
Este cambio responde a una realidad evidente: a medida que aumenta la temperatura media del océano, resulta más difícil distinguir qué condiciones son verdaderamente anómalas. El RONI busca resolver este problema ajustando la referencia y ofreciendo una lectura más precisa de los eventos de El Niño y La Niña en un clima cambiante.
Comparar eventos actuales con pasados
La NOAA anunció que este índice ya se utiliza desde febrero de este año para el seguimiento del fenómeno ENSO (El Niño-Oscilación del Sur), considerado el principal motor de la variabilidad climática interanual del planeta. Este sistema influye de forma directa en las precipitaciones, las temperaturas, las trayectorias de borrascas o la actividad de ciclones tropicales en numerosas regiones del mundo.
El funcionamiento del RONI se basa en calcular la diferencia entre la anomalía de la temperatura superficial del mar en la región Niño 3.4 y la anomalía media de los trópicos. Si esta diferencia supera los +0,5 °C durante varios meses consecutivos, se considera un episodio de El Niño; si cae por debajo de -0,5 °C, se identifica una fase de La Niña.
Una de las principales ventajas de este nuevo índice es que permite comparar eventos actuales con los del pasado sin que el resultado dependa tanto del periodo climático de referencia elegido. Además, diversos estudios han demostrado que el RONI se correlaciona mejor con cambios en las precipitaciones tropicales, un factor clave para entender los impactos globales de estos fenómenos.
Otra consecuencia importante es que, en un contexto de océanos más cálidos, algunos episodios de El Niño podrían detectarse más tarde que con el índice tradicional. Esto ocurre porque el calentamiento general atenúa la señal relativa del fenómeno, lo que obliga a reinterpretar ciertos umbrales.
La adopción del RONI refleja cómo el cambio climático no solo modifica las variables meteorológicas, sino también las herramientas que se utilizan para analizarlas. Países como Australia y Nueva Zelanda ya han comenzado a incorporarlo, marcando el inicio de una transición global hacia métricas más adaptadas a la nueva realidad climática.