Fundado en 1910
Zorro rojo de pie en una cresta montañosa en los Pirineos a finales del verano, España

Zorro rojo de pie en una cresta montañosa en los Pirineos a finales del verano, EspañaGetty Images

Descubren que el olor a vainilla puede hacer que depredadores como el zorro eviten ciertos alimentos

Los olores asociados a repelentes podrían convertirse en una herramienta sencilla, segura y barata para reducir conflictos entre humanos y fauna silvestre

Los enfrentamientos entre la actividad humana y la fauna silvestre son cada vez más habituales en paisajes donde campos, granjas, zonas cinegéticas y hábitats naturales se entremezclan. Estos conflictos pueden tener consecuencias económicas, sociales y ecológicas relevantes, como ocurre cuando los depredadores atacan ganado doméstico o especies de interés cinegético.

Durante décadas, la respuesta más frecuente ante estos problemas ha sido el control letal de los animales considerados problemáticos. Sin embargo, muchos especialistas advierten de que estas medidas no siempre resultan eficaces y pueden tener efectos indeseados, como alterar el equilibrio de las poblaciones o incluso aumentar los conflictos a largo plazo.

En este contexto, la comunidad científica ha intensificado en los últimos años la búsqueda de métodos de gestión no letales que permitan reducir los daños modificando el comportamiento de los animales sin eliminarlos. Entre las herramientas que se están explorando destacan los repelentes químicos y las técnicas de aprendizaje basadas en la llamada aversión condicionada al alimento.

Un estudio reciente, liderado por investigadores del Instituto de Investigación en Recursos Cinegéticos (IREC), centro mixto del CSIC, la Universidad de Castilla-La Mancha y la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha, ha analizado una posible combinación de estas estrategias utilizando al zorro rojo (Vulpes vulpes) como especie modelo.

Los científicos probaron la eficacia de un repelente químico –la capsaicina, el compuesto responsable del picante en los chiles– combinado con un olor artificial, el de la vainilla. El objetivo era comprobar si los zorros podían aprender a asociar ese olor con la sensación desagradable del picante y, posteriormente, evitar los alimentos que olieran de ese modo.

Para ello, colocaron cebos de carne en ocho puntos de campo, cada uno vigilado con cámaras de fototrampeo que registraban la presencia y el comportamiento de los animales. Algunos puntos funcionaron como control, mientras que otros fueron tratados con la mezcla de capsaicina y aroma.

El ensayo se desarrolló en cuatro fases. Primero se colocaron cebos normales para conocer el comportamiento inicial de los animales. Después se introdujo la mezcla de capsaicina y vainilla en los puntos de tratamiento. En la tercera fase se retiró el repelente y se mantuvo únicamente el olor, con el fin de comprobar si los zorros reaccionaban igualmente. Finalmente, se intercambiaron los puntos de control y tratamiento.

Durante el estudio se colocaron 226 cebos, de los cuales cerca del 70 % fueron consumidos por animales. El zorro fue la especie que más los aprovechó, seguido de jabalíes y otros mesocarnívoros como el meloncillo o la garduña.

Cambios de comportamiento

Los resultados fueron sorprendentes. El repelente no logró reducir el número total de cebos consumidos por los zorros: los animales seguían comiéndolos. Sin embargo, sí provocó cambios claros en su comportamiento.

Cuando los cebos contenían capsaicina y olor a vainilla, los zorros tardaban mucho más tiempo en decidirse a consumirlos tras encontrarlos. Esa cautela se mantuvo incluso en fases posteriores en las que ya no estaba presente el picante y solo quedaba el aroma.

Las cámaras de fototrampeo también registraron comportamientos típicos de la sensación de picante, como frotarse el hocico contra el suelo, rascar el terreno o el propio cebo, salivación y gestos de incomodidad. Curiosamente, algunas de estas reacciones también aparecieron cuando el alimento tenía únicamente olor a vainilla.

Los investigadores interpretan estos resultados como una posible señal de aprendizaje: los zorros podrían haber asociado ese olor con la experiencia desagradable del picante, en un proceso similar al condicionamiento clásico descrito en estudios de aversión alimentaria.

Evitar sin eliminar

Aunque el alimento seguía siendo suficientemente valioso como para que los zorros terminaran consumiéndolo, el experimento sugiere que es posible inducir respuestas de cautela mediante asociaciones entre olores y experiencias desagradables. Según los autores, este tipo de estrategias podría aplicarse en el futuro para proteger cultivos, granjas o especies vulnerables sin recurrir al control letal de los depredadores.

El estudio es todavía un ensayo piloto con un número limitado de puntos de muestreo, por lo que los investigadores subrayan la necesidad de realizar experimentos a mayor escala para confirmar los resultados.

Aun así, el trabajo abre una línea prometedora. Los repelentes tienen además una ventaja frente a otros métodos de aversión condicionada: el animal no necesita ingerir completamente el alimento para experimentar el efecto desagradable, ya que la reacción aparece de forma inmediata.

Si futuras investigaciones confirman estos resultados, los olores asociados a repelentes podrían convertirse en una herramienta sencilla, segura y de bajo coste para reducir conflictos entre humanos y fauna silvestre.

En un contexto en el que la convivencia entre personas y animales salvajes es cada vez más frecuente, aprender a influir en el comportamiento de la fauna sin dañarla podría ser una pieza clave para una gestión más equilibrada y sostenible del territorio.

comentarios
tracking

Compartir

Herramientas