Esta vista aérea muestra edificios derrumbados en Catia La Mar, estado La Guaira, Venezuela
La fórmula para predecir los terremotos que podría evitar tragedias como la de Venezuela
Un equipo de investigadores de la Universidad de Texas identificó hace unos años un mecanismo que podría ayudar a entender mejor cuándo y con qué intensidad se producen los seísmos
El doble terremoto vivido esta semana en Venezuela ha sido especialmente virulento debido a que los dos temblores consecutivos fueron de gran magnitud. En sismología este fenómeno se conoce como doblete sísmico, que consiste en dos seísmos con formas de onda casi idénticas que se originan en la misma ubicación o en segmentos de fallas adyacentes conectados tectónicamente.
Las consecuencias reales aún se desconocen, pero los muertos se cuentan ya por miles y la Organización de las Naciones Unidas estima que podría haber más de 50.000 desaparecidos, por lo que la cifra de decesos irá inevitablemente en aumento. Una catástrofe que se ha intensificado debido a la falta de preparación ante estos eventos tanto de la población venezolana como de las infraestructuras del país, y por la falsa sensación de seguridad de la que gozaban después de más de un siglo sin sufrir terremotos de magnitud importante.
Los seísmos se producen cuando las fallas geológicas, situadas en los límites entre las placas tectónicas, liberan la energía acumulada por el movimiento constante de estas. Comprender cómo evolucionan estas fallas antes de un terremoto es uno de los principales objetivos de la investigación científica para mejorar la comprensión de estos fenómenos y poder anticiparse ante un evento de estas condiciones.
Conservación por fricción
Un equipo de investigadores de la Universidad de Texas identificó hace unos años un mecanismo que podría ayudar a entender mejor cuándo y con qué intensidad se producen los terremotos. El estudio, publicado en la revista Science, describe un fenómeno denominado conservación por fricción, que explica la capacidad de las fallas para fortalecerse y acumular energía entre un terremoto y otro.
Los científicos sostienen que la velocidad con la que una falla recupera su resistencia tras un seísmo influye directamente en el tipo de movimiento que experimentará después. Las fallas que se «curan» lentamente tienden a generar deslizamientos graduales y poco peligrosos, mientras que aquellas que recuperan rápidamente su capacidad para almacenar energía serían más propensas a originar terremotos de gran magnitud.
Para llegar a estas conclusiones, el equipo analizó muestras de roca procedentes de la zona de subducción de Hikurangi, en Nueva Zelanda. Las sometieron a la presión de una prensa hidráulica para medir el tiempo que tardaban en recuperar sus propiedades tras la fricción.
Los ensayos revelaron que las rocas con un mayor contenido en arcilla tardaban más en «sanarse» y se deslizaban con mayor facilidad. Al incorporar estos datos a un modelo de la falla, los investigadores reprodujeron un patrón muy similar al observado en la naturaleza: pequeños deslizamientos lentos que se repiten aproximadamente cada dos años.
Aunque este hallazgo no permite predecir con exactitud cuándo ocurrirá un terremoto, sí aporta información relevante sobre el comportamiento de las fallas y sobre los factores que influyen en la intensidad de los seísmos. Los autores consideran que este conocimiento podría contribuir en el futuro a mejorar la evaluación del riesgo sísmico y facilitar la planificación de medidas preventivas para reducir el impacto de estos fenómenos.