Rodrigo Díez, redactor de Sociedad en El Debate
Javier del Valle, geógrafo: «Venezuela vivía con una falsa sensación de seguridad frente al riesgo sísmico»
El experto recuerda que el país está situado en una zona de elevada actividad sísmica debido a la colisión entre las placas del Caribe y Sudamericana
El doble terremoto ocurrido este jueves en Venezuela ha sumido al país en el caos. A la hora de cierre de esta información, la cifra de muertos asciende a 235 y la de heridos a 4.300, aunque las estimaciones apuntan a que ambos números continuarán creciendo. Países de todos los rincones del mundo han ofrecido ya ayuda a la nación hispanoamericana, que vive momentos críticos ante semejante catástrofe.
Este seísmo ha llamado la atención de los especialistas por una característica poco habitual: se trató de un doblete sísmico, es decir, dos terremotos de gran magnitud ocurridos con apenas unos segundos de diferencia. Aunque no es un fenómeno frecuente, tampoco resulta inédito.
Así lo explica a El Debate el doctor en Geografía y docente del Centro Universitario de la Defensa de Zaragoza, Javier del Valle, quien señala que este tipo de eventos ya se han registrado en otros lugares del mundo, como Turquía o Pakistán. «Lo habitual es que se produzca un gran terremoto principal seguido de réplicas. En este caso hablamos de dos terremotos diferenciados, separados por apenas unos segundos, que tienen entidad propia», indica.
Del Valle aclara que Venezuela no forma parte del conocido Cinturón o Anillo de Fuego del Pacífico, aunque sí se encuentra en una zona con una importante actividad tectónica. La causa está en la interacción entre la Placa del Caribe y la Placa Sudamericana. «En el norte de Venezuela, ambas placas entran en contacto y se desplazan de forma diferente. Esa fricción genera las condiciones necesarias para que se produzcan terremotos. Es un mecanismo parecido al que originó el devastador terremoto de Haití en 2010, aunque allí la interacción se daba entre la Placa del Caribe y la Norteamericana», explica.
El norte del país, la zona más expuesta
Según el experto, las regiones con mayor riesgo sísmico son aquellas situadas sobre las áreas donde se concentra esa interacción tectónica. «Las zonas más propensas a registrar terremotos son las del norte de Venezuela, donde se produce la colisión entre las placas», resume.
No obstante, la magnitud de los daños no depende únicamente de la fuerza del terremoto. El tipo de terreno desempeña un papel fundamental en la propagación de las ondas sísmicas. «Las rocas blandas tienden a amplificar las ondas sísmicas y, por tanto, aumentan los efectos destructivos. En cambio, materiales más resistentes, como el granito, la caliza o el basalto, suelen reducir esa amplificación», señala.
A estos factores geológicos se suman elementos sociales y urbanos. Del Valle destaca la importancia de las normas de construcción antisísmica, la preparación de la población y la capacidad de respuesta de los servicios de emergencia. «Países como Japón, Chile o algunas zonas de California han desarrollado una sólida cultura de prevención. La población sabe cómo actuar y las edificaciones están diseñadas para resistir mejor los movimientos sísmicos», afirma.
«Existía una falsa sensación de seguridad»
Para los especialistas, la magnitud de la tragedia también pone de relieve un problema frecuente en regiones donde los grandes terremotos son poco habituales. El expresidente del Ilustre Colegio Oficial de Geólogos de España, Manuel Regueiro, sostiene que los largos periodos sin grandes sismos pueden favorecer la acumulación de tensión tectónica.
«Cuando no se producen grandes terremotos quiere decir que se acumula energía», explica el experto, quien considera que el doblete sísmico registrado en Venezuela habría supuesto una liberación de energía en dos puntos de una misma zona de falla, incrementando así los daños.
Esta interpretación encaja con la valoración del doctor en Geografía Javier del Valle, que advierte de que parte de la sociedad venezolana podía vivir bajo una cierta sensación de seguridad pese a encontrarse en una región con una actividad tectónica constante.
Preguntado sobre el nivel de preparación de las ciudades venezolanas, el geógrafo se muestra cauteloso, aunque considera que las consecuencias del terremoto apuntan a importantes carencias. «Me da la sensación de que no existía una preparación suficiente. Los daños parecen muy elevados y el número de víctimas podría ser considerable. A veces ocurre que, cuando ha pasado mucho tiempo desde el último gran terremoto, se genera una falsa sensación de seguridad», sostiene.
Para el experto, la reducción del riesgo pasa por combinar planificación territorial, educación ciudadana y construcción segura. «Es importante evitar nuevas edificaciones sobre terrenos que amplifiquen las ondas sísmicas o en laderas inestables. Pero también es fundamental reforzar la cultura de autoprotección y aplicar normas de construcción antisísmica. Son medidas que han demostrado su eficacia en otros países y que pueden salvar muchas vidas», concluye.
Por eso, más allá de la tragedia, este doble terremoto vuelve a poner el foco en la importancia de la prevención y las normas de construcción antisísmica.