El incendio de La Mierla, en Guadalajara
El sistema español para detectar incendios en tiempo real que nunca llegó a usarse: «Fue una decisión política»
Lo vivido en estas últimas semanas recuerda a la situación de hace justamente un año, cuando se quemaron más de 350.000 hectáreas únicamente durante los meses de verano
Esta semana España continúa sufriendo las consecuencias del incendio de la Sierra Norte de Guadalajara. Desde su inicio el jueves de la semana pasada en La Mierla, ya ha arrasado cerca de 30.000 hectáreas, convirtiéndose así en el tercero por superficie quemada de la serie histórica.
En líneas generales, nuestro país ha registrado hasta el 12 de julio casi una veintena grandes incendios forestales y 61.163,21 hectáreas quemadas en lo que llevamos de año, lo que supone más del doble que en el mismo periodo de 2025, cuando se registraron siete grandes fuegos y 24.133,26 hectáreas quemadas. Unos datos que, por desgracia, recuerdan a lo vivido hace justamente un año, cuando se quemaron más de 350.000 hectáreas únicamente durante los meses de verano.
Esta cifra consolidó al año 2025 como el peor año de incendios forestales del siglo XXI en España y las estimaciones satelitales del programa europeo Copernicus (EFFIS) elevaron el cálculo provisional de la superficie afectada por encima de las 400.000 hectáreas.
El incendio originado en la provincia de Guadalajara que amenaza a la de Soria
Ante esta situación, mucho se ha hablado de posibles soluciones para prevenir estos incendios, desde medidas de prevención más idóneas hasta una mayor implicación por parte del Ejecutivo central. Sin embargo, la solución podría haber estado en un sistema antiincendios creado hace décadas.
Conocido como «Sistema Bosque», este proyecto fue ideado por el Astillero BAZAN Ferrol –predecesor de la actual Navantia– para la detección rápida de incendios en la década de los 90.
«El sistema Bosque nació de una idea brillante dentro de la Armada española. Se trataba de aprovechar los sistemas de defensa de doble uso, los que sirven tanto para la defensa como para fines civiles. Si un sensor es capaz de detectar la firma infrarroja de un misil, que viaja a 1.400 kilómetros por hora, ¿por qué no podría detectar un foco de calor en un bosque?», destacó a este periódico Francisco Gámez, periodista especializado en temas de Defensa y una de las personas que pudo observar los beneficios de esta iniciativa.
Un voluntario realiza labores de extinción en el incendio de Oímbra (Orense) en agosto de 2025
Gámez, quien se puso en contacto con El Debate tras los incendios que diezmaron gran parte del terreno forestal español el pasado verano, señaló que este sistema fue capaz de detectar un cigarrillo ardiendo a un kilómetro de distancia, con una precisión de apenas diez centímetros: «Funcionaba incluso de noche, cuando el humo no se ve, solo por la señal térmica. Eso significaba que podías saber, en tiempo real, el punto exacto en el que empezaba un fuego, antes incluso de que se convirtiera en incendio. Era una revolución».
¿A qué se debía esta precisión milimétrica? La constante medición de la temperatura y la ubicación mediante sensores infrarrojos conectados a cámaras con GPS y equipos de triangulación permitía un éxito sin precedentes. De igual manera, cada observatorio Bosque podía llegar a cubrir unas 30.000 hectáreas.
La gran duda que surge es, viendo el gran éxito revelado en las pruebas, cuál fue el motivo por el que las autoridades decidieron rechazarlo hace décadas: «Cuando el sistema se presentó, los ingenieros lo llevaron a las administraciones competentes, pero me temo que no hubo respuesta».
Ante esta situación, Gámez decidió enviar en 1994 una carta a la Generalitat de Cataluña, tras los incendios de aquel año en la región –con más de 65.000 hectáreas calcinadas–. Sin embargo, el Gobierno catalán optó por no invertir en este sistema alegando razones presupuestarias, logísticas y de evolución tecnológica.
«Decían que era un producto de la industria de Defensa y que no estaban por la labor. Les sonaba a demasiado militar. Hubo incluso quien dijo: 'Nosotros no somos partidarios de comprar sistemas mancomunados con otras ramas del Estado'. Y, por supuesto, evitando siempre decir la palabra España. En el fondo, se rechazó porque el sistema venía de una empresa de defensa del Ejército español. No querían saber nada. Fue una decisión ideológica y política», concluyó.