Humo alrededor de pinos quemados durante un incendio forestal que se extiende por Marcheprime, en el suroeste de Francia
Así es la herramienta que mide la humedad de la vegetación en tiempo real para prevenir incendios
La principal innovación de ForestDrought es que no se limita a utilizar datos meteorológicos, sino que incorpora el comportamiento fisiológico de la vegetación
En medio de una época aciaga en lo que se refiere a incendios forestales en España, son muchas las voces que urgen a las administraciones a tomar más medidas de prevención para que esta tragedia que está afectando, sobre todo, al centro peninsular, no vuelva a ocurrir. Promover el uso de inventos como Ecofire o plantar árboles que son menos inflamables son dos soluciones que los científicos ponen encima de la mesa.
Otra es la publicada hace unas semanas en la revista New Phytologist. Se trata de un estudio liderado por el Centro de Investigación Ecológica y Aplicaciones Forestales (CREAF) que explora cómo incorporar la humedad de la vegetación en los modelos de riesgo de incendio para mejorar su prevención y gestión.
En la investigación se presenta ForestDrought, una herramienta desarrollada por el Ecosystem Modelling Facility (EMF) que actualiza diariamente el estado hídrico de los bosques de la Península Ibérica y Baleares. La aplicación combina información meteorológica, forestal y del terreno para mostrar indicadores como el contenido de agua del suelo o la humedad de la vegetación viva, dos parámetros clave para evaluar el riesgo de incendio.
Los mapas elaborados por la plataforma reflejan con claridad cómo ha cambiado la situación en apenas unos meses. Las abundantes lluvias registradas durante el invierno y la primavera permitieron que los bosques comenzaran junio con unas reservas de agua muy elevadas. Sin embargo, la sucesión de episodios de calor extremo ha ido agotando esa reserva. A medida que aumentan las temperaturas, los árboles y arbustos transpiran más agua, el suelo pierde humedad y la vegetación entra progresivamente en estrés hídrico.
Ese proceso tiene consecuencias directas sobre el comportamiento del fuego. «Para saber si en una zona puede haber un mayor riesgo de incendio observamos la humedad de la vegetación», explica Miquel de Cáceres, investigador del CSIC en el CREAF. Según detalla, cuando las plantas presentan una humedad inferior al 100 % ya muestran síntomas de sequía, mientras que si ese porcentaje cae por debajo del 80 % la vegetación se encuentra muy seca y resulta mucho más fácil que prenda.
Las simulaciones de ForestDrought muestran que esa situación comienza a ser preocupante en varias zonas de España. Los niveles de humedad más bajos se concentran actualmente en Extremadura, el oeste de Andalucía –especialmente en las provincias de Córdoba, Sevilla, Cádiz y Huelva– y parte de Castilla-La Mancha, sobre todo en Ciudad Real y Toledo. En Cataluña, las áreas más secas se localizan en el Vallés Oriental y Occidental, el Maresme y comarcas del interior de Gerona, como La Selva, el Geronés y la Garrocha.
Víctor Granda, científico de datos del EMF, explica que el objetivo de la plataforma es ofrecer una herramienta sencilla tanto para especialistas como para cualquier ciudadano. «Queremos anticipar con mayor fiabilidad cuándo y dónde la vegetación viva se encuentra en una situación crítica y puede representar un riesgo en relación con los incendios. Cualquier persona puede consultar el mapa y seguir la evolución diaria de la sequía forestal durante el último año», señala.
Cómo responden los árboles al calor
La principal innovación de ForestDrought es que no se limita a utilizar datos meteorológicos, sino que incorpora el comportamiento fisiológico de la vegetación. Para ello integra información de la Agencia Estatal de Meteorología (Aemet), MeteoGalicia, el Servei Meteorològic de Catalunya y la Red de Información Agroclimática de Andalucía, junto con datos sobre los suelos, el relieve y la estructura de los bosques procedentes del Inventario Forestal Nacional, el Mapa Forestal de España y tecnología lidar obtenida mediante sensores láser.
Además de medir la humedad de la vegetación viva, la plataforma calcula otros indicadores relacionados con el comportamiento del fuego, como la probabilidad de que las llamas alcancen las copas de los árboles, el riesgo de ignición del matorral o el estado de la vegetación muerta.
Los investigadores subrayan que esta diferencia es fundamental. Los índices tradicionales de sequía se basan principalmente en las condiciones meteorológicas y permiten estimar con bastante precisión la humedad de hojas secas, ramas o troncos caídos. Sin embargo, predicen mucho peor el comportamiento de árboles y arbustos vivos, cuyo estado también condiciona la intensidad y propagación de los incendios.
«Cada especie responde de manera diferente a la falta de agua», explica Rodrigo Balaguer, investigador del CREAF y primer autor del estudio. Mientras árboles como los pinos o las encinas cuentan con raíces profundas que les permiten acceder al agua almacenada en capas inferiores del suelo y reducen la pérdida de agua cerrando sus estomas, muchos arbustos del sotobosque, como las jaras o el romero, dependen de la humedad superficial y se secan con mucha mayor rapidez.
Estas diferencias explican que dos masas forestales sometidas a las mismas temperaturas puedan presentar un riesgo de incendio completamente distinto. Por ello, los investigadores consideran que incorporar el estado hídrico de la vegetación a los modelos de predicción permitirá elaborar mapas de riesgo mucho más precisos y ofrecer una información de gran utilidad para los servicios de extinción y las administraciones encargadas de la prevención de incendios.