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Vista del volcán Tajogaite en la isla de La Palma cinco años después de su erupciónEFE

Cinco años después del volcán de La Palma: la isla reconstruye sus tierras y recupera el turismo

Los afectados, que ya han cobrado las ayudas por la erupción, se niegan ahora a abandonar las casas-contenedores e imposibilitan el comienzo de las obras de un nuevo campus universitario

El 19 de septiembre de 2021, hace cinco años, el volcán Tajogaite, que en aquel momento se nombraba como Cumbre Vieja, erupcionó en la isla canaria de La Palma. Desde hacía días atrás, la actividad sísmica ya indicaba que ese evento se podía producir, pero una sociedad nunca está preparada para ver su vida sepultada por la lava.

El proceso se prolongó durante 85 días, hasta el 13 de diciembre de ese mismo año, llevándose con él más de 1.300 viviendas, 180 edificaciones agrícolas, 75 edificios industriales y hasta 370 hectáreas de cultivo que albergaban 1.360 fincas, principalmente plataneras. Todo ello conllevó el realojo de miles de familias que habían perdido sus casas y que aún hoy permanecen bajo la ceniza o han desaparecido tras el paso de las coladas.

Cinco años después, La Palma continúa reconstruyendo buena parte de las actividades. La recuperación avanza en dos frentes especialmente importantes para la isla: el agrícola, con la transformación de las coladas en nuevas fincas productivas, y el turístico, con el regreso progresivo de visitantes y negocios a Puerto Naos, uno de los principales núcleos de la costa oeste.

En el campo, volver a cultivar donde antes solo había lava es un proceso largo y costoso. El portavoz de las Entidades Empaquetadoras, Exportadoras y Comercializadoras de Frutos de La Palma (ASEPALMA), Hernán Rodríguez, explica a Efe que el primer paso consiste en obtener una licencia municipal para poder «sorribar» el terreno, es decir, transformar las coladas en una superficie apta para el cultivo.

Una vez obtenida la autorización, hay que retirar y nivelar la capa de lava para conseguir una superficie adecuada para la platanera y garantizar el drenaje. Después se construyen muros de contención que pueden alcanzar entre metro y medio y cuatro o cinco metros de altura, dependiendo de la orografía. Sobre ellos se incorporan entre 60 y 70 centímetros de tierra fértil, procedente de las zonas de cumbre. La ceniza volcánica, según Rodríguez, apenas se ha utilizado como sustrato porque no reúne las condiciones necesarias para el cultivo del plátano.

El proceso continúa con la instalación del sistema de riego, la reconstrucción de los invernaderos y la incorporación de materia orgánica y abono. Todo ello supone un coste aproximado de 55 euros por metro cuadrado, que aumenta en otros 20 euros cuando es necesario levantar un invernadero. Recuperar una hectárea puede alcanzar así los 550.000 euros, una cantidad que asciende hasta unos 750.000 euros con invernadero.

Recuperar toda la cadena

Mientras el campo trata de recuperar su capacidad productiva, Puerto Naos vuelve a recuperar actividad turística. Este verano ha registrado una mayor presencia de visitantes, más establecimientos abiertos y el regreso de grandes eventos. El Hotel Meliá alcanzó una ocupación del 84 % en agosto y prevé llegar al 99 % este fin de semana con motivo del Isla Bonita Love Festival.

La reapertura, sin embargo, continúa siendo gradual. La vivienda vacacional ha perdido peso porque parte de los alojamientos se han destinado al uso residencial, mientras algunos establecimientos siguen cerrados en la denominada zona negra debido a las restricciones por gases.

El acceso a parte de Puerto Naos comenzó a acelerarse en diciembre de 2023, con la reapertura de 139 viviendas de la zona verde bajo monitorización permanente de los niveles de CO2. Sensores y carteles de advertencia forman todavía parte del paisaje, aunque los turistas consultados aseguran que el sistema no les genera inquietud.

Realojados que no quieren abandonar las casas provisionales

Aquellos que perdieron sus hogares fueron realojados en unas casas-contenedor instaladas en la localidad de Los Llanos de Aridane hasta recibir las ayudas necesarias para comenzar una nueva vida. Pero una vez han llegado esas indemnizaciones, algunas familias se niegan a irse de sus viviendas provisionales y se niegan a devolver las llaves, según recoge el diario El Día.

El Gobierno de Canarias ha comenzado a reclamar la devolución de estas viviendas y, en los casos en los que exista una alternativa habitacional y los ocupantes se nieguen a abandonarlas, podrá recurrir incluso al desahucio.

La situación afecta especialmente a las 85 viviendas modulares instaladas en Los Llanos de Aridane, de las que más de medio centenar continúan ocupadas. Mientras sus residentes no las desalojen, las estructuras no podrán ser desmontadas, aunque el Instituto Canario de la Vivienda (Icavi) ya ha comenzado a retirarlas de forma progresiva. A estas soluciones habitacionales se sumaron otras 35 viviendas de madera en El Paso y cinco más en Los Llanos, todas ellas concebidas como alojamientos de emergencia para hacer frente a la pérdida de cientos de viviendas causada por la erupción del volcán.

Tal y como recuerdan desde el medio isleño, liberar las casas-contenedor tiene una importancia especial para el futuro de la Isla, puesto que el suelo que ocupan está destinado al primer campus universitario de La Palma, uno de los proyectos estratégicos vinculados a la reconstrucción.

Por todo ello, cinco años después de la erupción, el reto de La Palma sigue siendo reconstruir mucho más que lo que quedó bajo la lava: recuperar viviendas, cultivos, infraestructuras, negocios y, con ellos, la actividad económica y social de las zonas afectadas.