Posos café
Ni a la basura ni al desagüe: así se transforma el poso de café en material de construcción
En un año, en el planeta se generan entre 6 y 60 millones de toneladas de posos de café, una cantidad notable de residuos que además libera metano al descomponerse
El café es una de las bebidas centrales en la vida de muchas personas alrededor del mundo. En concreto, es la segunda más consumida solo por detrás del agua –de media, se consumen cada año alrededor de 400.000 millones de tazas– y una de las mercancías más comercializadas a nivel global. Los países del norte de Europa lideran el consumo mundial, con Luxemburgo y Finlandia ocupando los primeros puestos, donde cada habitante bebe entre cuatro y cinco tazas al día –unos 10 a 12 kilos al año–.
Pero para hacer una sola taza de esta bebida se utilizan cerca de 15 gramos de café molido, por lo que tendremos más o menos la misma cantidad de posos al terminar de ingerirlo. En un año, en el planeta se generan entre 6 y 60 millones de toneladas de posos de café, una cantidad notable de residuos que además libera metano al descomponerse. Por ello, los investigadores buscan obtener otros usos, como biocombustibles o compost. Un equipo de investigadores de la Universidad RMIT, en Melbourne (Australia), ha encontrado una forma de sacarle partido a ese problema: convertir los posos de café en un ingrediente para fabricar hormigón más resistente, la mezcla más utilizada en las obras.
El estudio, publicado en la revista Journal of Cleaner Production, partió de una idea sencilla: sustituir parte de la arena que se usa en el hormigón por posos de café. Sin embargo, los primeros ensayos no salieron bien. Cuando los investigadores añadieron café crudo a la mezcla, la resistencia del hormigón se desplomó: con solo un 20 % de sustitución de arena, la resistencia cayó drásticamente respecto a una mezcla convencional. La causa, según el equipo, está en que los posos liberan compuestos orgánicos que interfieren en la reacción química que hace fraguar el cemento.
La temperatura, la clave del proceso
La solución llegó al aplicar una técnica llamada pirólisis: calentar los posos de café a altas temperaturas, sin oxígeno, hasta convertirlos en una especie de carbón vegetal conocido como biochar. Los científicos probaron dos temperaturas, 350 °C y 500 °C, y los resultados fueron reveladores. El biochar producido a 350 °C, incorporado en un 15 % en sustitución de la arena, incrementó la resistencia a la compresión del hormigón en un 29,3 % respecto a una mezcla sin este aditivo. En cambio, el biochar generado a 500 °C mostró peores resultados: al ser más poroso y frágil, terminó debilitando la mezcla, llegando a reducir su resistencia hasta un 34,5 % en algunos casos.
Los investigadores explican esta diferencia por la estructura del material. El biochar producido a 350 °C conserva una porosidad que le permite absorber y retener agua durante el mezclado, liberándola después de forma gradual mientras el hormigón cura. Este proceso de «curado interno» favorece el desarrollo de resistencia. Además, el propio cemento penetra en los poros del biochar, generando una unión sólida entre ambos materiales. A 500 °C, sin embargo, esa estructura porosa se vuelve demasiado frágil, con microfisuras que terminan jugando en contra.
Más allá del hallazgo técnico, el estudio plantea un escenario de aprovechamiento a gran escala. Según los cálculos del equipo, si toda la producción anual de posos de café de Australia se sometiera a pirólisis a 350 °C, se generarían unas 22.500 toneladas de biochar, suficientes para sustituir hasta un 15 % de la arena empleada en una parte significativa de la producción nacional de hormigón. Los autores destacan tres beneficios adicionales: ambiental, al desviar residuos orgánicos de los vertederos; económico, por el nuevo mercado que se abriría para este subproducto; y laboral, al generar empleo en toda la cadena de recogida, procesamiento y uso del material.
El propio estudio reconoce que este es solo un primer paso. Los autores señalan que aún faltan por evaluar otras propiedades del hormigón con biochar de café, como su resistencia a la flexión, su comportamiento frente a la humedad o su durabilidad a largo plazo, antes de que esta solución pueda aplicarse de forma comercial en la construcción.