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Huerto urbano en una azotea

Huerto urbano en una azoteaGetty Images

Los huertos urbanos pueden reducir la temperatura hasta 2,84 ºC en las ciudades europeas

Se estima que refrescan una superficie equivalente a 2,8 veces el tamaño de las parcelas y que este efecto podría beneficiar a cerca de 4,1 millones de personas

Las altas temperaturas llevan meses afectando a buena parte de Europa. De hecho, el Viejo Continente ha estado afectado por varias olas de calor que han dejado valores récord en zonas como Francia, Reino Unido o Suiza, superando los 40 grados. Esto hace que los países se replanteen su adaptabilidad a las altas temperaturas y se comiencen a poner medios para que la población vea estas condiciones aminoradas.

Un estudio europeo reciente apunta a una solución modesta –y sorprendentemente eficaz– para disminuir esa sensación de calor: los huertos urbanos. Estas parcelas de cultivo pueden enfriar una superficie casi tres veces superior a la que ocupan y contribuir a reducir las temperaturas en zonas habitadas por millones de personas.

La elevada densidad de población, la concentración de infraestructuras, el fenómeno isla de calor, el envejecimiento demográfico y el aumento de la frecuencia e intensidad de las olas de calor hacen especialmente vulnerables a las ciudades europeas.

Aunque ya se conoce la capacidad de las infraestructuras como los parques o las zonas verdes y las redes de espacios vinculados al agua para reducir el calor, el papel de la agricultura urbana estaba menos estudiado. Un nuevo análisis a gran escala ha puesto ahora el foco en los huertos urbanos y en su capacidad para refrescar las ciudades.

La investigación analizó 682 de las 929 Áreas Urbanas Funcionales europeas, que incluyen tanto una ciudad como su área metropolitana. Para estudiar el efecto térmico de los huertos, los investigadores combinaron datos de temperatura superficial registrados entre 2019 y 2024 con información sobre la localización de estas parcelas y la distribución de la población.

Los resultados muestran que los huertos urbanos europeos tienen un efecto de refrigeración que va mucho más allá de sus propios límites. En concreto, se estima que refrescan una superficie equivalente a 2,8 veces el tamaño de las parcelas y que este efecto podría beneficiar aproximadamente a 4,1 millones de personas. Por cada kilómetro cuadrado de huertos urbanos, unas 8.221 personas podrían beneficiarse de este descenso térmico.

Además, el efecto refrescante puede percibirse a una distancia de hasta 106,8 metros de las parcelas. Dentro de las áreas beneficiadas, la temperatura puede reducirse una media de 2,84 grados centígrados, una diferencia especialmente relevante durante los episodios de calor extremo.

Los pequeños huertos, aliados contra la isla de calor

El estudio también revela que la agricultura urbana presenta una mayor eficiencia de refrigeración que la agricultura situada en las periferias. En concreto, los huertos urbanos son un 23 % más eficientes que los terrenos agrícolas periurbanos, una ventaja que los investigadores relacionan, entre otros factores, con su proximidad a las zonas densamente pobladas.

La distribución de estas parcelas resulta, por tanto, determinante. Aunque la mayor concentración de huertos se encuentra actualmente en Europa Central y Oriental, las zonas con una mayor eficiencia de refrigeración son otras. El estudio señala especialmente el Benelux, el oeste de Alemania, el norte de Italia y algunas áreas de España.

Una de las claves estaría precisamente en que en estas regiones los huertos tienden a ser más pequeños y estar más repartidos dentro de las ciudades, lo que permite que su efecto llegue a un mayor número de residentes. De hecho, los investigadores consideran que esta característica puede ser más importante que la superficie total dedicada a la agricultura urbana.

Sin embargo, todavía existe margen para mejorar su ubicación. Solo el 5 % de las parcelas estudiadas se encontraban en zonas con el mayor riesgo de calor, mientras que el 43 % estaban integradas con otras infraestructuras verde-azuladas que pueden reforzar sus beneficios térmicos. Curiosamente, los huertos aislados mostraron una eficiencia de refrigeración similar a aquellos conectados con otras infraestructuras verdes.

A partir de estos resultados, los autores plantean que las políticas de ordenación urbana deberían prestar mayor atención a la ubicación de estos espacios. En lugar de concentrar grandes superficies de cultivo en las afueras, recomiendan priorizar huertos urbanos pequeños y distribuidos en el interior de las ciudades, especialmente en las zonas con mayor densidad de población y exposición al calor.

La investigación propone además utilizar indicadores específicos para determinar dónde estos espacios pueden ofrecer mayores beneficios. De esta manera, los huertos urbanos podrían convertirse no solo en lugares para cultivar alimentos, sino también en una herramienta más dentro de las estrategias de adaptación al cambio climático y de lucha contra el efecto isla de calor.

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