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Las tormentas arrastran cenizas y restos del incendio de Burgohondo tiñendo el entorno al embalse de El Burguillo

Las tormentas arrastran cenizas y restos del incendio de Burgohondo tiñendo el entorno al embalse de El BurguilloEuropa Press

Los incendios siguen contaminando el agua meses después: ríos negros y cortes de suministro tras un verano aciago

Durante los últimos días, algunos ríos han adquirido una tonalidad oscura debido a los materiales arrastrados desde las zonas afectadas por el fuego

CMás de 300.000 hectáreas de terreno español se han quemado en lo que llevamos de año, según el Sistema de Información de Incendios Forestales de la Comisión Europea (EFFIS) de Copernicus. Esto supone el 44,1 % de todas las que han ardido en la Unión Europea (UE) en ese espacio de tiempo, que ya suman 678.978 ha.

Gran parte de ese terreno calcinado se concentra en las provincias de Huelva, Ávila, Madrid o Guadalajara. Esas zonas se centran ahora en la reconstrucción de sus espacios naturales y urbanos afectados por las llamas, pero se encuentra meses después con otro problema sobrevenido: la contaminación de sus aguas.

Tan solo hace falta acercarse a poblaciones afectadas en las provincias mencionadas para observar cómo los ríos de esas zonas bajan, en muchos casos, teñidos de negro debido al arrastre de las cenizas por el agua de lluvia, el viento y otros agentes ambientales.

En Casavieja, Mijares y Piedralaves, tres municipios de la provincia de Ávila que reúnen a más de 4.200 vecinos, la Diputación ha comenzado este lunes a suministrar agua ante el riesgo de que el abastecimiento pueda dejar de ser potable. En Piedralaves, de hecho, el agua ya ha sido declarada no apta para el consumo. La principal preocupación se centra ahora en evitar que las cenizas y los restos arrastrados por las lluvias terminen llegando al embalse de El Burguillo, una infraestructura clave para regular el río Alberche.

La preocupación va más allá de los municipios afectados directamente por el incendio. Desde El Burguillo, el Alberche continúa su recorrido hacia los embalses de San Juan y Picadas, ya en la Comunidad de Madrid, antes de incorporarse a los sistemas de abastecimiento. El mismo cauce continúa después hacia Toledo, donde alcanza la presa de Cazalegas y abastece a distintos municipios, especialmente en el entorno de la comarca de Talavera de la Reina.

La situación ya se refleja en el propio río. Durante los últimos días, el Alberche ha adquirido una tonalidad oscura y sus aguas bajan prácticamente negras debido a los materiales arrastrados desde las zonas afectadas por el fuego. Un fenómeno similar se ha observado en varios arroyos cercanos a Casavieja, una de las localidades más castigadas por el incendio declarado el pasado 22 de julio.

Las localidades de Casavieja, Mombeltrán y El Barraco fueron las mas afectadas por las intensas lluvias registras este domingo, ya que además de arrastrar cenizas a algunos cauces, también han provocado deslizamientos de tierra y desbordamientos.

Riesgo para la población

Lo cierto es que la contaminación de las aguas provocada por los incendios supone un riesgo para la población, no solo por su posible uso para beber, sino también para cocinar o regar cultivos y huertos. Además, sus consecuencias pueden prolongarse mucho más allá de la extinción de las llamas. Los restos de la combustión pueden seguir alterando el funcionamiento de los ciclos del agua durante años, tal y como recoge Sinc.

Los datos del Instituto Geológico y Minero de España (IGME) reflejan la magnitud del problema: más de 900.000 hectáreas de masas de agua subterránea se han visto afectadas por incendios durante las dos últimas décadas, con un coste ambiental y económico que supera los 43 millones de euros. Sus investigaciones advierten además de que las políticas públicas continúan poniendo el foco principalmente en los suelos y las aguas superficiales, mientras que la protección específica de los recursos hídricos subterráneos sigue quedando en un segundo plano.

Ante esta situación, los expertos consideran fundamental reforzar las investigaciones multidisciplinares, ampliar las redes de control piezométrico e incorporar de forma efectiva el riesgo de incendios a la planificación hidrológica nacional. Una necesidad que cobra todavía más importancia en un contexto marcado por el cambio climático y el aumento de la frecuencia e intensidad de los grandes incendios.

«Estas masas de agua actúan como un vehículo que transporta materiales tóxicos. Al llegar a las depuradoras, los filtros se obstruyen. Además, los desinfectantes, como el cloro, pueden reaccionar con esos compuestos generando nuevas sustancias perjudiciales», explica a Sinc Marcos Francos, investigador de la Universidad de Salamanca y autor de un estudio que analiza cómo los incendios afectan a la capacidad de los ecosistemas para depurar el agua y regular las inundaciones.

El problema no se limita a las cenizas y los residuos procedentes de la combustión. Los productos químicos empleados durante las labores de extinción también pueden terminar en el agua y liberar sustancias tóxicas. Su presencia contribuye a aumentar la turbidez y puede alterar la calidad del agua, con consecuencias tanto para los ecosistemas acuáticos como para la flora y la fauna que dependen de ellos.

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