Vista satelital de Italia
La corteza terrestre se está «despegando» bajo Italia y explica su intensa actividad sísmica
Se trata de un desprendimiento progresivo de la parte inferior de la corteza y del manto, un fenómeno que los investigadores describen como un «descosido» o unzipping
Los Apeninos, que recorren 1.400 kilómetros del norte al sur de Italia y forman el eje principal de la península itálica, no constituyen una cordillera dormida. Bajo sus montañas se está produciendo un proceso geológico profundo que ayuda a explicar por qué esta región italiana continúa registrando terremotos y deformaciones del terreno. Un nuevo estudio apunta ahora a una especie de «descosido» de la corteza terrestre como el mecanismo que mantiene activa la cordillera y determina dónde se concentra buena parte de su actividad sísmica.
Los Apeninos siguen, por tanto, deformándose y registrando actividad sísmica pese a que uno de los grandes motores tectónicos que durante millones de años transformó esta región mediterránea prácticamente dejó de actuar hace unos dos millones de años. La investigación, publicada en Communications Earth & Environment, apunta ahora a un proceso que tiene lugar en las profundidades de la corteza terrestre: el desprendimiento progresivo de la parte inferior de la corteza y del manto, un fenómeno que los investigadores describen como un «descosido» o unzipping de la corteza.
El trabajo, firmado por investigadores de varias universidades y centros científicos italianos, junto con profesionales del CSIC, sostiene que esta delaminación de la corteza inferior es actualmente el principal motor geodinámico de la deformación y la sismicidad de los Apeninos. Para llegar a esta conclusión, los autores han combinado datos geológicos y sísmicos con mediciones geodésicas obtenidas mediante estaciones GNSS y técnicas de interferometría radar.
La investigación se centra en la relación entre los Apeninos y el mar Tirreno. Durante millones de años, el retroceso de una placa tectónica favoreció la apertura de la cuenca del Tirreno y provocó simultáneamente la compresión de los Apeninos. Sin embargo, la expansión del Tirreno prácticamente terminó hace unos dos millones de años y el movimiento de las placas en esta zona se redujo considerablemente.
La deformación no desapareció. En lugar de permanecer concentrada en la antigua cuenca de expansión, se desplazó progresivamente hacia el este, hacia el interior de la cordillera. Los investigadores han identificado una zona de más de 500 kilómetros de longitud en la que se superponen las estructuras profundas asociadas a las cortezas del Tirreno y del Adriático. Es precisamente sobre esta franja donde se concentra buena parte de la deformación actual.
Una especie de «descosido» bajo los Apeninos
Los científicos denominan a esta estructura «frente de descosido» (unzipping front). En ella, la parte inferior de la corteza y el manto litosférico se van separando progresivamente de la corteza superior, como si una cremallera se abriera lentamente bajo la cordillera.
El fenómeno ayuda a explicar por qué actualmente pueden coexistir movimientos aparentemente contradictorios: mientras algunas zonas de los Apeninos se están estirando, otras experimentan compresión. Los datos GNSS muestran que la extensión interna alcanza aproximadamente 4 milímetros al año, mientras que la divergencia regional entre el interior y el antepaís es de unos 2 milímetros anuales. La diferencia se compensa mediante un acortamiento localizado en el frente de la cordillera.
La distribución de los terremotos encaja además con esta estructura profunda. Los seísmos asociados a la extensión aparecen principalmente al suroeste del frente de descosido, mientras que los terremotos de carácter compresivo se concentran hacia el noreste. Los eventos más profundos se localizan en torno a la propia zona donde se produce la delaminación y muestran mecanismos diferentes.
El estudio también detecta movimientos verticales relacionados con este proceso. Allí donde la parte inferior de la corteza permanece unida, el peso de la placa provoca un hundimiento de la superficie. En cambio, cuando esa parte profunda se desprende, la desaparición de material denso favorece un rebote isostático y el levantamiento de la corteza.
Los cálculos realizados por los investigadores indican que, tras la delaminación, el espesor elástico efectivo de la corteza puede haberse reducido a una pequeña fracción del que conserva el antepaís intacto. Las estimaciones obtenidas a partir de los datos GNSS e InSAR apuntan a una reducción aproximada hasta entre una quinta y una decimoquinta parte.
Los autores consideran que este mecanismo explica mejor la deformación actual que otros procesos propuestos anteriormente, ya que permite entender la migración conjunta de las zonas de extensión y compresión y su estrecha relación con la estructura profunda de la cordillera. El trabajo plantea además que este modelo podría servir para estudiar otros sistemas montañosos asociados a antiguas zonas de subducción en las que la apertura de cuencas oceánicas ya ha perdido intensidad, pero la actividad tectónica continúa.