Isla surgida en el Mar Caspio
Surge una nueva isla en el mar Caspio mientras sus aguas retroceden a pasos agigantados
Entre Europa y Asia se extiende una enorme masa de agua que, pese a recibir el nombre de mar, no tiene conexión directa con los océanos. Es el mar Caspio, la mayor extensión de agua interior del planeta, una cuenca cerrada que comparten cinco países: Rusia, Kazajistán, Turkmenistán, Irán y Azerbaiyán. Sus dimensiones dan una idea de su magnitud. La superficie del Caspio ronda los 371.000 kilómetros cuadrados, un territorio similar al de Japón, mientras que su volumen de agua alcanza aproximadamente los 78.200 kilómetros cúbicos. Sin embargo, este paisaje podría cambiar de forma notable durante las próximas décadas.
Los científicos llevan años observando el progresivo descenso del nivel del agua y las proyecciones apuntan a una situación especialmente preocupante a finales de siglo. Una investigación liderada por la Universidad de Leeds calcula que el Caspio podría perder entre 5 y 10 metros de profundidad incluso en un escenario de calentamiento global inferior a 2 °C. El escenario más extremo es todavía más llamativo. Si el aumento de las temperaturas continúa intensificándose, el nivel del agua podría llegar a situarse hasta 21 metros por debajo del actual en 2100.
Y algunas de las consecuencias ya se están dejando notar. A medida que el nivel de agua desciende, nuevas islas van saliendo a la luz. La más reciente se ha descubierto en las últimas semanas cerca de la isla Kulaly. Tal y como recoge Euronews, el activista medioambiental Daniyar Akimzhanov formaba parte del grupo que informó del hallazgo, y explica que la nueva isla emergida es relativamente pequeña, pero que dista mucho de ser un caso aislado.
Algunas de estas nuevas formaciones de tierra alcanzan un kilómetro de largo y entre 200 y 300 metros de ancho. El descenso del nivel del agua ya ha empezado a transformar estos espacios en nuevos hábitats para la fauna. Akimzhanov cuenta que llegó a observar un jabalí en una de las islas, mientras que los lobos también han conseguido acceder a ellas atravesando las zonas heladas. Pese a su aparición, muchas de estas islas todavía carecen de nombre.
Los investigadores del Instituto Kazajo de Investigación del mar Caspio, creado por orden del presidente Kassym-Jomart Tokayev y operativo desde septiembre de 2025, creen que el retroceso del agua podría dejar al descubierto nuevas superficies de tierra en los próximos años. No obstante, advierten de que no todas las zonas que emerjan llegarán a consolidarse como islas permanentes.
Evaporación en aumento
El principal responsable sería el desequilibrio entre el agua que entra en la cuenca y la que se pierde. El incremento de las temperaturas está acelerando la evaporación de la superficie del Caspio, mientras que las aportaciones de agua que recibe no serían suficientes para compensar esas pérdidas. Al tratarse de una cuenca endorreica, es decir, sin salida natural hacia el océano, cualquier cambio en este balance tiene un impacto directo sobre su nivel.
Este retroceso del mar Caspio no solo amenaza con cambiar el paisaje de la región, sino también con provocar una grave pérdida de biodiversidad. Un estudio publicado en Communications Earth & Environment estima que cuatro de los diez ecosistemas exclusivos del Caspio podrían desaparecer por completo, mientras que la superficie cubierta por las actuales áreas marinas protegidas podría reducirse hasta un 94 %.
Incluso bajo los escenarios más favorables, los investigadores calculan que el Caspio podría perder 112.000 kilómetros cuadrados de superficie acuática, una extensión comparable a la de Islandia. El impacto sería especialmente importante porque buena parte de los espacios con mayor valor ecológico y económico se encuentran en aguas poco profundas.
Una amenaza para la fauna y las personas
El Caspio alberga más de 300 especies endémicas, entre ellas los esturiones y la foca del Caspio (Pusa caspica), el único mamífero marino que vive permanentemente en estas aguas. El descenso del nivel reduciría sus zonas de reproducción, dificultaría a los esturiones alcanzar los ríos donde desovan y acabaría con lagunas y humedales costeros esenciales para peces y aves migratorias.
La repercusión también alcanzaría a la población. Más de 15 millones de personas viven en las costas del Caspio y dependen de sus aguas para actividades como la pesca, el transporte y el comercio. Además, el retroceso podría alterar las condiciones climáticas de Asia Central.
A ello se suma un riesgo para la salud. La exposición del antiguo lecho marino podría generar polvo cargado de sal y contaminantes industriales, que las tormentas podrían transportar a grandes distancias y provocar problemas respiratorios, en un fenómeno que recuerda a la tragedia ambiental del mar de Aral.