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Campos de cultivo del área mediterránea con suelo afectado por la erosión

Campos de cultivo del área mediterránea con suelo afectado por la erosiónEuropa Press

Una superficie un 25 % mayor que Cataluña está amenazada por la erosión, que aumenta el riesgo de desertificación

Su impacto económico también es considerable: el deterioro de estos suelos supone un coste superior a los 50.000 millones de euros anuales, unos 137 millones al día

Este verano ha vuelto a marcar récord en lo que al calor se refiere al registrar 61 días bajo ola de calor y suponiendo el más cálido en España desde que hay registros, según datos de la Agencia Estatal de Meteorología (Aemet). Esto supone que aproximadamente dos tercios del pasado período estival España se ha encontrado bajo un calor extremo, lo cual afecta a nuestra forma de vivir, pero también al medio que nos rodea.

Una de sus consecuencias también pasa por los suelos, que cada vez corren más riesgo de erosión. En concreto, según un nuevo análisis de Save Soil basado en datos oficiales de Eurostat, un área de España 25 % más grande que Cataluña corre el riesgo de sufrir una grave erosión del suelo provocada por el agua.

Eso supone que cerca de 40.000 kilómetros cuadrados de territorio nacional estarían expuestos a un riesgo grave de erosión, la segunda mayor superficie de la Unión Europea afectada por este problema.

La erosión no solo arrastra la capa fértil de la tierra y reduce su contenido en materia orgánica. También disminuye la capacidad del suelo para retener agua, lo que agrava la vulnerabilidad de los cultivos ante unas sequías y unas olas de calor cada vez más recurrentes.

Pero a erosión no consiste únicamente en la pérdida de tierra fértil. También arrastra materia orgánica, reduce la capacidad del suelo para almacenar agua y deteriora sus funciones ecológicas. Un suelo sano contribuye a regular el ciclo hídrico, almacenar carbono y mantener la biodiversidad, mientras que su degradación puede favorecer la desertificación y aumentar la vulnerabilidad del territorio frente a los fenómenos meteorológicos extremos.

Un problema que afecta a toda Europa

La degradación del suelo no es exclusiva de España. Según las cifras citadas por Save Soil, entre el 60 % y el 70 % de los suelos agrícolas europeos se encuentran en mal estado. Aunque estas estimaciones se refieren a terrenos agrícolas, reflejan la dimensión de un problema que afecta a la conservación de los recursos naturales y a la capacidad de los ecosistemas para adaptarse al cambio climático. Su impacto económico también es considerable: el deterioro de estos suelos supone un coste superior a los 50.000 millones de euros anuales, unos 137 millones al día.

La recuperación de la salud del suelo se ha convertido así en una cuestión ambiental estratégica. En este contexto, la Unión Europea ha dado un paso con la aprobación de la Ley de Vigilancia del Suelo, que establece un marco común para evaluar su estado y detectar problemas como la erosión, la compactación o la pérdida de carbono orgánico. La norma pretende mejorar el conocimiento sobre la salud de los suelos europeos y facilitar la identificación de las zonas que necesitan medidas de recuperación.

Para Save Soil, el siguiente reto es trasladar ese conocimiento a las políticas comunitarias. La organización propone que los datos recopilados mediante esta legislación también sirvan para orientar la próxima Política Agrícola Común (PAC), prevista para el periodo 2028-2034, y favorecer prácticas que contribuyan a restaurar los terrenos degradados.

Praveena Sridhar, directora científica y tecnológica de Save Soil, advierte de que el aumento de las temperaturas y los fenómenos meteorológicos extremos están ejerciendo una presión creciente sobre los sistemas naturales. Frente a este escenario, sostiene que mejorar la salud del suelo puede ayudar a amortiguar los efectos de las sequías, gracias a una mayor capacidad para retener agua.

«Las temperaturas globales están aumentando y los fenómenos meteorológicos extremos están ejerciendo una mayor presión sobre las cosechas. Sin embargo, podemos reducir significativamente los efectos de las sequías mejorando la salud del suelo, ya que unos suelos agrícolas más sanos pueden retener más agua y ayudar a los cultivos a soportar los períodos de sequía», afirma.

La organización reclama que las políticas europeas incorporen objetivos verificables de recuperación del suelo y que la financiación comunitaria contribuya a alcanzarlos. También considera necesario evitar la duplicación de controles y que los costes de seguimiento recaigan sobre quienes aplican medidas de conservación.

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