'Carpe diem' digital en el sector público
En cinco o siete años, expirará el ciclo de vida de la infraestructura informática que se está comprando con fondos europeos, y la Administración tendrá que acometer la renovación con sus propios recursos
El aluvión de fondos NextGen liberados por la Unión Europea, con España como segundo país más beneficiado (quizás deberíamos ser más modestos al alardear de crecimiento económico ante los alemanes, que recibirán una quinta parte), está movilizando una campaña de inversión sin precedentes en equipos y servicios informáticos por parte de todas las administraciones: locales, provinciales, autonómicas y nacionales.
Si se usa bien el dinero, puede ser una gran noticia para los ciudadanos. Donde allí suceda, se impulsará la transformación digital de las instituciones públicas. En los centros de datos de la mayoría de ellas conviven desde trasuntos de locomotora de tren entrando en Macondo -equipos clásicos todavía activos, ineficientes y grandes consumidores de electricidad-, a algo parecido a frigoríficos inteligentes de nueva generación, en los que están optimizados al máximo el espacio y la energía… y lo que viene.
Si se usa bien el dinero, puede ser una gran noticia para los ciudadanos
Pero está siendo, con seguridad, una gran noticia para las empresas de servicios tecnológicos, tanto las que aportan la infraestructura, es decir, los equipos físicos, como las que diseñan la arquitectura de la red de comunicaciones o los modelos informáticos. Después de la ola de contratos que se desató a raíz de la pandemia, cuando muchas compañías descubrieron que quedarse fuera de la era digital daba una ventaja mortal a sus competidores, llegó una cierta apatía en el mercado y la inyección de gasto público en 2025 está viniendo fenomenal. Esa es la verdad.
De resultas de todo ello y gracias a los fondos NextGen, la Administración, que se había quedado retrasada en la adopción de la era digital respecto al sector privado, no sólo ha recuperado terreno, sino que, al coincidir la disponibilidad de dinero europeo con el inicio de la nueva ola de la inteligencia artificial, se está poniendo incluso por delante. Lo cual debería ser un motivo de satisfacción general (mejor tecnología ayuda a prestar mejores servicios públicos)… si no fuera por esa sensación de carpe diem que se está quedando en el mercado.
¿Qué pasará cuando haya que renovar los equipos y ya no estén disponibles los fondos europeos?
No es casual que, en cuestión de semanas, un directivo de una empresa proveedora de equipos físicos para desplegar inteligencia artificial, como Lenovo, y otro de una empresa de servicios informáticos dedicada a crear los modelos que corren por ellos, como Nutanix, coincidan en la misma percepción. ¿Qué pasará cuando haya que renovar los equipos y ya no estén disponibles los fondos europeos?
No será dentro de tanto tiempo. Si entras en la liga de la IA, te sometes a una aceleración desconocida hasta ahora en el sector tecnológico, y el importe medio por máquina es sensiblemente superior. La industria está salvando el año precisamente gracias a ese mayor precio y a la voracidad compradora de los gestores públicos, porque el negocio con las empresas está plano.
En cinco o siete años, expirará el ciclo de vida de la infraestructura informática que se está comprando con fondos europeos, y la Administración tendrá que acometer la renovación con sus propios recursos. Ya no pagará Von der Leyen esta vez. Para ir llenando la hucha y evitar sorpresas se podrían aprovechar los ahorros que generan las eficiencias de los nuevos equipos y programas. Pero eso implica mucha disciplina, término que no casa muy bien con el trasiego político.
En cinco o siete años, expirará el ciclo de vida de la infraestructura informática
Para la competitividad de un territorio resulta clave, además, que el sector público y el privado colaboren. No basta con dotarse del mejor servidor del mercado y alardear de IA. El desacoplamiento se pone de manifiesto, sin embargo, de muchos modos. Por ejemplo, en los retrasos que acumulan líneas de ayuda vinculadas precisamente a esos mismos fondos europeos que deberían fomentar un cambio de modelo productivo. Cuando le pregunté a una de las principales directivas del sector microeléctrónico si el fin del Perte Chip en 2026 les generaba intranquilidad o tranquilidad, escogió la primera respuesta.
Qué va a pasar después de esa fecha, en efecto, quita el sueño a muchos. Una de nuestras empresas tecnológicas emergentes más prometedoras, en un entorno favorable como el actual, ha tardado cuatro años en ver aprobada una línea de ayuda: dos años para el placet de Bruselas, y otros dos para el de España. Por menos retraso ha tenido que cerrar la ventana alguna startup. ¡Puede ser una pesadilla lo que suceda en un entorno más hostil!
No existe una cartografía unificada de hospitales o de áreas sanitarias en España
Otra forma de expresión del desacoplamiento tiene que ver con el uso que se pretende dar a esa mayor inteligencia que las inversiones en tecnología digital van a dar a la Administración. En España, el Catastro gestiona toda la distribución del territorio, hace el mapa básico, y las confederaciones hidrográficas se encargan de delimitar el curso de los ríos, las zonas inundables, los pantanos o los acuíferos. Pero esos dos organismos no tienen hoy ninguna conexión directa administrativa. No existe una cartografía unificada de hospitales o de áreas sanitarias en España. Todo esto no lo va a solucionar la tecnología sola.
Eugenio Mallol es periodista especializado en innovación tecnológica, autor, conferenciante y columnista. En la actualidad es director de estrategia y comunicación de Atlas Tecnológico, el primer ecosistema de la industria 4.0 en España, y coordinador y analista de la Cátedra Ciencia y Sociedad de la Fundación Rafael del Pino.