Mark Zuckerberg
Meta amordaza en público a su exdirectiva más incómoda: la batalla por el relato de Mark Zuckerberg
Meta quiere que se hable de Meta. No hay mejor campaña de marketing para un libro crítico que ver a su autora inmóvil en un escenario, obligada a guardar silencio por orden judicial mientras el público sabía que, precisamente, había ido a hablar
En el Hay Festival de Gales, la exdirectiva de Meta Sarah Wynn‑Williams, autora de Los irresponsables. Una historia de poder, codicia y falso idealismo (Península, 2025), se sentó durante una hora en un panel sobre El poder de la tecnología sin pronunciar una sola palabra. No podía hablar, pero tampoco asentir o negar con la cabeza, cualquier gesto que pudiera interpretarse como promoción de su libro la exponía a multas de 50.000 dólares por cada incumplimiento del laudo arbitral solicitado por Meta.
El festival, para evitar problemas legales, llegó incluso a retirar el libro de la venta durante el evento, de modo que el público asistía a una escena surreal en la que la escritora estaba allí, el libro no, y la palabra quedaba confiscada por una mezcla de contratos laborales, arbitraje y temor a las sanciones.
Qué cuenta Los irresponsables
Los irresponsables es la memoria en la que Wynn‑Williams, exdirectora de políticas públicas, narra desde dentro los años de Facebook en plena expansión global. El libro retrata a Mark Zuckerberg, Sheryl Sandberg y otros altos ejecutivos como una «pandilla» de dirigentes convencidos de tener superpoderes, más pendientes de acumular poder y acceso a gobiernos que de asumir la responsabilidad por los daños que su plataforma causaba.
Entre los episodios que relata figuran la respuesta de Facebook a crisis como la desinformación masiva, la violencia étnica y las campañas coordinadas desde regímenes autoritarios, así como acusaciones internas de acoso sexual y un ambiente corporativo donde la disidencia se penalizaba. Su autora quiso exponer que cuanto más poder acumulaban los líderes de Meta, menos responsables se sentían frente a los usuarios y la sociedad que dependía de sus sistemas.
El otro gran libro incómodo para Meta
Los irresponsables no es el único volumen que ha puesto en la diana a Zuckerberg y su compañía. Primero fue Frances Haugen con el libro La verdad sobre Facebook (Deusto, 2023) en el que describía una cultura corporativa obsesionada con el crecimiento y los datos, incluso a costa de la salud mental de los usuarios más jóvenes. Algunas investigaciones han detallado que la cúpula de Facebook disponía de datos internos que alertaban sobre el carácter adictivo de sus algoritmos y, aun así, priorizó «la participación a toda costa», especialmente entre adolescentes vulnerables.
También se ha conocido que la compañía llegó a ofrecer a anunciantes la posibilidad de dirigir publicidad a menores en momentos de «inseguridad» o «ansiedad», aprovechando sus estados emocionales detectados por la plataforma. Ese tipo de prácticas han alimentado una bibliografía crítica que va más allá del testimonio personal de Wynn‑Williams y coloca a Zuckerberg como símbolo de un modelo tecnológico que monetiza la atención sin medir sus efectos sociales.
La mordaza pública
La censura a Wynn‑Williams llega a través de una cláusula de no desprestigio firmada en su acuerdo de salida de la empresa. Meta argumenta que Los irresponsables viola ese compromiso contractual y logró, a través de un arbitraje de emergencia en Estados Unidos, que se prohibiera a la autora promocionar el libro o repetir públicamente sus acusaciones.
La censura a Wynn‑Williams llega a través de una cláusula de no desprestigio firmada en su acuerdo de salida
El matiz es que el árbitro no entra a valorar si lo que cuenta la exdirectiva es verdad o mentira; se limita a dictaminar que, de manera provisional, parece haber incumplido un contrato al hablar. De facto, esto convierte una cláusula laboral privada en una especie de mordaza pública: cualquiera que haya firmado algo similar se lo pensará dos veces antes de denunciar abusos, aunque los haya presenciado o sufrido.
El caso abre una grieta en el discurso de las grandes tecnológicas que pretenden ser defensoras de la libertad de expresión. Mientras Meta se presenta como un foro global donde caben todas las voces, no duda en utilizar todos los resortes posibles para impedir que una exdirectiva hable de su experiencia.
La batalla por el relato
Meta insiste en que el libro de Wynn‑Williams es un «mix» de acusaciones falsas, historias desactualizadas y relatos ya conocidos, y que su antigua empleada fue despedida por «mal rendimiento» y «comportamiento tóxico». Al mismo tiempo, la compañía despliega una estrategia agresiva para limitar el impacto del libro, consciente de que cada filtración, cada investigación y cada testimonio evidencia que la empresa conocía los daños de sus productos y aun así siguió adelante.
Sarah Wynn-Williams
Este choque entre versiones convierte a Zuckerberg en un personaje casi literario. El ingeniero que soñó con conectar el mundo ahora trata de controlar no solo los contenidos en su plataforma, sino también los libros que cuestionan cómo ejerció ese poder.