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Los irresponsables

Los irresponsables

La farsa de Zuckerberg y la «pandilla de chavales con superpoderes» que desvela una exempleada en un libro letal

Sarah Wynn Williams expone en Los irresponsables los secretos de Facebook tras sus siete trágicos años como testigo de un comportamiento perturbador

Han sido dos personas, dos mujeres, las que han abierto las cloacas de Facebook para que el mundo sepa qué pasaba allí alrededor de 2008. Cuando todos eran felices encontrando a familiares y amigos perdidos en una red social llamada Facebook, había un grupito de adolescentes sumando ceros a sus cuentas corrientes y poder, mucho poder, a su desconocido ego.

Primero fue Frances Haugen en 2023 con el libro La verdad sobre Facebook (Deusto, 2023). La extrabajadora de Facebook acusó a la compañía de Mark Zuckerberg de anteponer sus beneficios económicos al bienestar y la seguridad de sus usuarios. Haugen dejó la empresa en mayo de 2021, pero no sin antes haber recopilado decenas de miles de documentos internos que fueron bautizados como los «Papeles de Facebook».

Ahora es otra exempleada, Sarah Wynn-Williams, la que ha dedicado 464 páginas en Los irresponsables. Una historia de poder, codicia y falso idealismo (Península, 2025) a contar sus memorias de siete años en Facebook y explicar cómo fue su relación con Zuckerberg y su entorno en Meta. Sus viajes alrededor del mundo y cómo fue testigo de decisiones despiadadas de las que el propio Zuckerberg ha salido ileso. Un cambio de nombre (Meta por Facebook), el metaverso y buenas propinas demócratas y republicanas para que el ruido quede amortiguado.

Los irresponsables

Sarah Wynn-Williams

Los irresponsables

Una historia de poder, codicia y falso idealismo

Wynn-Williams enfoca el libro como una comedia disparatada. De sus páginas se desprende que esta diplomática neozelandesa que casi muere por el ataque de un tiburón, se sabía testigo de un puesto único, en una empresa única junto a personas poco adecuadas para gestionar un poder que, poco a poco, fue creciendo gracias todos los datos personales de miles de millones de personas en todo el mundo.

Su papel, en aquellos primeros tiempos, consistía más en «cuidar de una pandilla de chavales de catorce años a los que les habían dado superpoderes y una suma impía de dinero», mientras volaban por el mundo intentando comprender el alcance de su propio poder. Quizá, por todo eso, el propio dueño de Facebook ha intentado impedir la publicación de este libro que ahora ve la luz en España.

Zuckerberg, un «maníaco obcecado»

La autora traza un retrato descarnado y complejo de Mark Zuckerberg, especialmente en sus primeros años como líder mundial. La autora recuerda que, cuando se incorporó a Facebook, Zuckerberg era un joven ingeniero «tan ingenuo en temas políticos que a la empresa no le convenía que se reuniera con jefes de Estado».

Se mostraba nervioso, sudoroso y visiblemente incómodo en encuentros con líderes mundiales como el primer ministro ruso o el presidente de Corea del Sur. Aunque es interesante conocer la reacción del presidente de Canadá cuando le ofrecen conversar con Zuckeberg en una cena de líderes mundiales.

«No estaba interesado en política ni en países que no fueran Estados Unidos», escribe Wynn-Williams, que lo veía como un «maníaco obcecado» en construir una herramienta que cambiara el mundo.

Vivimos en un mundo al que han dado forma estas personas y su indiferencia letalSarah Wynn-Williams

Tenía incluso una norma estricta: nada de reuniones antes del mediodía. Con el paso del tiempo, Zuckerberg comenzó a asumir la magnitud de su influencia, aunque no siempre con responsabilidad. Se obsesionó con su legado, dejó de disculparse y, en palabras de la autora, «se atrincheró».

«Facebook es una autocracia de una sola persona», afirma Wynn-Williams en Los irresponsables, quien también lo describe como alguien «impaciente con la verdad y la crítica», que prefiere culpar a otros o negar la realidad. La autora hace una advertencia demoledora: «Vivimos en un mundo al que han dado forma estas personas y su indiferencia letal».

Tragedias mundiales

Wynn-Williams no solo traza un perfil personal de Mark Zuckerberg, sino que lanza una acusación a la estructura de poder que él representa. Lo que comenzó como una «farsa esperanzadora» terminó, en palabras de la autora, en una «tragedia llena de oscuridad y arrepentimiento».

Desde su puesto dentro de Facebook, Wynn-Williams fue testigo directo de cómo la compañía, bajo el control total de Zuckerberg y el respaldo de ejecutivos como Sheryl Sandberg, toleró y en ocasiones promovió acciones de extrema gravedad.

Destaca el papel de Facebook en el genocidio contra la minoría rohinyá en Myanmar, donde la «indiferencia letal» de los responsables impidió adoptar medidas mínimas de seguridad

Entre los ejemplos más contundentes, destaca el papel de Facebook en el genocidio contra la minoría rohinyá en Myanmar, donde la «indiferencia letal» de los responsables impidió adoptar medidas mínimas de seguridad, moderación y traducción. «El pez empieza a oler mal por la cabeza», sentencia la autora, en clara referencia al liderazgo de Zuckerberg.

También fue clave la manipulación de las elecciones en EE. UU., donde herramientas de segmentación y publicaciones ocultas ayudaron a Donald Trump a ganar. En Filipinas Facebook fue instrumentalizada por Rodrigo Duterte para sembrar miedo y desinformación con el apoyo de bots, troles y un algoritmo al que se le ocultaba la verdad.

Facebook y China

La denuncia se extiende aún más cuando Wynn-Williams detalla la relación de Facebook con China. A pesar de tener bloqueada la plataforma, fue objeto de una estrategia que incluía el desarrollo de herramientas de censura y vigilancia, acceso a mensajes privados y hasta un «interruptor de emergencia» para borrar contenido en momentos de crisis.

Zuckerberg y su equipo, asegura, ofrecieron al gobierno chino capacidades de control que no estaban dispuestos a compartir con el Congreso de EE. UU.

Lo más perturbador es la explotación emocional de los adolescentes

Pero quizás lo más perturbador es la explotación emocional de los adolescentes. Facebook, afirma, permitió a anunciantes dirigirse a jóvenes de 13 a 17 años en momentos de vulnerabilidad emocional, como cuando se sentían «inseguros» o «derrotados», para lo que utilizó datos como la supresión de un selfi para activar anuncios de productos de belleza, y asegura que la empresa mintió al negar públicamente estas prácticas.

Sarah Wynn-Williams

Sarah Wynn-Williams

A juicio de Wynn-Williams, el gran pecado de Zuckerberg no es solo su poder absoluto, sino su falta total de arrepentimiento: «Podría haberse permitido hacer lo correcto, pero no lo hizo». La tragedia, concluye, no es solo lo que Facebook ha hecho, sino el mundo que ha ayudado a construir con su indiferencia.

Javi, el «favorito»

La autora traza un retrato más humano de Javier Oliván, el directivo español que ha escalado hasta convertirse en CEO de Meta junto a Mark Zuckerberg.

Desde su papel como responsable del crecimiento global de la compañía, Oliván ha sido una figura clave en la estrategia de expansión, impulsando prácticas tan innovadoras como polémicas, como la importación de contactos sin consentimiento o la función «Personas que quizá conozcas», que describe como «la función de Facebook que pone los pelos de punta».

La autora lo muestra como alguien relajado, con «calle», sentido del humor y carisma. A diferencia de otros ejecutivos, disfruta de la pompa de los eventos, sobre todo si se habla español, y no oculta su ambición ni su entusiasmo por la tecnología. Su equipo compartía una mentalidad clara: «crecimiento a toda costa», incluso en la «zona gris creada por la ausencia de regulación».
Javier Oliván junto a Mark Zuckerberg, en las oficinas de Meta

Javier Oliván junto a Mark Zuckerberg, en las oficinas de MetaFacebook (Mark Zuckerberg)

No obstante, su influencia no se limita a estas anécdotas premium. Oliván fue decisivo en proyectos como Internet.org, se preocupó por el bloqueo de Facebook en Myanmar, participó en las negociaciones para la expansión en China y acompañó a Zuckerberg en viajes diplomáticos de alto nivel.

A lo largo del libro, queda claro que, aunque su estilo es menos ideológico, Oliván ha sido cómplice, por acción u omisión, de muchas de las tropelías cometidas por la compañía como por ejemplo su opinión sobre Snapchat y el uso que le acabarían dando los jóvenes. «Sigue dirigiéndolo todo junto a Mark», concluye Wynn-Williams.

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