Fundado en 1910

Wall Street.Contacto vía EP

Factura millonaria

La burbuja de la IA inquieta a Wall Street: las señales que recuerdan al desastre de las puntocom

La inteligencia artificial ha disparado inversiones, valoraciones y expectativas hasta niveles históricos. El inesperado freno de OpenAI y las advertencias de Anthropic ponen sobre la mesa la duda de qué pasará si la tecnología avanza más despacio

La inteligencia artificial lleva casi cuatro años sosteniendo una de las mayores carreras inversoras que ha vivido el sector tecnológico. Fabricantes de chips, centros de datos, eléctricas y grandes tecnológicas han destinado cientos de miles de millones a preparar una infraestructura diseñada bajo la premisa de que los modelos serán cada vez más potentes, necesitarán más capacidad de cálculo y encontrarán suficientes clientes dispuestos a pagar por ellos. El problema surge cuando una parte de la propia industria comienza a pedir que esa carrera reduzca la velocidad.

OpenAI ha descartado salir a Bolsa en 2026 después de que Sam Altman haya situado la seguridad de los nuevos modelos entre sus principales preocupaciones. Al mismo tiempo, Dario Amodei, consejero delegado de Anthropic, ha reclamado públicamente «reducir el ritmo» de avance de las capacidades de la IA. Altman ha respaldado buena parte de sus propuestas. Anthropic, sin embargo, mantiene sus planes para cotizar en el Nasdaq con una valoración que podría rondar los dos billones de dólares.

Dos de las compañías llamadas a justificar buena parte de las inversiones realizadas alrededor de la IA advierten de que la tecnología puede avanzar demasiado rápido justo cuando los mercados descuentan prácticamente lo contrario.

Una factura de casi 800.000 millones

Las cifras explican el nerviosismo. Las inversiones de capital relacionadas con la expansión tecnológica podrían alcanzar unos 795.000 millones de dólares en 2026 y superar el billón en 2027. El Banco de Pagos Internacionales calcula además que solo las cinco mayores tecnológicas mundiales invertirán más de un billón de dólares entre 2025 y 2026.

El mercado no necesita que la IA fracase para sufrir. Basta con que tarde más de lo previsto en generar el dinero necesario para rentabilizar semejante infraestructura.

El mercado no necesita que la IA fracase para sufrir

Es precisamente aquí donde aparece el fantasma de las puntocom. Entre 1995 y marzo de 2000, internet pasó de ser una promesa tecnológica a una obsesión bursátil. El Nasdaq se multiplicó varias veces antes de desplomarse. Desde su máximo de marzo de 2000 hasta octubre de 2002, el Nasdaq perdió más del 80 %. Yahoo llegó a cotizar cerca de 2.000 veces sus beneficios y numerosas compañías sin un negocio rentable consiguieron valoraciones multimillonarias.

Internet, sin embargo, no era una mentira. Amazon sobrevivió, Google apareció después y las redes construidas durante aquellos años terminaron convirtiéndose en la infraestructura de la economía digital. Lo que estaba equivocado no era la tecnología, sino el precio que se había pagado anticipadamente por su futuro.

Del ferrocarril a Japón

El Reino Unido vivió a mediados del siglo XIX una auténtica fiebre ferroviaria. Hubo especulación, exceso de inversión y una fuerte corrección bursátil, pero la red construida permaneció y el país pasó de unos 2.000 kilómetros de vías en 1844 a cerca de 14.000 en 1870. Algo parecido ocurrió con la electricidad décadas después. Una burbuja financiera puede estallar sin borrar la utilidad de la tecnología que la provocó.

​Más peligrosa fue la burbuja japonesa de finales de los años 80 porque estuvo acompañada de crédito y especulación inmobiliaria. El Nikkei alcanzó los 38.915 puntos en diciembre de 1989 y había perdido cerca de dos tercios de su valor en agosto de 1992. El exceso terminó dañando bancos, empresas y la economía japonesa durante años.

La IA se encuentra, por ahora, en un momento distinto. Las grandes compañías que financian la revolución actual generan enormes beneficios y sus múltiplos bursátiles están lejos de los excesos de 1999. Durante la burbuja puntocom, cerca de tres cuartas partes del Nasdaq cotizaban por encima de 60 veces beneficios o directamente perdían dinero. En el ciclo actual sucede prácticamente lo contrario.

China y Estados Unidos no quieren frenar

La política mundial convierte esta burbuja potencial en algo diferente. Estados Unidos considera el liderazgo en IA una cuestión de seguridad nacional. La Administración Trump ha ordenado acelerar su adopción, reducir barreras y facilitar que los modelos más avanzados lleguen rápidamente a Defensa e Inteligencia. China tampoco contempla quedarse atrás y su plan quinquenal 2026-2030 impulsa la iniciativa «AI Plus», los agentes de IA, la inteligencia incorporada y hasta la exploración de caminos hacia una inteligencia artificial general.

Por eso resulta difícil imaginar una pausa coordinada de todos los actores. Para Washington, frenar mientras Pekín continúa sería asumir una desventaja estratégica; para Pekín ocurre exactamente lo mismo.

El escenario más probable, por tanto, quizá no sea que la IA desaparezca como moda tecnológica, sino una selección mucho más dolorosa para el mercado. Si el crecimiento de los modelos se ralentiza, algunas inversiones en centros de datos dejarán de ser rentables, los fabricantes de chips sufrirán una reducción de pedidos y las valoraciones de compañías construidas sobre expectativas demasiado optimistas tendrán que ajustarse.

La historia también nos deja una última advertencia. Cuando estalló la burbuja puntocom, internet ganó. Quienes no sobrevivieron fueron muchas de las empresas que habían convencido al mercado de que cualquier precio estaba justificado con tal de participar en el futuro.