La guerra de la innovación, la innovación de la guerra
El escenario bélico se pone serio y España carece de una política industrial que le permita innovar y responder a las necesidades de fabricación como sucedió en la pandemia, más allá de las grandes corporaciones que aglutinan el 80% de los contratos
Uno, dos, tres, cuatro, cinco… ¡boom! Ese el tiempo que tarda en caer un dron ucraniano cuando el enemigo instala una antena de comunicación en la zona de conflicto. El ejército de Zelenski se ha convertido en una potencia tecnológica brutal, después de más de cuatro años de guerra, capaz de acabar con 23.000 soldados rusos al mes, según publicaba hace unos días el The Economist. Putin sigue a lo suyo, sin embargo, enviando cuerpos de personas a la carnicería.
Desde hace semanas, por las redes sociales circulan informes de inteligencia advirtiendo de un inminente ataque de Rusia a los países del Este de Europa. Probablemente, comenzará con un suceso aislado, con apariencia de error de cálculo, pero supondrá el inicio de una ofensiva dirigida a probar la tensión de las fuerzas europeas. Al parecer, España no permanece al margen de estas advertencias, lo cual convierte en una cuestión de Estado disponer de una industria capaz de innovar y, sobre todo, de producir a la escala a la que puedan requerir las circunstancias.
En los pasillos del Ministerio, se reconoce abiertamente que el sector se ha quedado sin un interlocutor claro e identificable
Pero no, como comenté ya, el Ministerio de Jordi Hereu va a ser incapaz de lanzar la ansiada Ley de Industria en la que tanto tiempo ha venido trabajando el hoy secretario de Estado Jordi García Brustenga, que incluye un entorno más favorable a la innovación y el impulso de la cultura industrial en España. En los pasillos del Ministerio, se reconoce abiertamente que el sector se ha quedado sin un interlocutor claro e identificable, papel que venía desempeñando AMETIC. Eso no es bueno, precisamente ahora.
Durante la pandemia del COVID-19, gracias al impulso de la secretaria general de Innovación, Teresa Riesgo, desde el sector público, y al compromiso casi heroico de un grupo pymes industriales de nuestro país, se logró articular una cadena de fabricación de respiradores en tiempo récord. Una especie de rescate de Dunkerque en toda regla, decenas de personas individuales, unidas por la idea de que la industria es capaz de todo, salvaron miles de vidas.
Hoy las pymes tienen que superar un verdadero calvario en España para acceder al sector de la defensa. Más del 80 % del presupuesto de inversión de la Dirección General de Armamento y Material (DGAM) y de los grandes programas de defensa recalan en un reducidísimo número de grandes multinacionales públicas y semipúblicas, Airbus, Navantia, Indra, General Dynamics y EM&E, sobre todo. Los canales de subcontratación y la permeabilidad de los fondos hacia los niveles inferiores de la cadena de suministro, los llamados Tier 2 y Tier 3, fallan de forma sistemática.
Hoy las pymes tienen que superar un verdadero calvario en España para acceder al sector de la defensa
Para optar a pliegos de contratación y subcontratación en proyectos clasificados de defensa, una pyme necesita obtener la Habilitación de Seguridad de Empresa (HSEM) y las Habilitaciones Personales de Seguridad (HPS) para sus directivos y técnicos. En ocasiones, también debe contar con la Habilitación de Seguridad de Establecimiento (HSE). Todas ellas son tramitadas a través de la Oficina Nacional de Seguridad (ONS), dependiente del Centro Nacional de Inteligencia (CNI).
Los Acuerdos de Normalización (STANAG) de la OTAN y las normas PECAL (Publicaciones Españolas de Calidad) del Ministerio de Defensa exigen que el fabricante garantice la calidad no solo en el producto final, sino en todo el proceso de diseño, producción y cadena de suministro. Las pymes que superan las auditorías de certificación adquieren un estándar operativo de excelencia que las preserva de la competencia de bajo coste de mercados asiáticos y extracomunitarios.
La gestión de estas acreditaciones puede prolongarse durante más de 6 a 12 meses, en el mejor de los casos
La gestión de estas acreditaciones puede prolongarse durante más de 6 a 12 meses, en el mejor de los casos. Esto acaba convirtiéndose en una pescadilla que se muerde la cola: la Administración no concede la habilitación a una pyme si no demuestra tener adjudicado un contrato clasificado, pero la pyme no puede presentarse al pliego ni ser contratada por una gran tractora si no dispone previamente de la habilitación.
Aunque el problema fundamental es probablemente peor que todo eso. Existe un dramático desconocimiento mutuo de la Administración y el tejido productivo. El Ministerio de Defensa y las distintas ramas del Ejército desconocen en gran medida las capacidades tecnológicas de las pymes españolas, que perciben al sector militar como un entorno ajeno, opaco o inalcanzable. Las licitaciones locales de las jefaturas de asuntos económicos del Ejército, la Agencia Europea de Defensa y las agencias de la OTAN no entran, por eso, en la agenda de acciones estratégicas de nuestras pymes.
Existe un dramático desconocimiento mutuo de la Administración y el tejido productivo
Sectores como el metalmecánico, el textil, el calzado, la química básica y la transformación agroalimentaria cuentan, hoy en día, con una capacidad de adaptación inmediata para integrarse en la cadena de suministro táctico y de seguridad. Pymes dedicadas a la matricería y al mecanizado de alta precisión para la automoción y la fabricación de bienes de equipo están capacitadas para fabricar vainas, carcasas de munición, estructuras de guiado de misiles y piezas de tren de rodaje para vehículos blindados.
En la geopolítica contemporánea, como señaló Mario Draghi en su informe, «las dependencias se están convirtiendo en vulnerabilidades». El sector agroalimentario es enormemente crítico, la soberanía estratégica y la seguridad de suministro constituyen hoy el primer dique de contención para proteger el bienestar de nuestro territorio, porque impiden la extorsión de terceros países y aseguran el abastecimiento.
La soberanía estratégica y la seguridad de suministro constituyen hoy el primer dique de contención para proteger el bienestar
Sin embargo, durante los últimos tiempos, se ha constatado la llegada de fondos de inversión extranjeros, provenientes de países de Centroeuropa, Asia y de otras regiones, dedicados a comprar y alquilar fincas agrícolas en España, ante la falta de relevo generacional en un sector cuya media de edad oscila entre los 60 y los 65 años.
Ucrania ha demostrado que la política industrial forma parte de cualquier estrategia de país en materia de defensa. Necesitamos capacidad productiva, pero en lugar de potenciar a las empresas existentes y favorecer la inversión (los accesos a la red eléctrica son un poema en España), preferimos convertirnos en el espacio para las plantas de ensamblaje de China que buscan así vender en Europa con marcado CE. ¡Boom!
Dron ruso Karakurt-R
Eugenio Mallol es periodista especializado en innovación tecnológica, autor, conferenciante y columnista. En la actualidad es director de estrategia y comunicación de Atlas Tecnológico, el primer ecosistema de la industria 4.0 en España, y coordinador y analista de la Cátedra Ciencia y Sociedad de la Fundación Rafael del Pino.