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Eugenio Mallol

El Funcionario Público del Año

La clase política deben ser consciente del reto que plantea la tecnología y no parece que avance: en la UE se plantea ya que los nuevos fondos para la competitividad incluyan el reparto territorial y la BBVA advierte en una carta junto a otras corporaciones del riesgo real de ciberataques con IA al sector público

Nacido y criado en Bogotá (Colombia), el propio Santiago Garcés tilda de «irónico» que la publicación Governing le haya reconocido como Funcionario Público del Año en Estados Unidos, por su trayectoria como director de innovación (CIO) del Ayuntamiento de Boston, precisamente ahora que deja el puesto. Se marcha a crear, junto a Mitchell Weiss, un laboratorio sobre ciudades e IA en la Harvard Kennedy School. No tendrá que cambiar de casa al menos.

Si en España fuéramos capaces de identificar al funcionario público del año, me encantaría que se expresara en términos similares a los de 'Santi' Garcés cuando conversé con él en marzo pasado: «para una empresa y un ciudadano, la experiencia del gobierno es distinta a la nuestra. Cada uno de nuestros departamentos tiene un pedacito del proceso. Un ciudadano, una empresa, está expuesta a toda la complejidad de gobierno y eso es parte de lo que los frustra», me dijo.

Un ciudadano, una empresa, está expuesta a toda la complejidad de gobierno y eso es parte de lo que los frustraSanti’ Garcés

En su último post en redes, ‘Santi’ Garcés admite que «mucha gente habla de que el gobierno está roto, de que no puede cumplir con su pueblo, porque le falta capacidad, imaginación, determinación». En su paso por cuatro ayuntamientos durante 15 años, ha descubierto que la solución no se encuentra sólo en «las matemáticas que había aprendido en la universidad», ni en «la eficiencia del código compilado».

«Tuve que pedir perdón a la gente», admite, «el cambio se mueve a la velocidad de la confianza. Y aprendí que la confianza lleva tiempo. No puedes ganarte la confianza a menos que estés dispuesto a hacer algo para arreglar las cosas. Los gobiernos deben ser eficientes, pero se quedarán atrapados en un mínimo local si no pueden aprender y asumir riesgos», escribe en su despedida del Ayuntamiento de Boston. Sus palabras suenan a eco lejano en el vociferante patio de vecinos que es nuestro país.

Nunca habíamos vivido una época como esta, en la que la tecnología define las relaciones geopolíticas hasta convertirse en la clave de casi todoSanti’ Garcés

Tecnólogos, directivos de empresas y gestores públicos españoles deberían anotarse las reflexiones del genio colombiano-estadounidense ‘Santi’ Garcés, porque el mapa económico y tecnológico mundial se está decidiendo en el terreno político. «Nunca habíamos vivido una época como esta, en la que la tecnología define las relaciones geopolíticas hasta convertirse en la clave de casi todo», me confiesa esta semana un exministro socialista.

Buena parte de la tarea de revisión depende, efectivamente, de nuestros gobernantes. «Es esencial entiendan la dimensión del reto actual, las implicaciones de la tecnología», me añade. Visto el bochornoso espectáculo político en torno a la crisis de Ceuta, hay muchos motivos de preocupación. Si sumamos la fragmentación regulatoria, las instancias duplicadas, las competencias borrosas, los silos de datos, la ideologización pegajosa… España es como un móvil que ha dejado de recibir actualizaciones de software.

Buena parte de la tarea de revisión depende de nuestros gobernantes

La cosa no pinta mucho mejor en la UE, inmersa ahora mismo en el diseño de los nuevos fondos que deben impulsar la competitividad de la economía europea a partir del año que viene, el gran descubrimiento del equipo Von der Leyen. Las personas con criterio que conocen bien las negociaciones se llevan ya las manos a la cabeza. Empieza a haber disenso en torno a si la competitividad tiene que incluir elementos de cohesión. «Hay que garantizar que los fondos de competitividad tengan un reparto territorial», se oye cada vez con más fuerza en Bruselas. Ya la hemos fastidiado.

El BBVA es la única entidad española firmante de una carta abierta titulada «Un llamamiento a la acción colectiva en defensa cibernética» orientada directamente a la acción política. Cuando le pregunté sobre cómo incide la fragmentación del sector en la protección de empresas y gobiernos, el CEO para EMEA de Palo Alto Networks, una de las compañías líderes mundiales en ciberseguridad, Helmut Reisinger, fue categórico: «el punto clave es entender que la ciberseguridad es una franquicia de datos global».

El BBVA es la única entidad española firmante de una carta abierta titulada «Un llamamiento a la acción colectiva en defensa cibernética»

La carta abierta de BBVA junto a lo más granado del sector tecnológico e industrial europeo y norteamericano asegura que, «en los próximos meses», no años, los ciberataques facilitados por la inteligencia artificial IA se generalizarán y sofisticarán mucho más. «Las empresas y los servicios públicos de los que dependen nuestras comunidades —desde hospitales y plantas de tratamiento de agua hasta la infraestructura que sustenta internet— están en riesgo».

La capacidad de generar confianza en el sector público ya no es una cuestión de ese exasperante MacGuffin político-periodístico-tertuliano llamado «relato». Eso valía para los tiempos en lo que esencial era ganar elecciones. Hoy lo fundamental es mantener la integridad de nuestras instituciones, porque sin eso todo lo demás será puro entretenimiento.

Hoy lo fundamental es mantener la integridad de nuestras instituciones, porque sin eso todo lo demás será puro entretenimiento

Anthropic estima que el mercado de sus sistemas de IA podría alcanzar los ¡30 billones de dólares!, una previsión a largo plazo que equivaldría al tamaño de toda la economía estadounidense. Nadie se lo toma verdaderamente en serio, pese a que aparece en los trabajos preparatorios de su salida a Bolsa, revelados por The Wall Street Journal. Pero forma parte del clima de incertidumbre actual. ¿Y si sí?

El economista jefe de la gestora Apollo, Torsten Slok, acaba de asegurar en una nota que si la IA tiene éxito y las empresas tecnológicas generan billones en ingresos, será enormemente deflacionaria y hará que los tipos de interés bajen. Si la IA no funciona, la burbuja estallará y el Nasdaq caerá un 50%. Los inversores rotarán sus inversiones, pasarán de tener acciones a bonos del Tesoro, y los tipos de interés a largo plazo caerán drásticamente. Para él la bajada de tipos es lo único seguro. En los próximos seis meses, el mercado decidirá qué escenario de IA se está desarrollando.

Algunos pensarán que la solución pasa por algo parecido a lo que hace el Instituto de Ciencias Biológicas de la Universidad Nacional de Singapur, que cuenta con un rack de servidores (una estructura metálica diseñada para alojar, organizar y proteger equipos informáticos) cuya potencia computacional proviene de 16 millones de neuronas humanas cultivadas en laboratorio. El soporte vital representa un problema, pero su consumo de energía es una pequeña fracción de la energía que requieren los chips de IA actuales. Quizás ese sea el camino, pero sin un sector público capaz de infundir confianza en el futuro, como pide ‘Santi’ Garcés, será mucho más difícil plantearlo.

Eugenio Mallol es periodista especializado en innovación tecnológica, autor, conferenciante y columnista. En la actualidad es director de estrategia y comunicación de Atlas Tecnológico, el primer ecosistema de la industria 4.0 en España, y coordinador y analista de la Cátedra Ciencia y Sociedad de la Fundación Rafael del Pino.

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