La dama del bosque

Estas extravagantes viajeras no paran en cualquier sitio, buscan terrenos mullidos donde puedan hincar el pico para encontrar las larvas, insectos y microorganismos que constituyen su alimento; siempre sitios húmedos y con mucha vegetación

Becada

BecadaReal Federación Española de Caza

Becada, chocha, arcea, sorda, pitorra, mingorra, agachona son los muchos vocablos con que se designa a la misma ave, la más reverenciada por los cazadores, tanto que la designan como la dama del bosque. Además nunca se escribe con su solo nombre, sus devotos la acompañan con toda suerte de adjetivos: imprevista, enigmática, fantasiosa y guapa ¡claro!

El plumaje debió inspirar el uniforme de los paracaidistas pues nada resulta más mimético; «Tienen en su plumaje toda la gama caliente de las hojas en otoño,» Gabriela Maura dixit. Además posee connotaciones artísticas pues su pluma epíptera, llamada pluma del pintor, se utiliza en las miniaturas para toques muy breves que no puede realizar otro pincel; esa pluma, los cazadores la utilizan como trofeo.

Los aficionados, más bien apasionados, a su cacería constituyen la élite del gremio, condición que comparten con los locos del reclamo de perdiz porque ambos viven el año entero pendientes de la corta temporada en que pueden desarrollar su afición. Los cuquilleros alimentan sus reclamos durante doce meses, cuidan la muda siempre conflictiva y solamente salen al campo durante el escaso tiempo que dura el celo de la perdiz. Los sorderos (prefiero el vocablo norteño porque becaderos definitivamente no me gusta) entrenan todo el año a sus perros, con preferencia de raza setter, para cazar cuando los fríos empujan a las chochas hacia el sur, es decir en noviembre hasta que vuelve el buen tiempo en el norte y regresan para criar allí.

Pero estas extravagantes viajeras no paran en cualquier sitio, buscan terrenos mullidos donde puedan hincar el pico para encontrar las larvas, insectos y microorganismos que constituyen su alimento; siempre sitios húmedos y con mucha vegetación; pero son inesperadas porque, recientemente, el doctor Caballero me informó que había cazado una chocha en los secarrales de Alcázar de San Juan.

Una vega muy limpia y de solo hierba donde a lo largo de sus tres kilómetros y medio se podían levantar entre tres y cinco becadas

Las nevadas de los pasados meses de Enero y Febrero me recordaron viejos tiempos, años atrás cuando nevaba en la sierra de Guadarrama era seguro encontrar a las becadas en el arroyo de Valdelamasa. Un arroyo vestido de vegetación arbustiva que campeaba en una vega muy limpia y de solo hierba donde a lo largo de sus tres kilómetros y medio se podían levantar entre tres y cinco becadas en esos día singulares, con la ventaja de que, si se fallaba o no podía dispararse, la volvías a encontrar luego porque no tenían otra querencia cercana.

Era una cacería fácil por la especial condición del terreno, llano y con el monte a batir muy estrecho aunque largo, nada que ver con lo habitual para esta especie. No puedo olvidar un día glorioso en que Teresa, mi querida esposa, y yo cobramos doce chochas con un solitario springer spaniel cazando. Quede aquí como homenaje al «Lass.»

Últimamente he vuelto a soñar con las becadas, ahora en tierras de la Alcarria y en condiciones algo semejantes: también un arroyo muy sugerente pero con las laderas de monte cerrado donde a las chochas les encanta aguardar que llegue la noche.

La compañía escogida: los dos Álvaros, Mariátegui y Arecibo junto a Peri que tocando a Guadalajara es el gran conocedor e imprescindible pareja. Como encargados de descubrir la caza un epagneul bretón joven pero entusiasta y un inesperado yagd terrier.

La cacería se inició con el entusiasmo habitual y pronto se levantó una sorda que voló, voló y voló… luego se hizo evidente que en el arroyo podía haberlas y las había, pero también en las laderas y para esas hubiera sido necesario la parada firme de un setter y romper un monte, a menudo impenetrable.

Más tarde se recorrió otro arroyo semejante pero de menor longitud y el resultado final fue de tres chochas tiradas, una cobrada y la propina de un par de perdices.

Guadalajara no tiene fama de bien comer y es injusto porque acoge varis restoranes donde se disfruta y no solamente con asados. En Marchamalo almorzamos pasadas las tres y fue un regalo para el paladar.

Por la tarde, Álvaro Mariátegui no pudo quedarse y el resto nos dedicamos a la caza selectiva de corzas que es una gestión necesaria para equilibrar el número de individuos de uno y otro sexo y que el exceso de hembras no agote a los machos, una situación que repercute en el trofeo. Atacamos la cacería con el sol vencido que es cuando los capreolus salen a terreno abierto y la empresa se dio mejor que bien.

Álvaro Arecibo tiró a buena distancia una corza que dio un espectacular salto al recibir el disparo lo que anunciaba un impacto delantero. El reguero de sangre era poco habitual y la cobra se antojaba segura y cercana mas hubo que andar quizás el centenar de metros ¡Qué duros son los animales silvestres!

Antes de llegar a la presa, en la vertiente opuesta, se presentó un jabalí de regular tamaño y allí se quedó para siempre. Era un macho adulto pero joven porque con las nuevas miras térmicas es un milagro que alguno llegue a los seis o siete años de edad necesarios para desarrollar unas buenas defensas.

Para una jornada dedicada a las becadas, no está mal haberla rematado con una corza y un marrano y si el resultado lo medimos en kilos, más mejor que dirían los vascongados.

  • El marqués de Laserna es académico de honor de la Real Academia de la Historia

Temas

comentarios
tracking

Compartir

Herramientas