Elegía por Dylor Solís de Juan
De profundísimas raíces católicas, e inalterable amor por su familia, amigos y el campo, magnífica anfitriona y una señora en todos los sentidos, las jaras y las encinas la lloran
María Dolores de Solís Casillas, 'Dylor'
Poco después de terminar la temporada de Monterías, nos dejaba María Dolores de Solís Casillas el pasado día 23 de febrero, para reunirse con el Altísimo, su marido Diego y su hermana «Mitty». Para todos los cazadores y amigos que tuvimos el honor de compartir días de ladras y jaras, mañanas y tardes de perdigón y noches de aguardo, era «Dylor».
De profundísimas raíces católicas, e inalterable amor por su familia, amigos y el campo, magnífica anfitriona y una señora en todos los sentidos, las jaras y las encinas la lloran.
Te conozco desde hace 56 años, que son los que tengo, y eras ya una institución; mis hijos tuvieron el honor de hacerse novio en «Las Corchuelas», rematando a cuchillo dos cochinos.
Conocías cada palmo de la finca, cada alcornoque, trocha, regato, puesto, querencia, suelta, mano…, por eso vivías allí, en tu paraíso terrenal. Más que el cortijo, tu hogar era la dehesa y la sierra.
Te recuerdo, junto a Mitty y Luis Aranguren en Turquía, cuando los lugareños os miraban con una parte de asombro y otra de descrédito al ver dos señoras educadas y elegantes. Poco tardaron en salir de su desconfianza: el primer día, Mitty cobró cuatro cochinos de bandera, a lo que respondiste tú con los mismos guarros machos en la siguiente jornada, todos excelentes lances y certeros disparos. Por supuesto, el domingo, recorrimos media Estambul, en busca de una iglesia católica donde celebrar la Eucaristía.
La temporada siguiente, las indómitas hermanas cazadoras formaban parte del mismo cuarteto del año anterior, destino: África. Por supuesto, toda la caza a la huella; tras azarosas caminatas por la sabana, asombrabais a porteadores y pisteros indígenas por vuestro pundonor, más, cuando un safari aún se podía llamar así, y hacíamos noche en tiendas de lona y mosquiteras junto al fuego.
Y aquel otro día de perros en Navalonguilla, con una ventisca y medio metro de nieve, en la que demostraste tu honra montera y sacrificio, con un humor estoico pasmoso. Y en otros cientos de monterías, cuando diluviando, permanecías impertérrita en tu puesto, mientras otros cazadores habían abandonado la tablilla.
Dueña de rehala, capitaneada por su hijo Diego; preocupada en julio para que tu montería fuera exitosa; viviendo la berrea en Monfragüe en agosto y septiembre; de octubre a febrero puntual en las juntas; después, el perdigón en tu casa y en Las Golondrinas. Cazando eternamente. Tu legado lo continuarán tus hijos Diego, Rafael y Marta y tus amados nietos.
Estoy agradecido a la vida por haber tenido el honor de conocerte; vida, que cuando corrió algo de peligro por las colmilladas que me decoran, permaneciste a mi vera, cuidándome.
El domingo subió por última vez a lo más alto de la cuerda celestial una de las últimas Damas Cazadoras; su pasión, respeto al campo y su corazón montero rompieron moldes y forman Leyenda de la Montería Española: Hilda, Rocío, Mitty, y ahora, Dylor.
Ignacio Higuero de Juan