Mayo con las flores

Época de trabajo afanoso: evitar y controlar plagas, desinfectar, arreglar, limpiar... De domar a los cachorros y de recapitular con los cachorrones que ya cazaron el año pasado, así como con los perros más testarudos

Parte de la familia Torrubias Redondo en un día de montería tras terminar de recoger.

Parte de la familia Torrubias Redondo en un día de montería tras terminar de recoger.Cedida por el autor

Confieso que no me gusta la primavera. Demasiado artificio y decoración. Demasiada voluptuosidad y polen. Mi época media por excelencia es el otoño, con su quietud, sus colores ocres y temperaturas frescas que acompañan a los albores de la temporada.

Pero hay que reconocer que el mes de mayo tiene cosas buenas y muy importantes. Se atisba casi la mitad del año, el buen tiempo se asienta, es momento de celebraciones y planes religiosos y civiles de todo tipo…

En el monte, las reses montunas crían el futuro. Mientras, en las perreras es momento de afianzar las bases de la próxima temporada. Época de trabajo afanoso: evitar y controlar plagas, desinfectar, arreglar, limpiar... De domar a los cachorros y de recapitular con los cachorrones que ya cazaron el año pasado, así como con los perros más testarudos. También es tiempo de renuevo. De cría y de poner mucho empeño en ello, apoyando a las madres con sus nuevas camadas.

Esto último tiene especial relación con un día muy especial que mayo guarda en su calendario: el día de la madre. Debería de ser todos los días del año pues, como dice el refrán, «madre no hay más que una y a ti te encontré en la calle», pero ya sabemos que se celebra el primer domingo de este mes.

Es día de homenajear el amor incondicional, la dedicación, el sacrificio y el papel fundamental que una madre juega en la vida de cada uno de nosotros. Desde la crianza hasta el desarrollo. De agradecer su permanente guía, reconocer su esfuerzo y compromiso, y valorar su influencia tanto en la vida personal de cada uno como en la sociedad en conjunto. Y no. No es un invento nuevo de El Corte Inglés… Ya se celebraba en Grecia mediante el culto a Rea o en Roma honrando a Cibeles, consideradas como madres grandiosas en ambas mitologías.

Hay madres, mujeres, hermanas… que participan activamente en la rehala, entran a batir, acompañan o van solas…

No quiero quedarme solo en las madres, sino que quiero extenderlo a todas las mujeres que forman parte de nuestras vidas y que, entrando en el tema que nos atañe, viven, comparten, sufren y nos amparan durante todo el año ante una dedicación tan exigente y comprometida como es esta nuestra.

Mireia Torrent, pies y manos de Quique Melero, en las perreras.

Mireia Torrent, pies y manos de Quique Melero, en las perreras.Cedida por el autor

Hay madres, mujeres, hermanas… que participan activamente en la rehala, entran a batir, acompañan o van solas… Que, en definitiva, la viven y la siguen con sus familias. Pero no es lo más común. Por ello, trataré de generalizar poniendo el foco en lo que es lo más habitual: que esperan pacientemente en casa.

Empezamos con las progenitoras, que, sin duda, sufren mucho el desarrollo de este arte por parte de sus hijos. Y es que no todo son alegrías en este oficio, por lo que acusan nuestras penas de la misma manera, o incluso más, que nosotros. La preocupación ante los kilómetros, el mal tiempo o el riesgo inherente que soportamos hace que durante cinco meses la inquietud aumente. Durante la veda, son mucho más que dos manos. Ayudarán en las tareas de las perreras con ilusión y ahínco sin, por supuesto, pedir nada a cambio. Y lo harán echando una mano en todas las faenas, directas o indirectas. Es una enorme ayuda emocional difícil de recompensar.

Siguiendo con las mujeres, aquí hay una clara diferencia entre las que acompañan a sus maridos y las que no.

En nuestro caso, no es que Eli acompañe a Jorge, sino que ella es parte imprescindible dentro de la estructura. No sé qué haríamos sin ella. Ayuda en las perreras durante todo el año con todo tipo de cuidados. Durante la temporada, conduce la furgoneta, se ocupa de toda la parte de oficina (listas, hojas de ruta, certificados de desinfección, etc.), y lo más importante, lo que mejor sabe hacer y lo que más le gusta: es nuestro ángel de la guarda en la suelta. Desenreda un agarre comprometido cuando nosotros ni nos enteraríamos, libra a perros propios y ajenos de carreteras y vías de tren, cuida y salva perros de todo el mundo con todo tipo de intervenciones, desde suturas de poca importancia a hacer el boca a boca a un perro que entra en parada, como presencié a finales de la temporada pasada.

Aquellas que, por imposibilidad, por obligación o por el motivo que sea, no van, no son menos heroínas que Eli. Están solas durante muchos días renunciando a planes y al descanso pues sus labores diarias se multiplican al quedarse solas. Es de justicia saberlo y reconocerlo, como tratar de mitigar las ausencias como mejor se pueda. Ellas, en la mayoría de los casos, lo saben, lo entienden y propician, pero no podemos dar todo por sentado.

Ya lo dice el refranero popular, «casa sin mujer y barco sin timón, lo mismo son». Mantengamos el rumbo.

En homenaje a todas las que se preocupan y sufren nuestras ausencias. Y en agradecimiento a mi amigo Enrique Melero y a su mujer Mireia Torrent, quienes me sugirieron escribir sobre este tema.

  • Diego Gómez-Arroyo Oriol es perrero

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