El profesional insiste en esta idea con una conclusión clara
Ganadería
Un granjero aragonés desmonta el mito del color de los huevos: «No hay diferencia prácticamente»
El profesional explica que los huevos blancos y marrones son casi idénticos tanto desde el punto de vista nutricional como organoléptico
El color de la cáscara del huevo ha dado lugar durante años a numerosas creencias sobre su calidad, su sabor o sus propiedades nutricionales. Para algunos consumidores, el huevo marrón parece más natural o más completo, mientras que el blanco puede asociarse a un producto distinto. Sin embargo, un granjero aragonés ha explicado que esa percepción no se corresponde con una diferencia real entre ambos alimentos.
«El mito es que no hay mito», afirma al comparar un huevo blanco con otro marrón. Según precisa, «huevos blancos y huevos marrones, nutricionalmente hablando y organolépticamente, son muy idénticos». Es decir, tanto su composición como las características que pueden apreciarse a través de los sentidos presentan muy pocas variaciones.
El profesional insiste en esta idea con una conclusión clara: «No hay diferencia prácticamente». La principal distinción entre ambos huevos no se encuentra en su contenido, sino en la raza de la gallina que los pone.
La raza explica el color de la cáscara
El huevo marrón mostrado por el granjero procede de una gallina de la raza Issa Brown. Según explica, se trata de «la gallina de puesta por excelencia». Esta raza produce huevos de tonalidad marrón, una característica externa que no implica por sí misma una mayor calidad nutricional.
En paralelo, el huevo blanco procede de otra gallina destinada igualmente a la puesta. El granjero señala que se trata de una gallina blanca llamada Legor, también considerada una raza especialmente vinculada a la producción de huevos.
De este modo, el color de la cáscara responde fundamentalmente al tipo de gallina y no a diferencias sustanciales en el alimento. Aunque el aspecto exterior pueda influir en la elección de algunos consumidores, el contenido de ambos huevos resulta prácticamente equivalente.
El granjero resume de nuevo su explicación con la misma idea con la que inicia la comparación: «Pero el mito es que no hay mito». Su conclusión es directa: «Son huevos prácticamente idénticos».