Fundado en 1910
Ricardo Díaz Martín

Investigación en España: ¿cómo se valora? ¿Producimos ciencia para otros?

Mientras en otros países se fomenta la aplicación del conocimiento, aquí no se estimula la innovación ni en el ámbito privado ni en el público

La semana pasada leímos noticias sobre la compra de revistas científicas de prestigio. De la necesidad surgen las oportunidades. La exigencia normativa de los investigadores por publicar artículos crea la oportunidad de comprar, con elevadas ofertas, revistas de alto impacto y cobrar a los investigadores por publicar en ellas. No es tanto, que prime la cantidad sobre la calidad del artículo, como que la calidad del artículo queda en entredicho si se publica pagando y produce una enorme desigualdad de oportunidades entre grupos de investigación jóvenes con pocos recursos y grupos consolidados cuyos recursos les garantizan el éxito en la publicación de su producción científica.

En las normativas de evaluación se valora, de manera casi única, la investigación fundamental, discriminando radicalmente la aplicada (innovación y transferencia), lo que obliga a profesores e investigadores a encontrar reconocimiento académico sólo en la publicación de artículos como única producción científica reconocible.

El sistema de publicación de artículos científicos es manifiestamente mejorable. En plena era de la inteligencia artificial, es urgente evolucionar hacia un sistema de revisión basado en Inteligencia Artificial que aplique criterios claros y objetivos. Herramientas avanzadas cuyos algoritmos evaluarían instantáneamente y con absoluta transparencia, la coherencia metodológica, la validez de los datos, la originalidad y la relevancia e impacto de la investigación, eliminando sesgos ideológicos o de competencia directa entre autores y revisores.

Aunque parezca una obviedad, la viabilidad económica de las revistas científicas debe basarse en los mismos criterios de cualquier otra publicación; es decir, pagar a los autores de los artículos (y revisores si no aplican Inteligencia Artificial) y cobrar a los lectores.

Para evitar esta inmensa «inflación publicatoria», es esencial revisar los criterios de evaluación de los investigadores. En España, el éxito académico sigue dependiendo casi exclusivamente del número de artículos publicados en revistas indexadas, sin valorar adecuadamente otras contribuciones científicas como la investigación aplicada, la innovación y la transferencia de conocimiento; máxime cuando este tipo de investigación es lo que habilita a un país a ser tecnológicamente competitivo, generando un retorno más rápido de la inversión sobre la sociedad que sufraga los costes de la investigación.

Los profesores de universidades politécnicas son quienes generan más contratos de innovación con empresas porque investigan en innovación y transferencia de manera muy próxima al tejido productivo e industrial. Sin embargo, debido a un sistema de evaluación deficiente, el reconocimiento que merecen no se corresponder al mérito de su trabajo, recibiendo de promedio menores números de sexenios de investigación.

La consecuencia es clara: la investigación aplicada y la innovación resulta penalizada y los científicos escogerán producir únicamente investigación básica. No se trata de que una investigación sea mejor o peor, ambas son necesarias y complementarias. Lo negativo es su enorme desequilibrio entre ambas. La investigación básica se publica en acceso abierto, lo que significa que otros países pueden aprovecharla para desarrollar aplicaciones, patentes e innovaciones industriales sin que España obtenga un retorno de su inversión en investigación básica.

Mientras en otros países se fomenta la aplicación del conocimiento, aquí no se estimula la innovación ni en el ámbito privado ni en el público. El resultado es una paradoja: formamos investigadores altamente capacitados, pero terminamos exportándolos porque no encuentran oportunidades en nuestro país. No es una «fuga de cerebros», es su expulsión directa del país que los formó para que produzcan riqueza en el extranjero.

El panorama es preocupante, pero no irreversible. España cuenta con científicos de primer nivel, muy valorados en el extranjero. Si logramos cambiar el modelo de evaluación y financiación de la ciencia, promoviendo equilibradamente la investigación orientada a la innovación podríamos retener y aprovechar mejor este talento.

Si queremos que España sea líder en investigación y tecnología, debemos replantearnos cómo medimos y valoramos la producción científica, como creamos nuevos modelos de financiación público-privado, y cómo aprovechamos el talento que formamos. Sólo así podremos construir un sistema de investigación más justo, útil y competitivo.

Ricardo Díaz Martín es decano del Consejo General de Colegios Oficiales de Químicos de España