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Ratones rayados africanos utilizados en el estudio

Ratones rayados africanos utilizados en el estudioC.Todd Reichart/Universidad de Princeton

Ciencia

Descubren el gen que determina el comportamiento de los padres con sus hijos

  • Los investigadores encontraron este gen que actúa como 'interruptor' cerebral en el ratón rayado africano

  • El gen se llama 'agouti' y los machos con un nivel bajo muestran una mayor tendencia al cuidado de sus crías

De las cerca de 6.000 especies de mamíferos, menos del 5 % de los padres se quedan para cuidar a sus crías e incluso en muchos casos son manifiestamente hostiles con ellas. En este contexto, un equipo de investigadores han descubierto ahora en roedores el gen que actúa como 'interruptor' cerebral y que explicaría la diferencia entre un comportamiento paternal cariñoso y otro negligente y hasta abusivo.

El gen se llama 'agouti' y los machos con un nivel bajo muestran una mayor tendencia al cuidado de sus crías, mientras que los que tienen niveles altos tienden a desentenderse y a mostrar incluso actitudes agresivas; el hallazgo lo han logrado investigadores del Instituto de Neurociencia de la Universidad de Princeton (Estados Unidos) y hoy publican los resultados de su trabajo en la revista Nature.

Motivados por el deseo de comprobar esas diferencias en el comportamiento paternal, unas diferencias que también se manifiestan entre los humanos, y de conocer por qué unos son cariñosos y otros negligentes y abusivos, los investigadores recurrieron a un roedor, el ratón rayado africano, que tanto en libertad como en el laboratorio han mostrado tendencias y estilos de crianza muy variados.

Los mejores cuidadores desempeñan un papel activo en el cuidado de las crías, las lamen y asean para mantenerlas limpias, o las acurrucan bajo su vientre para mantenerlas calientes y a salvo de las inclemencias del tiempo, pero los peores ignoran a las crías indefensas o incluso las atacan.

Los investigadores colocaron ratones machos rayados en diferentes entornos, con y sin crías, y mapearon su actividad neuronal, y así llegaron a descubrir que una región cerebral específica actuaba como un verdadero «centro parental», y que las neuronas situadas en un lugar muy concreto del cerebro, el 'área preóptica medial', se activaban significativamente más al encontrarse con un cachorro.

Pero también comprobaron que no todos los machos experimentaron el mismo aumento, porque al comparar a los machos cariñosos con los más distantes u hostiles, vieron que los primeros mostraron mayor actividad en esta región que los negligentes.

De hecho, no es el embarazo ni la paternidad lo que transforma los cerebros de los machos, han corroborado los investigadores en el resumen que ha facilitado la Universidad, y han comprobado que incluso los animales 'solteros' pueden ser tan capaces de cuidar como los padres experimentados.

Y comprobaron así que los machos que pasaban más tiempo cuidando de sus crías tenían niveles más bajos del gen 'agouti' en sus cerebros, lo que supuso una sorpresa para los científicos, ya que hasta ahora era muy conocido el papel que ese gen desempeña en la pigmentación y el metabolismo, pero no por su importancia en la modulación del comportamiento paternal.

Para entender mejor cómo afecta ese gen en la crianza de los hijos, los investigadores utilizaron terapia genética para aumentar artificialmente los niveles de 'agouti' en el cerebro, tratando así de imitar la biología natural de un padre negligente, y comprobaron así que cuando los machos se reencontraron con sus crías después del tratamiento, mostraron menos interés en ellas que antes, y algunos incluso se volvieron agresivos.

También al revés, porque con algunos roedores probaron un tratamiento 'natural' y trasladaron a a algunos machos desde un régimen de vida comunitario a uno solitario y descubrieron que sus niveles de ese gen disminuyeron y que los animales mostraron entonces más interés en las crías.

Los investigadores han destacado en su investigación que el gen 'agouti' también se encuentra en los humanos, pero han advertido que su experimento no significa que esos mismos mecanismos modulen el comportamiento paternal en las personas, y mucho menos que tomar una pastilla pueda convertir a un hombre en mejor padre o que las dificultades en la crianza reflejen algún tipo de diferencia molecular.

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