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Venus y la TierraWikimedia Commons

Científicos españoles demuestran que Venus pierde mucho menos calor que la Tierra

Hasta ahora, los estudios existentes habían analizado regiones concretas, pero el nuevo trabajo desarrollado por estos investigadores va más allá

La Universidad Rey Juan Carlos (URJC) y la Universidad Complutense de Madrid (UCM), ha participado en un estudio internacional que ha desarrollado el primer mapa global del flujo de calor de Venus, revelando que el planeta disipa proporcionalmente mucho menos calor que la Tierra.

La investigación, en la que también han participado investigadores de la Universidad de Cádiz (UCA), de la Technical University of Denmark y de la University of Ottawa, demuestra que este planeta, a diferencia de la Tierra, apenas se está enfriando.

Aunque la Tierra y Venus suelen considerarse «planetas gemelos» por sus tamaños y masas similares, este nuevo estudio ha constatado que su funcionamiento interno es radicalmente distinto, además de que las estructuras geológicas observadas en ambos planetas también son muy distintas, lo que sugiere dinámicas internas divergentes.

Venus está envuelto por una atmósfera de dióxido de carbono con una presión 90 veces superior a la terrestre, lo que provoca un efecto invernadero desbocado con temperaturas superficiales cercanas a los 470oC.

En la Tierra, la dinámica interna está dominada por la tectónica de placas, por lo que la mayor parte del calor interno se libera en las dorsales oceánicas, donde se crea nueva corteza, y donde también contribuyen la circulación hidrotermal en el fondo marino y los llamados puntos calientes, como el que origina el archipiélago de Hawái.

Actualmente, el interior de la Tierra se enfría de forma muy eficiente gracias a la tectónica de placas ya que nuestro planeta está perdiendo energía interna de manera activa y sostenida: el calor que escapa por su superficie es entre dos y tres veces superior al generado por la desintegración de elementos radiactivos presentes en su interior.

A diferencia de la Tierra, no disponemos de mediciones directas del flujo de calor de Venus, aunque este puede estimarse a partir de las propiedades de su litosfera, la capa externa rígida del planeta, ya que el comportamiento de las rocas depende de la temperatura.

Hasta ahora, los estudios existentes habían analizado regiones concretas, pero el nuevo trabajo desarrollado por estos investigadores va más allá y ofrece el primer mapa global del flujo de calor venusiano, lo que permite estimar la pérdida total de calor del planeta.

Los resultados, publicados en la revista Communications Earth & Environment, indican que «la pérdida total de calor de Venus es similar a la cantidad de calor generada por la desintegración de elementos radiactivos en su interior», según ha explicado el investigador Javier Ruiz Pérez, uno de los autores del estudio.

«Esto implica que el planeta se está enfriando muy lentamente, o incluso podría estar experimentando un ligero calentamiento interno. En comparación con la Tierra, Venus disipa proporcionalmente mucho menos calor», ha insistido Ruiz Pérez, del departamento de Geodinámica, Estratigrafía y Paleontología de la UCM.

El patrón geográfico del flujo de calor en Venus es mucho más homogéneo que en la Tierra, una diferencia que se explica por la ausencia de tectónica de placas activa, según ha explicado otro de los investigadores,Alberto Jiménez Díaz, profesor del área de Geología de la URJC.

Mientras que en la Tierra el calor se concentra en límites de placas bien definidos, en Venus la distribución es más uniforme, aunque «el estudio identifica zonas con valores elevados de flujo de calor asociadas a sistemas de rifts, donde la litosfera se está separando, procesos que recuerdan a los que ocurren en la Tierra», añade.

El balance global de calor y su distribución geográfica muestran que la dinámica interna de Venus es profundamente distinta a la terrestre y, aunque ambos planetas comparten tamaño y composición general, su evolución térmica ha seguido caminos muy diferentes.

Estos resultados ayudan a comprender no solo la historia geológica de Venus, sino también los procesos que determinan la habitabilidad y evolución de los planetas rocosos, incluido el nuestro.