Ameriza en el Pacífico la cápsula tripulada de Artemis II con ayuda de paracaídas
Artemis II
Cerebro inundado y huesos disueltos: qué le ocurre al cuerpo humano tras 10 días en el espacio
Al permanecer varios días sin experimentar la gravedad terrestre, el cuerpo humano sufre distintos cambios fisiológicos
Tras más de nueve días, la tripulación de Artemis II ya está en casa. A las 02:08 horas de este sábado la cápsula Orión descendió como una potente bola de fuego desde la atmósfera, amerizando sutilmente sobre las aguas del océano Pacífico. Posteriormente, los astronautas tuvieron que permanecer dentro de la cápsula unas dos horas tras el impacto antes de la apertura de la escotilla.
Una vez pasado este tiempo, entró en juego Estados Unidos, encargado de trasladar a la tripulación al buque anfibio USS John P. Murtha. Y es que tras casi diez días en el espacio, Jeremy Hansen, Reid Wiseman, Victor Glover y Christina Koch han experimentado de primera mano los efectos de no tener gravedad.
Para hacernos una idea, el ser humano está acostumbrado a la aceleración de la gravedad en la superficie de la Tierra, de 9,81 metros por segundo al cuadrado. Sin embargo, al permanecer varios días sin experimentar este empuje, el cuerpo humano sufre distintos cambios fisiológicos. De hecho, los astronautas de Artemis II experimentarán varias modificaciones en varias zonas del organismo derivados de la exposición a la microgravedad.
Ameriza en el Pacífico la cápsula tripulada de Artemis II con ayuda de paracaídas
Uno de los cambios más rápidos e inmediatos es la redistribución de los líquidos corporales hacia la parte superior del cuerpo debido a la falta de gravedad. Esto deriva en un hinchazón facial y una presión en la cabeza extra como consecuencia del aumento del flujo sanguíneo. Hay que tener en cuenta que sin gravedad, unos dos litros de fluido se desplazan violentamente hacia la cabeza, comprimiendo el tejido cerebral contra el cráneo.
De igual manera, esta presión puede provocar una alteración en el nervio óptico, produciéndose visión borrosa en algunos casos. Este último síntoma suele ser más común en misiones de larga duración. Este conjunto de síntomas se conocen como Síndrome de Adaptación Espacial y suele tener lugar en los primeros días de la misión.
A esto hay que añadir que nuestro equilibrio se ve modificado, dado que depende de la gravedad para funcionar correctamente. De regreso a la Tierra, es normal que la tripulación experimente mareos, desorientación e incluso dificultad para caminar. Por ello, son vitales los servicios médicos de la NASA, los cuáles ayudarán a los astronautas a adaptarse más rápidamente a las condiciones terrestres.
Cambios en músculos y huesos
Un entorno sin gravedad provoca, a la larga, efectos significativos en todo el cuerpo humano. En músculos, la ausencia de la fuerza terrestre genera una reducción en cuanto a su resistencia. Como consecuencia, la masa muscular puede reducirse hasta en un 20 % en un periodo de dos semanas.
Ameriza en el Pacífico la cápsula tripulada de Artemis II con ayuda de paracaídas
En cuanto a los huesos, al no haber gravedad, nuestro cuerpo detecta que el esqueleto ya no es necesario para sostener peso. Esto se debe principalmente a unas células llamadas osteoclastos, las cuáles comienzan a absorber el tejido óseo a una velocidad 10 veces superior a la de una persona con osteoporosis grave en la Tierra. En definitiva, los astronautas pueden llegar a perder hasta un 2 % de su masa por cada mes en entornos sin gravedad. En el caso de la tripulación de Artemis II, se estima una pérdida cercana al 0,5 % durante la duración de la misión.
De hecho, los astronautas experimentarán un proceso conocido como intolerancia ortostática. Este trastorno físico dificulta que los astronautas se mantengan de pie o sentados erguidos al regresar a la Tierra tras estar en microgravedad, dada la 'relajación' del cuerpo humano a un entorno sin gravedad.
Modificación del ADN
De sobra son conocidos los efectos que tiene la radiación espacial en el cuerpo humano. Distintas investigaciones han puesto de manifiesto cómo estas partículas dañan el ADN de los astronautas mediante fracturas directas o estrés oxidativo, provocando roturas de cadena simple/doble y alteraciones estructurales.
Estos daños aumentan el riesgo de cáncer, enfermedades cardiovasculares, daño al sistema nervioso y acortamiento de telómeros, afectando la reparación celular. Por ello, la NASA ha empleado estrategias y tecnologías avanzadas de protección y monitoreo de radiación en Artemis II, con el objetivo de salvaguardar a la tripulación fuera del escudo magnético terrestre.