Ilustración del periodo de máximo esplendor de helechos al final del Triásico
Ciencia
Incendios prolongados y colapso de los bosques: así fue la extinción del Triásico
La investigación, liderada por geólogos de la Universidad de Utrecht (Países Bajos), se ha publicado recientemente en Nature Geoscience
La extinción masiva del final del Triásico, ocurrida hace 201 millones de años, estuvo relacionada con el un proceso de vulcanismo provocado por la fragmentación de Pangea. Aquel supercontinente comenzó a separarse, abriendo grietas masivas en la corteza terrestre, dando lugar a la creación de la Provincia Magmática del Atlántico Central (CAMP), una de las regiones volcánicas más grandes de la historia.
Como consecuencia, se liberaron enormes cantidades de dióxido de carbono a la atmósfera y causó un calentamiento global de entre 5 y 10 grados. La vegetación dominada por árboles colapsó y extensas zonas del actual noroeste de Europa fueron ocupadas por sabanas de helechos. En total, se estima que cerca del 70-80 % de las especies fueron eliminadas, entre ellas reptiles marinos o anfibios gigantes.
En este contexto, una investigación internacional liderada por geólogos de la Universidad de Utrecht (Países Bajos) y publicada en Nature Geosciencedetalla que estos paisajes fueron especialmente propensos a incendios de gran magnitud. Como factor clave aparecieron los helechos, que actuaban como combustible y contribuían a alimentar las llamas.
El equipo neerlandés analizó sedimentos de cuatro núcleos de perforación en el Reino Unido, permitiendo reconstruir la actividad de los incendios mediante la presencia de carbón fósil y de hidrocarburos aromáticos policíclicos, moléculas orgánicas generadas en el humo de los fuegos forestales.
Estos datos mostraron una intensa actividad de incendios durante el principal intervalo de extinción, coincidiendo con la proliferación de helechos. Sin embargo, el carbón puede fragmentarse dentro de las muestras y los hidrocarburos no siempre se depositan cerca del fuego ni se conservan. Por ello, los investigadores desarrollaron un método complementario basado en el color de los microfósiles.
Hojas de helecho antiguas
«La novedad de este estudio radica en el análisis de los cambios de color de los microfósiles orgánicos. Utilizamos una técnica sencilla y de muy bajo coste que cuantifica la «oscuridad» del polen y las esporas fósiles, denominada Índice de Oscuridad de Palinomorfos», explica Bas van de Schootbrugge, uno de los autores principales.
Habitualmente, los microfósiles se oscurecen cuanto más profundamente quedan enterrados, debido al aumento de la presión y la temperatura. No obstante, los cuatro testigos mostraron un patrón inusual. En concreto, el polen y las esporas más antiguos eran claros, se volvieron marrones durante la extinción y recuperaron después tonos amarillentos.
Por ello, los investigadores realizaron 15.000 mediciones y comprobaron que el fenómeno afectaba por igual al polen de los árboles y a las esporas de los helechos. Esta denominada «Zona Oscura» coincidía con los incendios prolongados, la expansión de los helechos, la extinción y la abundancia de carbón e hidrocarburos.
Van de Schootbrugge destaca la capacidad de estas plantas para ocupar espacios devastados: «Los helechos son plantas verdaderamente extraordinarias que han resistido numerosas crisis a lo largo de la historia de la Tierra, y algunas especies pueden adaptarse a los entornos más extremos. Se les puede considerar auténticas especies de desastre».
Los helechos podían rebrotar desde sus raíces después del fuego y desplazar a otras especies. Cuando se secaban, sus masas densas facilitaban nuevos incendios: «Los helechos respondieron a las llamas y las alimentaron, provocando repetidos incendios forestales masivos. Un mundo verdaderamente infernal».