La geoingeniería solar podría frenar las consecuencias del calentamiento global
Un parasol gigante en el espacio: la idea de un grupo de científicos para «resolver el calentamiento global»
Una organización estadounidense ha publicado un estudio sobre geoingeniería solar que podría enfriar la Tierra después de que Elon Musk se pronunciara sobre este asunto
El magnate sudafricano Elon Musk insinuó que la Tierra podría enfriarse lanzando satélites al espacio para protegerla del sol. Lo hizo a través de un mensaje colgado en redes sociales el pasado mes de agosto. El magnate sudafricano alegó que estos «satélites inteligentes» podrían «solucionar el calentamiento global durante aproximadamente mil millones de años».
El empresario y director ejecutivo de la empresa aeroespacial SpaceX lanzó esta idea que en un principio fue acogida con algo de humor en las redes sociales. Y es que muchos usuarios compararon estos «satélites inteligentes» con el parasol que uno puede colocar en un jardín para que no le dé el sol o con el que uno pone en la parte delantera del coche si lo has dejado aparcado en un sitio sin sombra y con el sol dándole de frente.
Sin embargo, un grupo de científicos se ha tomado la idea en serio y que estarían estudiando métodos espaciales con el fin de reflejarle la luz solar para que así se pudiera alejar de la Tierra y así enfriar el planeta. El objetivo sería tratar de usar estos métodos para hacer frente a las altas temperaturas que cada año se están registrando en varios zonas del planeta.
Planetary Sunshade Institute, una organización sin ánimo de lucro con sede en Los Ángeles, California, ha publicado este mes un informe que supone un análisis más detallado sobre lo que supondría este tipo de métodos de geoingeniería, según indican sus investigadores. La construcción de un «parasol planetario» con el fin de evitar el calentamiento global de la Tierra podría ser viable en tan solo 20 a 40 años. Así lo señala este informe, realizado en base a estudios estudios de un consorcio de ingenieros y científicos climáticos, en el que también ha tenido un papel algunas agencias espaciales como la NASA.
El plazo sugerido dependería del ritmo de desarrollo de cohetes de gran capacidad capaces de transportar millones de toneladas de material al espacio profundo con la finalidad de poder construir dicho parasol, asegura el estudio al que ha tenido acceso la revista Nature.
«Mucha gente piensa que esta idea es pura fantasía. No obstante, la disminución de los costes de lanzamientos espaciales ha hecho que la perspectiva parezca más factible», afirma Chantal Cappelletti, ingeniera de sistemas espaciales de la Universidad de Nottingham (Reino Unido) de la organización que ha hecho el estudio.
Imagen de archivo de una puesta de Sol
«No es ciencia ficción»
Y es que el bloqueo de la luz solar con el fin de enfriar la temperatura del planeta ha sido objetivo de discusión en los últimos años. A esto hay que añadir otra propuesta que aboga por liberar partículas reflectantes de la luz solar a la atmósfera terrestre. Este método alteraría la Tierra de varias maneras, provocando el crecimiento de las plantas o la alteración de las precipitaciones, entre otras cuestiones. Además, el lanzamiento de este tipo de objetos al espacio podría provocar también su contaminación. Existen varias voces críticas que sostienen que el desarrollo de este tipo de métodos desviaría la atención sobre «la urgente necesidad de reducir las emisiones de gases de efecto invernadero para combatir el cambio climático».
La geoingeniería solar sería una de las posibles soluciones al calentamiento global, teniendo en cuenta que el planeta podría superar los 1,5 º de calentamiento por encima de la temperatura de referencia preindustrial del planeta. «La acelerada crisis climática está impulsando al mundo hacia la geoingeniería solar», alega Morgan Goodwin, activista climática y directora ejecutiva del Planetary Sunshade Institute.
El estudio al que se hace referencia es el proyecto más ambicioso impulsado por esta asociación hasta el momento, ya que contaría con una subvención de 400.000 libras esterlinas –530.000 dólares estadounidenses– emitidos por la Agencia de Investigación e Invención Avanzada del Reino Unido (ARIA), un organismo patrocinado por el Gobierno británico que tiene por objetivo financiar investigaciones de alto potencial y de alto nivel. Esta cantidad forma parte de un programa de investigación más amplio de hasta 56,8 millones de libras esterlinas de ARIA sobre geoingeniería solar.
Daniele Visioni, científico climático de la Universidad de Cornell en Ithaca (Nueva York) considera que «antes había descartado los métodos espaciales como ciencia ficción». No obstante, el propio Visioni acudió a principios de este año a un taller de ingeniería que investiga estos métodos que le hizo cambiar de opinión. «Merecen más atención, pero no lo consideraría algo factible antes de que termine el siglo», admite.
Heliogiros o una enorme nube de polvo
El estudio se hace eco de los efectos climáticos y de los requisitos de ingeniería de seis «arquitecturas» que podrían utilizarse para construir un enorme parasol en el espacio lo suficiente grande como para bloquear cerca del 1 % de la radiación solar que llega a la Tierra. Esto rebajaría las temperaturas del planeta en 1 °C, según los modelos climáticos.
Los dos tipos principales de arquitectura que se podrían lanzar al espacio serían los siguientes: lanzar una constelación de satélites, o heliogiros, que compondrían un parasol enorme, como se puede observar en el gráfico siguiente.
Uno de los proyectos que podrían enfriar la temperatura de la Tierra
El otro proyecto consistiría en el lanzamiento de materiales al espacio que formarían una enorme nube de polvo que atenuaría la luz solar que llega a la Tierra.
Se considera que un punto situado a más de dos millones de kilómetros del planeta sería la distancia óptima para ubicar cada opción y así proteger a la tierra con la mínima cantidad de material.
Los heliogiros, de 40 kilómetros de diámetro cada uno, utilizarían la fuerza centrífuga de su propia rotación para poder sostener sus finas palas reflectantes. Estos parasoles se alimentarían de la presión de los fotones del Sol que inciden sobre las palas. Estos satélites podrían controlarse remotamente para reflejar diferentes cantidades de luz solar modificando la posición de las palas, a diferencia de las partículas de aerosol que se lanzarían al espacio profundo. «Se puede decidir cuándo se quiere dar sombra y cuándo no», asegura Chantal Cappelletti.
El estudio calcula que para enfriar un grado el planeta se necesitarían unos 5.000 satélites de este tipo flotando en formación para crear un parasol, construido en base a casi 70 millones de toneladas de material. Esto supondría unas 1.500 veces más masa que la masa total de todo lo que se ha lanzado hasta ahora, según Jonathan's Space Pages, que recoge datos proporcionados por el El centro de astrofísica Harvard-Smithsonian ubicado en Cambridge, Massachusetts, (Estados Unidos).
La construcción de esta constelación supondría el lanzamiento de satélites desde la tierra hasta completar su construcción en el espacio utilizando materiales extraídos de la Luna. Las condiciones de baja gravedad en la superficie lunar harían que los lanzamientos de cargas pesados fuesen menos costosos y más eficientes.
«No es algo imposible»
Otra alternativa que incluye el informe consiste en lanzar una nube reflectante de polvo o partículas diseñadas a punto orbital entre el Sol y la Tierra. Una flota de naves espaciales actuarían a modo de «perro pastor» para evitar que la nube se desplazase usando un campo eléctrico repulsivo. Esta opción podría tener la ventaja de lanzar cientos de veces menos masa que la primera opción. No obstante, el estudio concluyó que la idea «es más especulativa que los parasoles basados en satélites», según sostienen investigadores del Laboratorio de Propulsión a Chorro de la NASA en Pasadena, California.
El estudio recoge la existencia de varias incógnitas para poner en práctica estos proyectos tras realizar una estimación fiable de los costes totales que había que destinar para la construcción de estos parasoles gigantes. Chantal Cappelletti remarca que el lanzamiento y posterior construcción de estos parasoles supondrían un coste «de decenas de billones de dólares». «No es algo imposible, sino algo que requiere un gran esfuerzo de lanzamiento», aspostilla.