Ilustración de la Voyager 1 en el espacio interestelar
Ciencia
La Voyager 1 está a punto de conseguir algo que ninguna máquina humana ha logrado jamás
Según ha anunciado la NASA, el próximo miércoles 18 de noviembre, a las 11:16 horas (hora peninsular española), la sonda batirá todos los récords
Las sondas Voyager 1 y Voyager 2 fueron lanzadas por la NASA en 1977 desde Cabo Cañaveral (Florida) a bordo de cohetes Titan IIIE, en una de las misiones de exploración espacial más ambiciosas de la historia. Aunque ambas naves tenían como objetivo inicial estudiar los planetas exteriores del sistema solar, su extraordinario rendimiento permitió prolongar su actividad mucho más allá de lo previsto.
La primera en partir fue la Voyager 2, el 20 de agosto de 1977, seguida por la Voyager 1, que despegó el 5 de septiembre. Esta última se centró inicialmente en estudiar Júpiter y Saturno, donde realizó importantes descubrimientos, como la intensa actividad volcánica de Ío, una de las lunas de Júpiter, y la compleja estructura de los anillos de Saturno. Tras completar su encuentro con este último planeta, continuó su viaje hacia el espacio interestelar.
Su gemela, por su parte, protagonizó una exploración sin precedentes de los confines del sistema solar. En 1986 se convirtió en la primera nave espacial en sobrevolar Urano y, tres años después, hizo lo propio con Neptuno. De hecho, sigue siendo la única misión que ha visitado de cerca ambos planetas, proporcionando imágenes y datos fundamentales para conocer estos mundos.
Casi medio siglo después de su lanzamiento, las dos sondas continúan enviando información desde una región del universo que ninguna otra nave humana ha alcanzado. Sin embargo, mantenerlas operativas no está siendo una tarea sencilla. El paso del tiempo ha provocado averías en sus sistemas informáticos, problemas de memoria y una progresiva pérdida de energía en sus generadores. Para prolongar su funcionamiento, los ingenieros de la NASA han tenido que apagar algunos instrumentos científicos, modificar programas informáticos y adaptar continuamente sus sistemas.
Ahora, la Voyager 1 se prepara para protagonizar otro hito histórico. Según ha anunciado la NASA, el próximo miércoles 18 de noviembre, a las 11:16 horas (hora peninsular española), la sonda alcanzará una distancia de aproximadamente 25.900 millones de kilómetros de la Tierra. Se trata de una separación equivalente a lo que la luz recorre en 24 horas, una unidad de medida conocida como día luz.
Recreación distribuida por la NASA de la misión Voyager
Esto significa que cualquier señal enviada desde la nave tardará aproximadamente un día en llegar a nuestro planeta, teniendo en cuenta que la luz viaja a unos 300.000 kilómetros por segundo. De esta forma, la Voyager 1 se convertirá en el primer objeto construido por el ser humano que alcanza una distancia de un día luz respecto a la Tierra.
Las únicas naves humanas fuera de la heliosfera
Más allá de este nuevo récord, el verdadero valor científico de las Voyager reside en el territorio que están explorando. Ambas sondas son actualmente las únicas naves espaciales que han conseguido abandonar la heliosfera, la enorme burbuja protectora formada por las partículas y los campos magnéticos procedentes del Sol que envuelve nuestro sistema planetario.
Su posición privilegiada permite estudiar directamente cómo interactúa nuestra estrella con el entorno interestelar, una región del espacio sobre la que todavía existen numerosas incógnitas.
«Hoy, mientras ambas Voyager exploran el espacio interestelar, están brindando a la humanidad observaciones de un territorio desconocido», explica Linda Spilker, científica adjunta del proyecto Voyager en el Laboratorio de Propulsión a Chorro (JPL) de la NASA.
Estas observaciones están ayudando a los investigadores a comprender mejor el entorno que existe entre las estrellas y cómo se comportan las partículas y los campos magnéticos más allá de la influencia directa del Sol. Sus mediciones también han permitido revisar algunas de las teorías existentes sobre los límites de la heliosfera y proporcionan información que podría resultar fundamental para diseñar futuras misiones de exploración interestelar.
Pérdida de comunicación
Pese a que en estas décadas tanto la Voyager 1 como la 2 han funcionado correctamente, en los últimos años han dado algún que otro susto a la NASA en cuanto a la pérdida de comunicación se refiere. La última ha ocurrido recientemente, cuando la Voyager 1 ha perdido la señal con la Tierra durante 48 horas.
Recreación de la sonda Voyager 1 en el espacio
Así lo ha indicado la agencia estadounidense en un comunicado. En ese momento, la sonda se encontraba a 24.000 millones de kilómetros de la Tierra y, tras dos intentos en dos días consecutivos, la NASA no consiguió detectar la señal de radio de la nave. El 20 de octubre la señal reapareció y el equipo volvió a tener contacto, pero envía un mensaje de preocupación al registrar uno de los fallos más serios hasta el momento.
Pese a que aún se investigan los hechos, los ingenieros han dado con una posible causa: uno de los propulsores de la nave dejó de funcionar e hizo que sus sistemas de reserva entraran en acción.