Al Pacino, en La casa Gucci
Cine
Al Pacino desvela la película que más le impactó en el cine: «Nunca había visto nada así»
Hay una película, una sola, que lo dejó inmóvil en la butaca del cine. Una historia que lo marcó siendo apenas un adolescente del Bronx y que, sin él saberlo, plantó la semilla de todo lo que vendría después
Alfredo James Pacino no actúa: encarna. No interpreta personajes, los habita con una intensidad que desafía los límites entre la ficción y la realidad. Es, sin exagerar, una de las últimas leyendas vivas del cine. A sus 84 años, Al Pacino sigue siendo uno de los actores más influyentes y respetados de los siglos XX y XXI.
Hijo de inmigrantes italianos, criado por una madre soltera en el Bronx, pasó de huir del colegio a conquistar el mundo. Fue Michael Corleone sin pronunciar una palabra en media hora de El Padrino, y Tony Montana con un «say hello to my little friend» que ya forma parte de la historia del cine y del imaginario colectivo. Ha ganado un Oscar, varios Globos de Oro y, sobre todo, el respeto absoluto de la industria. Pero más allá de premios y papeles, lo que convierte al estadounidense en mito no es lo que representa, sino lo que impone.
Al Pacino en la película El precio del poder
Y, como cualquier mortal, también tiene una película que lo marcó. Un actor al que admiraba. Con la diferencia de que, en su caso, el destino fue generoso: años después, tuvo el privilegio —y el vértigo— de compartir pantalla con él. Al Pacino tiene una película que lo dejó clavado en la butaca: «Nunca había visto nada así», llegó a decir.
Antes de convertirse en uno de los actores más famosos del mundo, antes de ser Michael Corleone y de entrar en la historia del cine con una mirada contenida y una pistola cargada, Al Pacino era un adolescente de barrio que un día cualquiera salió del cine con la certeza de haber visto algo que no solo le cambió el día, sino la vida. Tenía 14 años cuando vio La ley del silencio (1954), la obra maestra de Elia Kazan protagonizada por un Marlon Brando en estado de gracia. «No podía moverme. No podía salir del cine. Nunca había visto algo así», recordaría años después.
Marlon Brando en el filme La ley del silencio
Ese impacto fue más que una emoción: fue una vocación. Brando no solo interpretaba a Terry Malloy, un boxeador fracasado atrapado en la corrupción de los muelles; encarnaba una forma de actuar que rompía con todo lo establecido. «Cada vez que veo a Brando, sé que estoy viendo a un gran actor. No importa si está en un buen papel o no: lo que tiene, lo que transmite, es único», confesó Pacino en conversación con Lawrence Grobel. Aquella interpretación no era solo buena: era una revolución emocional frente a sus ojos adolescentes.
Años más tarde, el destino haría lo suyo. En 1971, con tan solo 31 años, Pacino fue elegido por Francis Ford Coppola para interpretar a Michael Corleone en El Padrino. Y frente a él, en el papel de Vito Corleone, su ídolo absoluto: Marlon Brando. Compartir cartel con quien había sido su inspiración no fue un detalle anecdótico, fue una prueba de fuego. «Estaba fascinado, y también nervioso. Estaba trabajando con Brando».
Lo que para muchos actores llegaría al final de su carrera —trabajar junto a una leyenda—, para el veterano ocurrió en sus inicios, cuando todavía era una promesa con voz ronca y mirada intensa. Pero estaba preparado. Y tal vez lo estaba porque, un día, siendo solo un chico, se quedó inmóvil frente a una pantalla oscura, sabiendo que quería hacer eso: emocionar como Brando lo había emocionado a él.