Richard Gere y Julia Roberts, protagonistas indiscutibles de Pretty Woman
Cine
El final alternativo de 'Pretty Woman' que Julia Roberts se negó a rodar
La película fue concebida con un tono mucho menos edulcorado y romántico que el que conocemos
A estas alturas todos habremos visto Pretty Woman. Ya no solo porque se estrenó en 1990 y es la película que más veces se ha emitido en la televisión española a lo largo de su historia, sino porque, con el tiempo, ha sido elevado al estatus de cine de culto. Por eso, no es técnicamente spoiler decir que, en su desenlace, el rico personaje al que da vida Richard Gere, Edward Lewis, vence su miedo y sube la escalera de incendios que le separa del apartamento de Julia Roberts. La escena –con ramo de rosas incluido– sirve como antesala a uno de esos diálogos que se quedan guardados para la posteridad del cine. «¿Y qué ocurrió cuando él subió a la torre y la rescató?», pregunta Gere. «Que ella le rescató a él», responde su partenaire.
Un auténtico final feliz acorde a esta historia de cuento de hadas que lleva triunfando tres décadas. La gran incógnita que nos perseguirá siempre es saber si el éxito hubiese sido el mismo de haber salido a la luz tal y como fue concebida, con un tono mucho menos amable y edulcorado del que finalmente vimos en cines. Y es que la película, en un principio, nació para llevar como título 3.000, haciendo referencia al dinero que el millonario pagaba por los servicios de una prostituta cuya única y estricta regla era la de no besar en la boca a sus clientes.
La inspiración para J. F. Lawton –el guionista que en aquel momento estaba desempleado y cansado de crear escenas para películas de ninjas y comedias sin gracia– fue Wall Street, que acababa de estrenarse, y se propuso crear una fábula sobre la América financiera destruida a causa de la falta de escrúpulos y las ansias de poder. Evidentemente, ninguno de los protagonistas se asemejaba a la descripción que luego quiso Gary Marshall, director del filme. Mientras Vivian iba a ser una prostituta drogadicta, borde y maleducada de los bajos fondos de Los Ángeles, Edward se comportaría como el típico ricachón sin conciencia y movido por la codicia.
Teniendo en cuenta esta premisa, parece lógico pensar que el final también se alejaría bastante del de las comedias románticas habituales. Tras pasar una semana con él por el precio de 3.000 dólares –al principio, eran 2.000, pero la oferta subió cuando ella prometió no fumar crack durante el tiempo que estuvieran juntos–, Edward arrojaba fuera de su limusina a Vivian y le tiraba a la cara el dinero que limpiamente había ganado. Vivian, entonces, desataba su ira al ser consciente de que Edward volvía junto a su novia en Nueva York, y tras enterarse de que Kit, su mejor amiga, había muerto por una sobredosis.
Lo único que evitó el desastre fue que Disney, a través de una de sus productoras más conocidas, Touchstone Pictures, entrase en el proyecto. Hicieron falta varios guionistas y seis reescrituras para alejarnos del desesperanzador desenlace que les esperaba a los protagonistas. «Mi visión de la película era un auténtico cuento de hadas. Julia era Rapunzel, Richard era el príncipe azul y Héctor (Elizondo), el hada madrina», recuerda Gary Marshall, director de la cinta.
Una de las escenas más aplaudidas es la del partido de polo al que Vivian va por primera vez
Lawton sigue siendo el único guionista acreditado en el proyecto. Sin embargo, si alguien merece un reconocimiento adicional como guionista, podría ser el propio Marshall, quien, según revela Lawton, es responsable de varios detalles de la película, como el discurso final de cuento de hadas y la mítica escena en el partido de polo.
El guionista también confesó a su vez que también habían hecho una audición Al Pacino y Michelle Pfeiffer. Explicó que, de haber sido los elegidos, podrían haber estado más cerca del guion original y tal vez no haber tenido un final feliz. «Pero la química de Julia y Richard era palpable, se iluminaban entre sí, así que ya no puedo imaginarme otro final». Menos mal que fue así, porque, a pesar de ser la elegida, las ganas de Julia Roberts de participar en el proyecto se esfumaron en cuanto conoció cómo acababa su personaje. Así lo confesó ella misma en una entrevista que le realizó Patricia Arquette para Variety.