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David Lynch falleció en enero de 2025 días antes de cumplir 80 años

David Lynch falleció en enero de 2025, días antes de cumplir 80 añosGTRES

Cine

Las tres películas perfectas de la historia del cine según David Lynch

El director, fallecido en enero, consideraba que estos tres títulos alcanzaban una armonía absoluta entre emoción, técnica y magia visual

David Lynch, fallecido el pasado enero cuando estaba a a punto de cumplir 80 años, era uno de los directores más inclasificables y visionarios del cine moderno. Nacido en Montana (Estados Unidos) en 1946, su carrera abarcó más de cinco décadas de exploración artística que incluyen el cine, la televisión, la música, la pintura e incluso la meditación trascendental. Creador de una filmografía intensamente personal, en la que lo onírico se funde con lo inquietante y lo poético coexiste con lo perturbador, Lynch firmó títulos icónicos como Terciopelo azul, Cabeza borradora, El hombre elefante, Mulholland Drive – considerada una de las mejores películas del siglo XXI– y la serie Twin Peaks. Su estilo era inconfundible: atmósferas densas, identidades fragmentadas, personajes desubicados y una permanente tensión entre lo real y lo subconsciente.

David Lynch reveló cuáles eran, en su opinión, las películas más perfectas de la historia. Tres obras que, según él, lograron una simbiosis única entre forma, fondo y sentimiento. Son estas:

Fellini, ocho y medio (Federico Fellini, 1963)

Fellini, ocho y medio

Marcello Mastroianni protagonizó Fellini, ocho y medio

Lynch definió Fellini, ocho y medio como una forma pura de expresión cinematográfica. «Fellini logra con el cine lo que la mayoría de los pintores abstractos hacen: comunicar emociones sin decir o mostrar nada de manera directa, sin explicar nada, solo por una especie de magia pura», aseguró el cineasta. El filme retrata la crisis creativa de un director de cine (Marcello Mastroianni) que se sumerge en sus recuerdos, fantasías y ansiedades. Es una obra introspectiva, fragmentada y sensorial que explora el proceso artístico desde dentro, sin necesidad de respuestas racionales.

La ventana indiscreta (Alfred Hitchcock, 1954)

La ventana indiscreta (1954)
Alfred Hitchcock ya había demostrado con La soga (1948) que no necesitaba salir de una misma habitación para crear y mantener el suspense durante toda una película. En La ventana indiscreta volvió a demostrarlo, esta vez con un patio de vecinos como complemento. El fotógrafo interpretado por James Stewart está escayolado y no puede levantarse de su silla, pero eso no le impide observar detenidamente lo que hacen (y urden) sus vecinos. Para Metacritic esta es, también, una película perfecta.

La ventana indiscreta, una de las grandes películas de Alfred Hitchcock

El segundo título en su lista es esta magistral obra de Hitchcock. «Proyectaría La ventana indiscreta por la brillante manera en que Hitchcock logra crear o, mejor dicho recrear, un mundo entero dentro de parámetros muy limitados», afirmó Lynch. A través de la mirada inmóvil de James Stewart, un fotógrafo convaleciente, la película construye una compleja trama de sospechas, deseo y crimen, todo desde el interior de un apartamento. Para él, era una lección de precisión narrativa y economía visual, donde el suspense surge del más mínimo gesto.

El crepúsculo de los dioses (Billy Wilder, 1950)

El crepúsculo de los dioses

El crepúsculo de los dioses

El creador de Terciopelo azul confesó en varias ocasiones su fascinación por El crepúsculo de los dioses (Sunset Boulevard), el clásico de Billy Wilder. La historia gira en torno a Norma Desmond, una estrella del cine mudo venida a menos que vive aislada en su mansión de Los Ángeles, obsesionada con su pasado glorioso. La llegada de Joe Gillis, un guionista en apuros, desencadena una relación tóxica, marcada por la manipulación y el autoengaño. Narrada por el propio Gillis, desde la tumba, la película disecciona con ironía y melancolía la decadencia de la fama, el rechazo al paso del tiempo y la locura del sistema de estudios.

Además, Lynch declaró su admiración por Stanley Kubrick, especialmente por Lolita, una de sus películas favoritas del director. La adaptación de la controvertida novela de Nabokov fascinó a Lynch por su tratamiento visual, su ambigüedad moral y su capacidad para incomodar al espectador sin renunciar a la elegancia formal.

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