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Orson Welles, en una imagen de archivo

Orson Welles, en una imagen de archivoGTRES

Cine

Las diez películas que Orson Welles definió como obras maestras del cine

Sorprende que ninguna de ellas fue dirigida por él

Independientemente de si se puede calificar de forma categórica a Orson Welles como el mejor director de todos los tiempos, es indiscutible que es, al menos, uno de los más influyentes. Desde su inigualable debut en el cine, Ciudadano Kane, llevó la narrativa cinematográfica a un nuevo nivel, inspirándose en los expresionistas alemanes para mostrar cómo es posible revelar la psique de un personaje a través de la luz, las sombras y los ángulos de cámara.

A lo largo de su vida, Welles expresó a menudo su desagrado por las obras de sus directores como Woody Allen. Incluso se refirió a Alfred Hitchcock como un anciano «senil» y afirmó que algunas de sus obras más célebres —La ventana abierta y Vértigo— eran, en realidad, películas terribles de un director con problemas mentales.

Lo mismo ocurrió con la Nouvelle vague. Aunque cineastas como Jean-Luc Godard se inspiraron en él, el autor estadounidense no se impresionó por esa nueva ola francesa que pretendía revolucionar el cine. En cuanto al gusto cinematográfico de Welles, le gustaban tanto los clásicos estadounidenses como obras maestras influyentes del cine mundial, como El acorazado Potemkin.

Luces de la ciudad (1931)

Luces de la ciudad

Luces de la ciudad

Aunque Orson Welles y Charles Chaplin pueden no tener mucho en común a primera vista, el primero siempre elegía como película favorita una del segundo: Luces de la ciudad. No es para menos dado que también era la preferida de Kubrick y Tarkosvky. Más allá de Tiempos modernos es posiblemente la mejor de sus filmes mudos. En ella Chaplin se presenta como el pobre vagabundo Charlot, que se enamora de una florista ciega a la que decide ayudar para mejorar su situación. Divertida, lírica y romántica, es un testimonio del talento del cineasta para la narrativa audiovisual.

Avaricia (1924)

Fotograma de <i>Avaricia</i>

Fotograma de Avaricia

Basada en la novela McTeague de Frank Norris, Avaricia gira en torno a las fechorías de un dentista de California (Gibson Gowland), su avara esposa (la comediante ZaSu Pitts, magistralmente elegida en contra de su tipo) y su ex amante (Jean Hersholt), quienes sacrifican todo por amasar una fortuna. El montaje inicial de Erich von Stroheim constaba de 47 rollos –8 horas–, que el director quería estrenar en dos películas. La Metro-Goldwyn Mayer se opuso a la idea y finalmente se redujo a 10 bobinas, las aproximadamente 2 h 15 min que se conservan actualmente.

Intolerancia (1916)

Fotograma de <i>Intolerancia</i>

Fotograma de Intolerancia

En 1916, D.W. Griffith rodó una de las películas más controvertidas, a la vez que aplaudidas, de la historia del cine. Anunciada como un «espectáculo colosal» presentó algo nunca visto hasta entonces: escenarios enormes, vestuario de época extravagante, más de 3.000 extras y «cuatro historias, pero paralelas que intentaron demostrar la intolerancia de la humanidad durante cuatro épocas diferentes de la historia mundial»: las huelgas estadounidenses en 1912, la caída de Babilonia, La Pasión de Cristo y la noche de San Bartolomé en París.

Nanook, el esquimal (1922)

Nanook el esquimal

Nanook el esquimal

Fue pionera en su combinación de técnicas documentales y docudrama, y ofrece visiones evocadoras del paisaje ártico de la década de 1920. Si bien expresa admiración por las habilidades y la perseverancia de los pueblos indígenas canadienses para sobrevivir en un entorno tan desafiante, también transmite una actitud colonial hacia ellos que ha contribuido a la percepción popular de ellos como «primitivos» desde entonces.
Hijo de un ingeniero encargado de extraer vetas de hierro, Robert J. Flaherty pasó sus primeros años en campamentos mineros, recorriendo las tierras salvajes de Michigan y Canadá, y durmiendo bajo el crepitante estruendo de las auroras boreales. Cuando tenía 20 años, un magnate ferroviario canadiense lo contrató para seguir los pasos de su padre y quien le sugirió que documentase sus viajes. Así nació uno de los primeros directores de cine.

El limpiabotas (1946)

El limpiabotas

El limpiabotas

El limpiabotas no fue concebida según los patrones del romance o el melodrama; es una de esas raras obras de arte que parecen surgir del torbellino de la experiencia humana sin suavizar las asperezas en los asuntos humanos. Orson Welles elogió esta cualidad de la película cuando dijo en 1960: «De Sica logra lo que yo no soy capaz de hacer. La cámara desapareció, la pantalla desapareció; era simplemente la vida...».

El acorazado Potemkin (1925)

El acorazado Potemkin

El acorazado Potemkin

Sergei Eisenstein fue uno de los primeros teóricos formales del cine. Más allá de su propósito didáctico, esta película es un excelente ejemplo de su trabajo pionero en el montaje. Se dio cuenta de que una de las mayores virtudes del cine era ir más allá de representar imágenes de la vida real. Se deleitaba con las posibilidades de la yuxtaposición, colocando imágenes en sucesión rítmica para crear significado (en teoría) y emociones intensas (en la práctica). En ella, incita a la indignación al retratar la historia real de una revuelta de marineros a bordo del acorazado Potemkin y la posterior masacre de los ciudadanos de Odessa que les habían brindado su apoyo. La caída del carrito por las escaleras de la ciudad es una de las secuencias más aplaudidas del cine.

El pan y el perdón (1938)

La mujer del panadero

La mujer del panadero

Cuando el panadero del pueblo se niega a hacer pan porque su esposa infiel se ha fugado con un apuesto pastor, el drama individual adquiere una dimensión colectiva. Raimu nos ofrece una actuación prodigiosa que llevó a Orson Welles a considerarle el mejor actor del mundo. La película fue, junto con La Trilogía Marsellesa –Marius, Fanny y César, que exploran los sueños de cada uno de estos personajes, uno de los mayores éxitos de Marcel Pagnol.

La gran ilusión (1937)

La gran ilusión

La gran ilusión

La «gran ilusión» de la película de Jean Renoir se refería a la idea de que las guerras pueden librarse según reglas caballerosas, así como la creencia de que el conflicto de 1914-1918 fue la guerra que acabaría con todas las guerras. El aristócrata Capitán De Boeldieu (Pierre Fresnay), el Teniente Marechal (Jean Gabin) y el adinerado banquero judío Rosenthal (Marcel Dalio), se encuentran prisioneros de los alemanes en la Primera Guerra Mundial, a pesar de sus muy diversos orígenes.

La diligencia (1939)

Escena de 'La diligencia'

Escena de 'La diligencia'

Según su biógrafo Simon Callow, cuando Welles estaba en plena preparación de Ciudadano Kane le ayudó ver en bucle la película con la que John Ford convirtió a John Wayne en una estrella: La Diligencia. «La proyectó hasta 40 veces, normalmente después de cenar y a menudo con algún técnico o jefe de departamento del estudio», explica.
La historia de La diligencia es tan antigua como el género en sí. Un grupo de desconocidos viaja en diligencia a través del peligroso territorio apache. Los pasajeros son una colección de arquetipos occidentales, entre ellos Doc Boone, un brillante cirujano cuyas manos tiemblan cuando no está borracho, y Hatfield, el noble jugador. En el camino, recogen a Ringo Kid (Wayne), que acaba de escapar de la cárcel.

El pan nuestro de cada día (1934)

El pan nuestro de cada día

El pan nuestro de cada día

Si bien King Vidor destacó en producciones a gran escala, sus películas más pequeñas son mucho más fascinantes, especialmente El pan nuestro de cada día, su secuela de La multitud. Karen Morley y Tom Keene interpretan a Mary y John Sims, quienes ya no pueden sobrevivir en la ciudad. Así que prueban suerte en la agricultura. Al principio son pésimos, pero cuando el inmigrante sueco Chris (John Qualen) llega en coche, a John se le ocurre una idea. Decide invitar a trabajar a cualquiera que pase por su granja y crean una especie de sociedad que muestra lo difícil que es sobrevivir.

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