Fundado en 1910
Marlon Brando, en una imagen de archivo

Marlon Brando, en una imagen de archivoGTRES

Cine

El maestro del cine que casi acaba con la carrera de Marlon Brando: «Eres una vergüenza para la profesión»

Una película condenada al desastre, un director que humillaba a su propio hijo y un actor que amenazó con tomar el primer avión de vuelta a casa

Era el encuentro de dos mitos. Uno había hecho reír al mundo sin decir una sola palabra; el otro, con solo una mirada, podía partir el alma. Pero cuando Charles Chaplin y Marlon Brando coincidieron en un mismo plató, lo que prometía ser un duelo de genios terminó como un desastre emocional.

En 1967, Chaplin tenía 77 años y un deseo: cerrar su carrera con una comedia elegante, rodada en color y formato panorámico. La condesa de Hong Kong fue su última película como director, y también la única que hablaba —literalmente— en el idioma del cine moderno. La trama: un diplomático norteamericano encuentra a una polizona escondida en su camarote durante un viaje en crucero. El diplomático era Marlon Brando. La polizona, Sophia Loren. Pero lo que sucedía frente a la cámara no se comparaba con lo que ocurría detrás.

Sophia Loren y Marlon Brando en La condesa de Hong Kong (1967)

Sophia Loren y Marlon Brando en La condesa de Hong Kong (1967)

Brando, que admiraba a Chaplin desde niño, aceptó el papel con entusiasmo. Pero pronto, la admiración se volvió horror. «Genio cómico o no, cuando fui a Londres a trabajar con él, Charlie Chaplin era un hombre terriblemente cruel», escribió en su autobiografía Las canciones que mi madre me enseñó. «La condesa de Hong Kong fue un desastre, y mientras la rodábamos descubrí que era el hombre más sádico que he conocido. Un tirano egoísta y un tacaño».

Las acusaciones eran graves. Chaplin, lejos del entrañable vagabundo que el mundo adoraba, se comportaba como un déspota. Dirigía con puño de hierro, humillando al equipo por cualquier retraso o error. Pero el blanco más habitual de sus ataques era su propio hijo, Sydney Chaplin, también parte del elenco. Brando fue testigo del maltrato: «Delante de todos, lo ridiculizaba sin piedad. Le gritaba cosas como: ‘¡Sydney, ¿no sabes girar un picaporte?! Solo tienes que poner la mano, girar y entrar. ¿Verdad que no es tan difícil?’». La escena se repetía a diario, hasta volverse una rutina incómoda para todos. Sydney, en silencio, bajaba la mirada. Nadie intervenía.

La situación estalló cuando Brando llegó un día con quince minutos de retraso. Chaplin lo reprendió duramente frente a todo el equipo: «Eres una vergüenza para tu profesión», le dijo. Brando, harto, le lanzó un ultimátum: «Estaré en mi camerino veinte minutos. Si en ese tiempo viene a disculparse, me quedaré. Si no, cojo el primer avión a Estados Unidos». Contra todo pronóstico, Chaplin fue. Tocó la puerta, entró... y se disculpó. La tensión, desde entonces, quedó contenida. Pero no desapareció.

A pesar del maltrato y la tensión vivida durante el rodaje, Brando no dejó de reconocer el talento de Chaplin. Para él, seguía siendo uno de los intérpretes más brillantes que había existido, tan superior que los demás actores quedaban minimizados a su lado. Sin embargo, también lo veía como una persona compleja, llena de contradicciones y comportamientos difíciles de comprender.

Sophia Loren, Marlon Brando, Charles Chaplin y Sydney Chaplin en La condesa de Hong Kong (1967)

Imagen del rodaje de La condesa de Hong Kong (1967)

La condesa de Hong Kong no funcionó. Ni taquilla ni crítica. Pero ese rodaje encierra uno de los choques más tensos de la historia del cine. El fin de una era, con una sonrisa fingida… y un hijo, humillado a diario, bajo la sombra de un ídolo que ya no sabía cómo decir adiós. La historia transcurre a bordo de un lujoso transatlántico que viaja de Hong Kong a San Francisco. Brando interpreta a Ogden Mears, un diplomático estadounidense que está a punto de casarse con la hija de un magnate. Sin embargo, su vida da un giro inesperado cuando descubre a Natascha (Sophia Loren), una condesa rusa venida a menos, escondida como polizón en su camarote. Ella busca emigrar clandestinamente a Estados Unidos en busca de una vida mejor. A pesar de sus diferencias —él, diplomático formal; ella, una mujer excéntrica y decidida— surge entre ellos una conexión ambigua, con momentos cómicos y otros de tensión. El filme mezcla romance, crítica social y situaciones absurdas.

Temas

comentarios
tracking

Compartir

Herramientas