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Jacob Elordi y Oscar Isaac en Frankenstein (2025)

Jacob Elordi y Oscar Isaac en Frankenstein (2025)

Cine

El 'Frankenstein' de Guillermo del Toro triunfa en el Festival de Venecia

Con dos horas y media de duración es una experiencia inolvidable, aún para aquellos que le reprocharán defectos reales o inventados

Un film evento anunciado y un documental sobre como vivir a los pies de un volcán, aparentemente dormido pero siempre despierto, fueron las ofertas de la cuarta jornada de hoy del 82º Festival de Arte Cinematográfico de Venecia. Nadie dudaba que este Frankenstein, con el que el cineasta mexicano Guillermo del Toro soñaba desde hacía tres décadas, iba a ser el filme evento de cualquier festival que lo presentara y de cualquier cartelera de cualquier país que lo exhibiera pero hay que reconocer que esta película de 120 millones de dólares y dos horas y media de duración es una experiencia inolvidable, aún para aquellos que le reprocharán defectos reales o inventados.

A su lado el esmirriado documental del italiano Gianfranco Rosi, Sotto le nuvole, cumplía con su modesto papel de relatar la vida cotidiana en una ciudad como Nápoles que vive bajo la amenaza de su gigante dormido, el Vesubio, sin lograr nunca estar a la altura de su León de Oro que Venecia le había regalado en 2013 por su más ambicioso Sacro GRA.

Frankenstein es tal vez el clásico más frecuentado y memorable de toda la historia del cine a partir de su primera versión sonora de James Whale hace casi un siglo, en 1931 (hubo una versión muda en 1910 pero esa no cuenta) que lanzó a la fama a Boris Karloff, pero del medio centenar de películas de ese nombre, ninguna había respetado hasta ahora ni el espíritu ni el subtítulo del libro de Mary Shelley que le dio origen: Un moderno Prometeo.

Porque lo que Guillermo del Toro ha hecho, además de transformar una historia que hasta ahora había sido solo de terror, en un cuento filosófico donde se habla del bien y del mal, de vida y de muerte, de culpa y castigo y de responsabilidad asumida y rechazada, ha sido dar por primera vez la palabra al así llamado Monstruo, que en el libro y en el filme de del Toro es más inocente que su creador.

Dividido en tres capítulos, el Prólogo, que recupera el inicio del libro original en el Polo Norte, y la versión de los hechos que dan Frankenstein y su criatura, el que tal vea sea el desafío más importante que haya asumido el director, afronta todos esos temas trascendentales antes citados sin perder un átomo de esa espectacularidad que ha sido parte de su léxico y le ha permitido abrirse paso en el muy competitivo mundo del blockbuster hollywoodiano.

Jacob Elordi, el joven actor australiano de 28 años y astro afirmado del cine internacional, está irreconocible con su maquillaje de diez horas de duración diarias pero igual sabe dar a su criatura todos los matices de rabia, humillación, amor y conciencia de sí mismo mientras Oscar Isaac se deja llevar por momentos de sobreactuación, perdonables en un personaje de tamaña ambición y egocentrismo.

Un plus del filme es la música del francés Alexandre Desplat, que resucita la mejor tradición del cine de los Max Steiner y Eric Korngold de los años treinta, e impecable el aspecto técnico, desde la rica paleta de la fotografía de Dan Laustsen hasta la gótica escenografía de Tamara Deverell, pasando por el exagerado volumen de los vestidos de Mia Goth, totalmente inadecuados para un paseo en carruaje por la tundra alemana, y que más bien parecen sugeridos por el irónico humor negro del director.

Poco queda por hablar del documental de Rosi que se limita a pasear por una Nápoles en blanco y negro que vive a la sombre de su volcán, pasando revista por las distintas actividades, desde policías y bomberos, arqueólogos y maestros de escuela, y distintos lugares representativos como las ruinas de Pompeya y Herculano.

Se salva la secuencia final, cuando la cámara del mismo Rosi se introduce en la magia de la ciudad sumergida de Baia, donde las estatuas clásicas, que viven desde hace más de dos mil años entre agua y arena, parecen esperar el fin de esta nuestra civilización que las creó y las destruyó.

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