La errática Semana Santa de la Familia Real
Era el Domingo de Resurrección una ocasión para juntar a toda la familia. Quizá han pasado muchas cosas desde entonces. Pero Felipe VI debe hacer algo antes de que a su Familia les propongan protagonizar la secuela de 'Tú a Boston y yo a California'
La Familia Real en la procesión de Carabanchel Bajo
La cosa empezó en Jueves Santo en Cartagena. La visita de la Doña Sofía y de las Infantas Elena y Cristina no figuraba en la agenda oficial de la Casa del Rey, pero la Reina y sus hijas fueron recibidas por la alcaldesa de Cartagena, Noelia Arroyo; por el hermano mayor de la Cofradía Marraja, Francisco Pagán; por el presidente de la Autoridad Portuaria de Cartagena, Pedro Pablo Hernández; y por el presidente de la agrupación de Nuestro Padre Jesús Nazareno, Manuel Hernández. No faltaba protocolo. Y además el público, recibió entre vítores y aplausos a las ilustres invitadas.
Visitaron la iglesia de Santa María de Gracia, donde contemplaron la imagen del Cristo y escucharon explicaciones sobre el origen de la cofradía y las características de la procesión; y desde allí se trasladaron al edificio de la Real Sociedad Económica de Amigos del País de Cartagena para seguir desde el balcón la procesión. Un éxito.
Pero la cosa no acabó allí. Al día siguiente se fueron a Murcia donde fueron recibidas por el presidente del Gobierno regional, Fernando López Miras, y donde visitaron el Museo Salzillo y vieron la Procesión donde se produjo la anécdota del nazareno que entregó a doña Sofía una chocolatina que la Reina se zampó al instante.
Un nazareno de la Cofradía de Nuestro Padre Jesús Nazareno de Murcia entrega un caramelo a la Reina Sofía
Hasta ahí todo perfecto. Doña Sofía tapando huecos y reaparición impecable de las Infantas Elena y Cristina.
Tengo para mí que el éxito fue tan notable, también en cobertura mediática, que Felipe VI –que ya sabía lo que ocurriría en La Maestranza– no tuvo más remedio que arrastrar a la Reina Letizia y a sus hijas a la procesión del Cristo del Silencio el Viernes Santo en Carabanchel. No tengo nada en contra de esa procesión, ni siquiera aunque Madrid tenga otras de mayor tradición como la del Cristo de Medinaceli, pero la cobertura fue tan deslavazada –¿por inesperada?– que algunos llegaron a pensar que su presencia era un fake y que donde sí que habían estado Doña Letizia y sus hijas era al día siguiente en el concierto de Rosalía en el Movistar Arena.
Pero claro, faltaba la traca final. Don Juan Carlos volvió a Sevilla y la Maestranza le recibió de gala: himno español, aplausos interminables, brindis de Morante. Una corrida para no olvidar… pero con cada miembro de la Familia Real por su lado. Una semana errática.
Don Juan Carlos saluda al público en la Maestranza de Sevilla junto a la Infanta Elena
Conclusión: hemos cambiado la Misa de Pascua en la catedral de Palma, que tan buenos recuerdos trae a la Reina Letizia, por la procesión en Carabanchel Alto. Era el Domingo de Resurrección una ocasión para juntar a toda la familia. Quizá han pasado muchas cosas desde entonces. Pero Felipe VI debe hacer algo antes de que a su Familia les propongan protagonizar la secuela de Tú a Boston y yo a California. O antes de que a algún experto en comunicación zarzuelero se le ocurra que el Rey felicite la Pascua como hace, por ejemplo, el Rey de Noruega. Con una ventaja: aquí encima somos católicos.