Pierce Brosnan, en una imagen de archivo
Cine
Pierce Brosnan elige su escena favorita de la saga de James Bond
El actor tiene claro cuál es la mejor secuencia de acción de las 25 películas de 007
Es indudable que cada uno tiene su versión favorita de James Bond. Quizás te guste la elegancia clásica de Sean Connery o la caracterización de Roger Moore. O más bien seas del sombrío Timothy Dalton, de esa elegancia atemporal de Pierce Brosnan o del impecable héroe al que dio vida Daniel Craig.
Sea cual sea la versión de 007 que más te gusta, lo más probable es que uno de los criterios principales sea saber cuál de todos ellos tiene las mejores secuencias de acción. Y es que está claro que la fórmula Bond solo funciona cuando hay un gran villano, varias localizaciones insólitas y, al menos, un par de escenas de acción.
Si tenemos en cuenta este aspecto de la ecuación, la era Brosnan estuvo a la altura. En GoldenEye , su debut como agente del MI6, el actor realizó un salto en bungee jumping desde la Presa de Verzasca en el cantón del Tesino (Suiza) a más de 220 metros de altura.
Para muchos, esta película es, por desgracia, la cúspide de su carrera como personaje, pero para el propio Brosnan, eso llegó cuatro años después, en su tercera aventura de Bond, El mundo nunca es suficiente. Así lo expresó durante una entrevista en The Jonathan Ross Show, donde el actor reveló que esa película contiene su escena favorita de toda la saga. Curiosamente es el comienzo de la misma y la apertura más larga de una película de Bond, con una duración total de 14 minutos.
Después de recuperar una gran suma de dinero de un banquero suizo en Bilbao, James Bond (Pierce Brosnan) se la entrega al magnate petrolero Sir Robert King (David Calder) en el cuartel general del M16 en Londres. Cuando el dinero explota matando a King, Bond ve a la asesina (Maria Grazia Cucinotta) en un bote tratando de dispararle, por lo que roba a Q un pequeño barco experimental para intentar darle caza a lo largo del río Támesis.
Además de como secuencia de acción, la persecución a alta velocidad podría funcionar también como anuncio turístico de Londres, llevándonos a todas partes, desde el edificio del MI6, pasando por el puente de Vauxhall rumbo a Westminster, las Cámaras del Parlamento y terminando en la Cúpula del Milenio –o The O2– donde la fugitiva tiene un final espectacular en un globo aerostático en lugar de revelar sus secretos a Bond.
«Fue bastante impresionante», explicó Brosnan. Cuando llegó al set para rodar la escena, se encontró con que tenía un tanque de oxígeno a cada lado por si la lancha volcaba sin quererlo. El propio equipo bromeó con que si eso sucedía tendrían que llevarle al hospital directamente. Al final, terminó lesionándose, pero no porque su lancha desafiase las barreras del agua.
Al ser James Bond, estaba claro que la lancha no sería solo acuática. Cuando llega a tierra firme, se convierte en coche, atravesando varias calles de Londres e, incluso, un restaurante entero, destrozando paredes y volcando mesas a su paso. «Una madera me partió la cara, así que acabé en el hospital y me cosieron», apuntó Brosnan, que no se lamenta de las repercusiones físicas de ser un 007. «Interpretando ese papel, uno se lastima, sin duda. Hay que tener resistencia», concluyó.