Oliwia Dabrowska fue la niña del abrigo rojo de La lista de Schindler
Cine
El trauma de la niña del abrigo rojo de La lista de Schindler: «Fue demasiado horrible»
Con apenas tres años, Oliwia Dabrowska se convirtió en un icono del cine. A los 11, desobedeció a Spielberg y vio la película, lo que le provocó un profundo trauma
Con solo tres años, Oliwia Dabrowska no sabía que iba a convertirse en un icono eterno del cine. Su breve aparición en La lista de Schindler, película rodada en blanco y negro, quedó grabada en la memoria colectiva: una niña perdida en el gueto de Cracovia con un abrigo rojo, la única nota de color en una película que retrataba el horror del Holocausto. Esa imagen, ideada por Steven Spielberg tras escuchar una historia real contada por Audrey Hepburn, pasó a ser símbolo de esperanza en medio de la barbarie.
Sin embargo, para Oliwia, ser «la niña del abrigo rojo» no fue un título fácil de llevar. Spielberg pidió expresamente a sus padres que no le permitieran ver la película hasta que cumpliera los 18 años, convencido de que un niño no podría soportar la crudeza de las imágenes. Pero ella, curiosa, decidió verla antes: a los 11 años. Y se arrepintió. «Fue demasiado horrible, no podía entender gran cosa, pero estaba segura de que no quería volver a verla nunca más», confesó tiempo después. Aquella decisión le dejó un trauma que arrastró durante años.
Debió de ser insoportable para una niña de esa edad contemplar escenas como la del oficial nazi Amon Goeth (interpretado magistralmente por Ralph Fiennes) disparando al azar a mujeres y niños desde el balcón de su casa. Durante mucho tiempo, la joven se sintió avergonzada, incluso molesta cuando sus padres contaban a otros que ella había sido 'la niña del abrigo rojo'. En el colegio, sus compañeros le preguntaban por el Holocausto, como si por haber estado en la película debiera saberlo todo. Pero ella, lejos de sentirse orgullosa, se mostraba frustrada y evitaba hablar del tema. Aun así, con el tiempo comprendió el verdadero peso de su papel. Volvió a ver la película cuando cumplió la mayoría de edad y, entonces sí, entendió la magnitud de lo que representaba. «Spielberg tenía razón, debía crecer para poder verla. Fue entonces cuando supe que había formado parte de algo de lo que podía sentirme orgullosa», relató en una entrevista.
Mientras tanto, su vida transcurrió lejos del cine. Estudió biblioteconomía, trabajó en una librería de Cracovia y trató de dejar atrás el estigma. Pero la historia de aquella niña de rojo nunca dejó de acompañarla. Y, de una manera inesperada, se convirtió en un motor de solidaridad.
Porque Oliwia, ahora con 32 años, ha encontrado una forma de darle un nuevo sentido a aquel símbolo de color y esperanza. Cuando estalló la guerra en Ucrania, se unió a un grupo de voluntarios en la frontera entre Polonia y Ucrania. Allí repartió botiquines a soldados heridos, buscó refugio para quienes huían y organizó comida y ropa para los desplazados. Además, sus palabras muestran un compromiso profundo: «Hoy en Israel es el Día del Recuerdo del Holocausto. Por favor, recuerda. Especialmente ahora, cuando puedes ver con tus propios ojos lo que está pasando en Ucrania. Sé una persona decente. Sé un buen tipo. Haz las cosas bien. Solo eso».
De aquella niña que se escondía de su propio pasado a la mujer que abraza el símbolo para ayudar a otros hay un recorrido lleno de miedos, aprendizajes y resiliencia. El abrigo rojo, que en el filme representaba la chispa de humanidad capaz de mover conciencias, sigue cumpliendo su función treinta años después. Solo que, ahora, la que lo viste metafóricamente es una mujer adulta que ha decidido transformar el trauma en acción.