Fundado en 1910
Audrey Hepburn en 'Desayuno con diamantes'

Audrey Hepburn, en Desayuno con diamantes

Cine

Audrey Hepburn, la estrella que tocó el cielo con los pies en la tierra

Su legado no se basa solo en las maravillosas películas que marcaron la historia del cine, también en su labor humanitaria

Audrey Kathleen Hepburn nació el 4 de mayo de 1929 en Bruselas y falleció el 20 de enero de 1993 en Tolochenaz, Suiza, debido a un cáncer de colon. Hija de madre aristócrata neerlandesa, Ella van Heemstra y de padre británico, Joseph Victor Anthony Ruston, Audrey vivió una infancia marcada por la turbulencia europea de la época.

Su trayectoria profesional se articula desde la formación como bailarina y actriz emergente hasta convertirse en estrella de cine para después dar paso a una vida más ligada a la solidaridad. En palabras de la propia Audrey para el documental de los productores de Churchill o McQueen, «mi sueño era ser bailarina de ballet, pero caí en el showbusiness».

Audrey Hepburn, en una imagen de 1960

Audrey Hepburn, en una imagen de 1960GTRES

Durante la Segunda Guerra Mundial, residió en los Países Bajos ocupados por los nazis y estudió ballet en Arnhem. Esa formación le dio disciplina, elegancia, y una gracia corporal que más tarde brillaría en la pantalla. Por Vacaciones en Roma, donde interpretó a una princesa que decide escapar del protocolo que le han impuesto junto a Gregory Peck, obtuvo el Oscar a la mejor actriz.

En los siguientes años protagonizó películas ya clásicas como Sabrina en 1954, Cara de ángel en 1957, Desayuno con diamantes en 1961, Charada en 1963, My Fair Lady en 1964 y Sola en la oscuridad en 1967. En estas películas, Hepburn mostró una versatilidad que combinaba sofisticación, encanto, vulnerabilidad y un sentido del estilo que se convirtió en su insignia. Por ejemplo, su colaboración con el diseñador Hubert de Givenchy es ya legendaria.

Hacia finales de los años sesenta, se retiró gradualmente del cine comercial para centrarse más en su familia y reducir la presión del star-system. Su última fase como actriz fue más esporádica y poco a poco la dejó para dedicarse a otros propósitos. Otras actrices como Ángela Lansbury también plantaron cara al rígido sistema de Hollywood para volver a su Inglaterra natal y hacerse cargo de sus hijos.

En lo personal, la infancia de Hepburn no fue de color de rosas al estar marcada por una Europa devastada por la guerra que afectó a su manera de ver el mundo, el divorcio de sus padres o el abandono de su progenitor, quien pertenecía al bando de la Unión Británica de Fascistas. Este suceso fue calificado por la propia actriz como «el evento más traumático de mi vida».

En los Países Bajos ocupados por los nazis vivió con escasez e inseguridad. Esa experiencia la marcó profundamente. La rígida personalidad de su padre influyó profundamente en su vida adulta, etapa en la que padeció trastornos alimenticios, depresiones y otros problemas de salud mental. Cuando su padre se marchó, madre e hija volvieron a Holanda y, cuando surgió la ocasión, ambas emigraron a Estados Unidos, donde Hepburn logró abrirse camino profesionalmente en el mundo del cine.

Audrey se casó dos veces. Con Mel Ferrer y con el psiquiatra italiano Andrea Dotti. Tras sufrir dos abortos espontáneos, fuente de una enorme tristeza para la actriz, nacía su primer hijo, Sean, fruto de su matrimonio con Mel Ferrer que más tarde seguiría sus pasos dentro de la industria de la producción fílmica. Su segundo hijo, Luca, nació de su matrimonio con Dotti. Su vida familiar no estuvo exenta de sacrificios. El peso de la fama, las expectativas de la industria y los deseos de maternidad construyeron un escenario complejo.

En 1988 se convirtió en Embajadora de Buena Voluntad de UNICEF y dedicó sus últimos años a visitar zonas de desnutrición y pobreza en África, Asia y América Latina. Allí ya no era solo la estrella de cine, era una mujer decidida a cambiar la vida de los más desfavorecidos.

Al pensar en Audrey Hepburn, lo que resalta no es solo su belleza o su talento, que fueron enormes, sino la coherencia que logró entre su «yo público» y su «yo íntimo». Ser icono de la moda y del cine y al mismo tiempo entregarse al servicio de los demás.

Es impresionante que alguien que vivió la guerra no se atrincherara en el resentimiento, sino que convirtiera esa experiencia en motor para hacer algo positivo. A menudo se le recuerda por sus vestidos, su porte, su sonrisa, pero lo que más destaca de su persona es su capacidad de decir «no solo seré objeto de admiración, sino agente de cambio».

Y quizás por eso su legado sigue vigente. Porque no se quedó en el estereotipo de la diva de Hollywood. Transformó ese estereotipo. Supo elegir con sabiduría, comprometerse sinceramente, escuchar y actuar. Su vida profesional alcanzó alturas imposibles, pero lo más valioso fue que su vida personal acabó siendo de entrega. Y eso la convierte no solo en leyenda del cine sino en ejemplo de humanidad.

Audrey Hepburn fue actriz, icono, madre, filántropa... Pero más que cualquier etiqueta, fue alguien que optó por dar con gratitud lo que había recibido. Su talento.

Temas

comentarios
tracking

Compartir

Herramientas