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Scarface

Al Pacino, en su mítico papel de Tony Montana en Scarface

Cine

La obsesión de Al Pacino con Tony Montana en el rodaje de Scarface: «Acabó con los ojos inyectados en sangre»

La película de Brian de Palma es una de las más recordadas e icónicas del actor

Para muchos sigue siendo la mejor interpretación de Al Pacino y, para otros –o los mismos–, la mejor película de Brian de Palma. En 1983, la conjunción de sus dos talentos dio como resultado El precio del poder, una película que, pese a sus críticas iniciales, no tardó en convertirse en un clásico.

La idea inicial de llevarla al cine fue de Al Pacino que, después de ver la película Scarface de Howard Hawks de 1932, se interesó en el personaje protagonista, un violentísimo italoamericano desfigurado por una enorme cicatriz que atravesaba su rostro.

Después de convencer al productor Martin Bregman de que financiase el proyecto y convenir que era mejor llevarla al mundo del narcotráfico en el Miami actual y no ambientarla en la década de los 30, pensaron en Sidney Lumet para dirigirla, pero este quería darle una connotación muy política a la cinta.

Pacino y Bregman, sin embargo, querían centrarse en el proceso de autodestrucción del personaje por lo que acabaron ofreciéndole el proyecto a De Palma que en seguida propuso a Oliver Stone como guionista y se empeñó en que entrase en el castin una casi desconocida Michelle Pfeiffer. El resto, es historia.

El precio del poder cuenta la vida de Tony Montana, un expresidiario cubano que desembarca en Miami en 1980 durante el denominado Éxodo de Mariel por el cual llegaron a las costas de Florida 125.000 cubanos entre los que había más de 25.000 personas con antecedentes penales. Una operación con la que, según narra la película a modo de prólogo, Castro quiso deshacerse de «la escoria de sus cárceles». La película se centra en el ascenso al poder del cubano y del precio que paga para convertirse en uno de los hombres más ricos y peligrosos de su tiempo.

En la primera escena, a modo de declaración de intenciones, Tony Montana dice a unos funcionarios de inmigración que aprendió inglés viendo las películas de Humphrey Bogart y James Cagney, los dos grandes rostros del cine de gánsteres. Un cine que esta película no sólo homenajea, sino que sublima, llevándolo a otro nivel.

Michelle Pfeiffer y Al Pacino, en El precio del poder (Scarface)

Michelle Pfeiffer y Al Pacino, en El precio del poder (Scarface)

La implicación de Al Pacino en la preparación del papel fue total. Estuvo meses trabajando con un coach de acentos para desarrollar el deje cubano hablando inglés de Tony Montana y se esmeró en reflejar la degradación moral de un hombre sádico, codicioso, vicioso y egoísta. Un personaje que construyó, dirían los miembros del equipo, como si estuviera alimentado de rabia y cocaína, sin hablar con nadie y asilado del resto de sus compañeros de reparto.

La secuencia final del filme es un compendio de todos los vicios del personaje y su rodaje fue tan complicado y accidentado que se convirtió en legendario. De Palma quería que la violencia del tramo final alcanzara lo operístico por lo que se coreografió con el departamento de efectos especiales la utilización de miles de cartuchos de fogueo en el tiroteo de las escaleras que, durante sus explosiones, provocaron irritación ocular y problemas respiratorios de varios miembros del equipo técnico mientras que otros sufrieron heridas leves.

El propio Pacino, que estuvo semanas entrenando con armas reales bajo la supervisión de especialistas y que se negó a utilizar dobles en las escenas más peligrosas, sufrió una quemadura de segundo grado al disparar el cañón de un fusil M16 con lanzagranadas, el arma que empuña con cara da sádico en el famoso póster del filme, todo un icono de la cultura pop.

Scarface

Al Pacino terminó con quemaduras de segundo grado al disparar el cañón de un fusil M16

Durante el rodaje del citado tiroteo, contaron los presentes, Pacino «tenía los ojos inyectados en sangre y hablaba como Tony incluso fuera de cámara» convirtiéndose literalmente en el personaje y dejando a los presentes boquiabiertos. Para empezar, se empeñó en dormir apenas una o dos horas al día durante aquella semana para aumentar la sensación de paranoia y delirio mental de Montana.

En una de las explosiones, una de las cargas colocadas en el decorado estalló antes de tiempo y la onda expansiva, con fragmentos de yeso y madera, saltaron sobre Pacino. De Palma se apresuró a decir «¡¡Corten!!», pero el actor siguió actuando totalmente metido en la interpretación y le dio a la famosa frase «¡Say hello to my little friend!» un tono y un gesto que no estaban marcados así en el guion, rugiendo y disparando más de lo previsto.

El realismo que le dio al personaje dejó anonadado a todo el equipo que, primero se quedó en silencio y luego rompió en un aplauso atronador. Pacino, que no se inmutó mientras todo explotaba a su alrededor, tenía fragmentos del traje chamuscados y algunas quemaduras en los brazos y el cuello y rubricó con éste, uno de los momentos cumbre de su carrera.

De Palma hablaría en infinidad de ocasiones sobre la potencia de esa escena diciendo que fue un «milagro» que a Pacino no le hubiera ocurrido nada más serio porque, literalmente, «estaba poseído por Tony Montana».

Al Pacino

El actor dormía apenas dos horas al día durante el rodaje de la película

La película fue inicialmente calificada como X por lo que hubo que montarla en varias ocasiones para rebajar su nivel de violencia y que recibiera la calificación de R (mayores de 18). Además, no fue un gran éxito (había costado 25 millones de dólares y recaudó 65), pero acabaría ganando un enorme prestigio con el tiempo sobre todo gracias al mercado doméstico y de alquiler.

Pacino, que también ha hablado en muchas ocasiones sobre uno de los personajes más poderosos de su carrera, siempre se ha mostrado asombrado con la admiración que despierta. Y así resumiría esta fábula sangrienta sobre la ambición y la corrupción moral: «Tony no es un héroe, es una advertencia con el que la gente se identifica por su hambre de poder».

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