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Clint Eastwood, en una imagen de archivo

Clint Eastwood, en una imagen de archivoGTRES

Cine

​Clint Eastwood elige su película favorita de John Ford... y no es ninguno de sus westerns

Una historia agridulce, llena de tristeza y no poca tragedia, aunque también con destellos de esperanza

Aunque se encuentran entre los nombres más emblemáticos de la historia del género western, los caminos de Clint Eastwood y John Ford nunca se cruzaron. Fueron coetáneos, pero la intersección nunca se produjo. Eso no impide que al contemplar el horizonte desértico en busca de los héroes del wéstern sus figuras siempre estén rivalizándose el primer puesto.

Más allá de su destreza como artistas creativos innovadores y visionarios del Viejo Oeste, John Ford y Clint Eastwood tienen muchos puntos en común. Como directores, ambos son increíblemente prolíficos y trabajan –o trabajó en el caso de John Ford– sin descanso, incluso a una edad en la que la mayoría de la gente se jubila. Su enfoque conciso y sensato del arte cinematográfico dio origen a innumerables clásicos, muchos de los cuales fueron las películas más influyentes de sus respectivas generaciones.

John Ford, una figura pública notoriamente reservada y de temperamento irascible, ha influido a generaciones futuras como Martin Scorsese y Steven Spielberg. En contraste con su personalidad brusca, las películas de Ford eran pictóricas y emocionalmente vulnerables. Aunque fue un orgulloso veterano de la Marina con firmes posturas conservadoras en su madurez, películas como Centauros del desierto y El hombre que mató a Liberty Valance eran muy escépticas respecto a los valores estadounidenses de heroísmo y sueño americano.

A pesar de que puede que esté encasillado en el cine de vaqueros, su filmografía siempre ha ido más allá. Y es precisamente una de estas películas alejadas del western la que elige Clint Eastwood como su favorita del director: ¡Qué verde era mi valle!

Basada en la novela de Richard Llewellyn, la película de 1941 narra la historia de los Morgan, una familia pobre que vive en un pueblo minero galés a principios del siglo XX. Recordada a través de la memoria del hijo menor adulto, Huw (Roddy McDowell), la historia estudia el patetismo de una familia de clase trabajadora obligada a trabajar en condiciones peligrosas en una mina de carbón y los valores familiares impuestos por el patriarca Gwilym (Donald Crisp) y la matriarca Beth (Sara Allgood).

Fotograma de 'Qué verde era mi valle'

Fotograma de Qué verde era mi valle

«Siempre soñó con tener una vida familiar más idílica», dijo Eastwood sobre Ford y su herencia irlandesa. Un tema que ejemplifica dolorosamente en la cinta, que logró quitarle el Oscar a mejor película a Ciudadano Kane, además de llevarse el de mejor dirección y mejor actor de reparto. De hecho, Ford posee hasta ahora el récord de estatuillas a mejor director por haberla ganado en cuatro de las seis ocasiones que ha tenido: El delator, Las uvas de la ira y El hombre tranquilo.

Además de esta, Eastwood elige otras como Incidente en Ox-Bow, de William A. Wellman, y El tesoro de Sierra Madre, de John Huston, entre sus favoritas. «Todas ellas encajarían ahí». Sin embargo, en una entrevista reciente con su hijo –el también actor Scott Eastwood– confesó que, en realidad, la mejor película de la historia del cine es una en la que los cowboys, las diligencias o los duelos al amanecer no tienen cabida: El crepúsculo de los dioses.

La película por antonomasia de Billy Wilder, junto con El apartamento, Con faldas a lo loco o Sabrina, narra la historia de Norma Desmond (Gloria Swanson), una antigua estrella de cine mudo que, en pleno ocaso de su carrera, contrata los servicios del escritor de segunda categoría Joe Gillis (William Holden) para corregir el guion con el que pretende volver al star system por la puerta grande.

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